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La historia oculta del caso Meluk en El Tiempo: testimonios exclusivos y el silencio incómodo

Minuto60 reconstruye los hechos que habrían marcado la salida del editor deportivo. Periodistas narraron sus experiencias en esa redacción.

Gabriel Meluk dijo que su renuncia fue por reestructuración empresarial. - Crédito: IG: gabrielmeluk
Minuto60Periodista
29 MAY 2026 - 22:21Actualizado: 29 MAY 2026 - 22:32

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La noticia de la salida de Gabriel Meluk, el histórico editor de deportes de El Tiempo, la dio en sus propias redes sociales el reconocido periodista. Y, aunque oficialmente se intentó manejar como un movimiento administrativo, la realidad interna era otra. Así lo terminó de confirmar su colega Jineth Bedoya, quien lo denunció ante la Fiscalía, y testimonios que Minuto60 recogió del caso.

Según versiones obtenidas en el corazón del periódico, el detonante no fue una decisión corporativa espontánea, sino una onda expansiva que venía de otros medios respecto a denuncias de supuesto acoso laboral y sexual.

"La cosa empieza con lo de Caracol. Entonces, todo el mundo empieza a hablar y empieza a ver un boom", cuenta una persona que trabaja allí. Este ambiente de escrutinio público sobre el acoso en los medios se intensificó cuando la periodista que trabajó en ese periódico, Marisol Gómez, publicó en la revista Cambio una columna titulada: “‘No es hora de callar’ en ninguna redacción… tampoco en ‘El Tiempo’”.

La publicación, que señalaba comportamientos inapropiados sin dar nombres específicos, generó una tensión inmediata. "Eso causó mucha incomodidad pues la columna usa el nombre de la campaña ‘No es hora de callar’". Este hecho habría acelerado los procesos internos que llevaban años acumulándose en las sombras de deportes y otras secciones.

El taller de mujeres y el ultimátum

Ante el ruido mediático, la empresa intentó una respuesta pedagógica. Se organizó un curso de acoso sexual para los hombres y, una semana después, se dictó un taller exclusivo para mujeres. Fue en ese espacio de confianza donde la situación de Meluk habría llegado a un punto de no retorno. "Lo que contaron las mujeres que fueron es que Jineth dijo que ella renunció, pero pues no la habían dejado ir, y pidió la cabeza de Meluk".

La influencia de Bedoya y la gravedad de los relatos que surgieron en aquel taller habrían sido determinantes. A pesar de la tormenta que se avecinaba, Meluk intentó mantener la normalidad hasta el final. "El miércoles vino a reunión de editores y ya fue después de eso que lo sacan", explica la fuente.

Inicialmente, las directivas buscaron una salida diplomática. "Hasta antes del comunicado de Jineth, lo que se dijo es que era por reestructuración, lo cual pues termina siendo falso porque todos sabíamos por qué", afirmó la fuente consultada por este medio.

Además, para muchos en la redacción, su ausencia física ya era una constante, pues desde el COVID-19 su presencia se había desvanecido. "Meluk no venía con esas hace años porque esto se partió en dos con la pandemia y lo mandaron a teletrabajo hace como tres años".

El incidente de las gafas

La salida de Meluk desenterró relatos que por años ocultaron las periodistas que trabajaron allí. Una de las víctimas recuerda cómo, durante una fiesta empresarial celebrada dentro de las instalaciones, lo que debía ser un espacio de integración se convirtió en un escenario de asedio.

"Una charla con él se tornó personal y en una actitud de cortejo me tomó mis gafas para limpiarlas y me las volvió a poner", narró. La incomodidad de la joven la llevó a refugiarse en el baño, donde se enteró, por medio de un colega, de lo que ocurría en su ausencia.

"Meluk se quedó hablando de mí con algunos de sus compañeros subalternos. Ellos lo felicitaban y le decían cosas como que yo ya estaba comiendo de su mano, que ya había coronado", continuó.

El testimonio detalla que, mientras ella se alejaba, el grupo de periodistas la observaba de manera obscena: "Cuando me dirigía al baño se habían quedado mirándome como un 'pedazo de carne' y comentando cómo se me veía el vestido que yo tenía puesto ese día".

Según contó, al confrontarlo, Meluk negó cualquier mala intención. "Hizo gestos de no entender y me fui muy incómoda a mi casa mucho más temprano de la hora en que el evento se acabó", dijo.

La rutina del acoso: Besos forzados y el whisky de los viernes

Para otras chicas, el hostigamiento no se limitaba a eventos especiales, sino que habría formado parte del saludo diario. "Ocurría todas las mañanas con su beso de saludo. Llegué al punto de esconderme en el baño a la hora de su llegada para evitar encontrármelo", contó una víctima más.

Esta situación obligó, incluso, a que las mujeres crearan mecanismos de autodefensa informales. "En eventos como las fiestas de fin de año, algunas mujeres de la redacción en ese entonces teníamos una red de cuidado colectivo; nos advertíamos y nos vigilábamos mutuamente para evitar que él o cualquiera se propasara".

Un factor recurrente en los testimonios era el comportamiento de Meluk al finalizar la semana. "Todos los viernes el man tomaba, en su gaveta tenía whisky y cada vez que tomaba era cuando se ponía más acosador y que tocaba más", relató otro extrabajador que prefirió guardar el anonimato.

Según contó, bajo los efectos del alcohol, el periodista supuestamente invadía el espacio personal de las trabajadoras. "Iba y le hablaba a las mujeres muy cerquita, las abrazaba, las practicantes de Bogotá eran las que más sufrían". Una de ellas, que luego se convirtió en escritora, describió su paso por la sección como un "martirio de tener que verlo tomar y que la abrazara, la cogiera de la cintura, los besos sin permiso".

"Brujería" y contacto físico: El testimonio de 2019

En 2019, una nueva profesional ingresó a la redacción y habría experimentado una escalada en las conductas de Meluk. Según contó, inicialmente el acoso fue de carácter laboral y verbal. "Me decía que qué hacía una niña como yo corriendo por toda la redacción, que lo que yo hacía era brujería". Sin embargo, al regresar tiempo después en otro cargo, el trato se tornó físico.

"Muchas veces tuve que aguantarme comentarios sobre mi cuerpo, sobre cómo estaba vestida y saludos en los que ponía sus labios en mi cachete y apretaba mi cintura". A pesar de que los incidentes ocurrían a la vista del equipo editorial, la respuesta era el silencio absoluto.

"Era demasiado incómodo y yo sentía que mucha gente se daba cuenta, pero como que nadie decía nada. Intentaba ignorar ese tipo de cosas, aunque me lastimaban y me molestaban profundamente".

El fin de la impunidad: La denuncia penal

La culminación de este proceso se dio con el comunicado oficial de Jineth Bedoya un día después de que Meluk anunciara su salida. Bedoya, amparada en la Ley 1257 de 2008, decidió llevar el caso ante las autoridades competentes tras conocer la "serie de hechos de acoso sexual y laboral, ocurridos en mi entorno de trabajo contra amigas, colegas y compañeras".

La editora de género fue contundente en sus acciones legales: "Presenté hoy denuncia formal ante la Fiscalía General de la Nación contra el periodista Gabriel Meluk".

Aunque Bedoya aclaró que no fue víctima directa tras 24 años de trabajar a su lado, asumió la representación de quienes no habían podido alzar la voz. Su comunicado cerró con una frase que resonó en todo el gremio periodístico:

"Quienes deben sentir vergüenza son los victimarios, no quienes hemos cargado con el dolor de la agresión". Con este acto, lo que durante años fue una "verdad a voces" en los pasillos de El Tiempo se convirtió en un proceso judicial formal. Minuto60 trató con ponerse en contacto con Meluk para obtener su versión, pero no ha contestado.

Finalmente, una de las fuentes al interior de la redacción, dijo que aunque se tomó la decisión de la salida del editor de deportes, persiste un sinsabor. "Realmente son más casos, más intocables y las directivas se hacen los de la vista gorda. Hay un editor que ha sido mencionado en dos columnas y todos sabemos quién es, pero nadie dice nada", concluyó.

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