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Guía de la novena de aguinaldos 2025: todo lo que debe saber para este 19 de diciembre

Así se vive la novena de aguinaldos en Colombia: nueve días de oración y encuentro que preparan la llegada del Niño Jesús.

Guía de la novena de aguinaldos 2025: todo lo que debe saber para este 19 de diciembre
La novena de aguinaldos inició el 16 de diciembre y finaliza el 24. - Crédito: Minuto60

La novena de aguinaldos es una de las tradiciones más arraigadas de las celebraciones navideñas y de fin de año en Colombia. A lo largo de los nueve días previos a la Nochebuena, las personas se reúnen para orar y compartir, en un ambiente de reflexión que anuncia el nacimiento del Niño Jesús.

¿Cómo rezar la novena de aguinaldos?

Para numerosos fieles, estos días representan un espacio para elevar peticiones personales y dar gracias por las experiencias vividas durante el año. La novena de aguinaldos comienza el 16 de diciembre y culmina el 24, día en que se conmemora el nacimiento del Niño Dios.

A esta tradición se suman los villancicos, mientras que las oraciones suelen hacerse frente al pesebre y al árbol de Navidad, dos elementos emblemáticos de la decoración navideña en los hogares colombianos.

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imagen dadaLa novena reune a la familia en oración. Freepik

Guía para rezar la novena de aguinaldos 2025, día cuatro (19 de diciembre)

Para este 19 de diciembre, se debe seguir este paso a paso para rezar la novena de aguinaldos:

  1. Villancicos

La novena debe estar acompañada de varios villancicos que son interpretados por todos los asistentes.

  1. Ambientación

La Conferencia Episcopal de Colombia sugiere disponer previamente de un lugar donde se va a realizar la novena y favorecer un clima comunitario y de confianza, preparar con anticipación un signo que ayude a la reflexión de cada día y brindar a los participantes una bienvenida afectuosa y cordial en la que perciban la cercanía y el ambiente de familia en el que se desarrollará la novena.

  1. Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que nos has amado tanto y que nos diste en tu hijo la mejor prenda de tu amor, para que hecho hombre en las entrañas de una virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio. Yo, en nombre de todos los mortales, te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él, te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado, y te suplico por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido y con tal desprecio de todo lo terreno, que Jesús recién nacido, tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

Finalizada la oración, debe rezar Gloria al Padre (x3): gloria al Padre, al Hijo y al espíritu santo.

Asistentes responden: como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

  1. Lectura de la palabra de Dios (opcional)

En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.

Pero, el ángel le dijo: "No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos hijos de Israel al señor, su Dios. Irá delante del señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al señor un pueblo bien dispuesto".

Zacarías replicó al ángel: "¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada". Respondiendo el ángel, le dijo: "Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia. Pero te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento oportuno".

El pueblo, que estaba aguardando a Zacarías, se sorprendía de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo. “Al cumplirse los días de su servicio en el templo, volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir de casa cinco meses, diciendo: "Esto es lo que ha hecho por mí el Señor, cuando se ha fijado en mí para quitar mi oprobio ante la gente” (Lc 1,5-­25). Palabra del Señor.

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  1. Meditación

La Misericordia es la mirada amorosa de Dios que entra en la historia de una familia, de una persona, de una sociedad, para darle sentido y valor. Todo esto lo encontramos realizado y vivido en esta hermosa familia de los ancianos Zacarías, Isabel y del pequeño Juan, llamado más tarde Juan el Bautista.

Esta familia aun dadas las dificultades: ancianidad, sin hijos, sabe confiar y esperar en Dios, “los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del señor”. La misericordia comienza por vivir según el amor y los mandatos del señor, a ser justos delante de él y a no obrar según el mundo.

Es una familia, santuario de oración, que sabe confiar, y esperar; que descubre en la vida la respuesta de su oración, y acoge silenciosamente la mirada amorosa de Dios que irrumpe en el bebé por nacer, sabe ver en el niño un motivo de alegría y gozo. Esta familia vive en el amor de Dios y sabe reconocerlo, lo que ayuda que los vecinos lo reconozcan también.

Miremos en las familias que forman nuestro vecindario qué testimonio recibimos de la misericordia de Dios que nosotros vemos reflejado en el cariño que se tienen, en la preocupación de unos por otros, en la ayuda que ofrecen a los más necesitados.

  1. Gozos

(Cantar) Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil alcance te rebajas sacro!

¡Oh Niño divino, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!

(Cantar) Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh, Adonaí potente que a Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos!,

Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que un niño débil muestre fuerte brazo.

(Cantar) Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh raíz sagrada de Jesé que en lo alto presentas al orbe tu fragante nardo!

¡Dulcísimo Niño que has sido llamado lirio de los valles, bella flor del campo!

(Cantar) Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Llave de David que abre al desterrado las cerradas puertas del regio palacio!

¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste que labró el pecado!

(Cantar) Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

Oh lumbre de oriente, Sol de eternos rayos, que, entre las tinieblas, ¡tu esplendor veamos! Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

(Cantar) Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano.

Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma de niño da al mísero, amparo.

(Cantar) Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, pastor del rebaño.

¡Niño que apacientas, con suave cayado, ya la oveja arisca, ya el cordero manso!

(Cantar) Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto, bienhechor rocío como riego santo!

Ven, hermoso Niño, ven, ¡Dios humanado! Luce, hermosa estrella, brota, flor del campo.

(Cantar) Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

Ven, que ya María, previene sus brazos, do su Niño vean en tiempo cercano.

Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario.

(Cantar) Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! Vida de mi vida, ¡mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano!

(Cantar) Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Véanse mis ojos, de ti enamorados!

¡Bese ya tus plantas! Bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos, y aún más que mis frases, te dice mi llanto.

(Cantar) Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos; ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

(Cantar) Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,

¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

  1. Oración a la Virgen María

Soberana María que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te escogiera para madre suya. Te suplico que tu misma prepares y dispongas de mi alma y de la de todos los que en este tiempo hagan esta novena, para el nacimiento de tu adorable Hijo.

¡Oh dulcísima madre! comunícame algo del profundo recogimiento y divina ternura con que le agradaste tu para que nos hagas menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.

(Se reza tres veces el Ave María)

  1. Oración a San José

¡Oh Santísimo José! Esposo de María y padre putativo de Jesús. Infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza.

Te ruego por el amor que le tuviste al divino niño, me abraces en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén.

(Se reza el Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria al Padre)

  1. Oración al Niño Dios

Acuérdate ¡Oh dulcísimo Niño Jesús! que dijiste a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: "Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia, y nada te será negado".

Llenos de confianza en ti. ¡Oh Jesús, que eres la misma verdad! venimos a exponerte toda nuestra miseria. Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concédenos, por los méritos infinitos de tu Encarnación y de tu infancia, la gracia, de la cual necesitamos tanto. Nos entregamos a ti ¡Oh Niño omnipotente! seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que, en virtud de tu divina promesa, acogerás y despacharás favorablemente nuestra súplica. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo (3 veces)

  1. Compromiso

Los asistentes ya con la meditación se comprometen de forma individual a hacer algún cambio y dejan que el espíritu navideño actúe en ellos.

  1. Villancicos

Para cerrar la novena, se puede acompañar nuevamente de otros villancicos que son interpretados por todos los asistentes.

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