Perfil | ¿Quién es Aida Quilcué la fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda?
Lideresa indígena y defensora de derechos humanos, conozca más sobre la senadora de la República.

En la política colombiana pocas figuras representan con tanta claridad la historia reciente de los movimientos sociales como Aida Quilcué. Lideresa indígena, defensora de derechos humanos, sobreviviente de la violencia del conflicto armado y hoy senadora de la República, su nombre volvió a ocupar el centro del debate nacional luego de que el también senador Iván Cepeda la anunciara como su fórmula vicepresidencial para las elecciones de 2026.
La decisión no solo tiene peso político dentro del Pacto Histórico, sino también una enorme carga simbólica: por primera vez una lideresa indígena con una historia marcada por persecuciones, amenazas y hasta un secuestro reciente podría llegar a una de las posiciones más altas del poder en Colombia.
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Sus inicios
Quilcué nació en el departamento del Cauca, una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado y también uno de los territorios donde el movimiento indígena ha construido algunas de las organizaciones sociales más fuertes del país. Pertenece al pueblo Nasa y desde muy joven se involucró en procesos comunitarios ligados a la salud y la organización territorial.
Aquellos primeros pasos la llevaron a integrarse al Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), una organización histórica que desde la década de 1970 se convirtió en uno de los pilares de la defensa del territorio indígena en Colombia.
Con los años, Quilcué pasó de ser una lideresa comunitaria a una de las voces más visibles del movimiento indígena colombiano. Su liderazgo nacional se consolidó durante las movilizaciones de la Minga indígena del 2008, cuando miles de indígenas marcharon desde el suroccidente del país hacia Bogotá para exigir reformas sociales, respeto por la autonomía de los pueblos originarios y el cumplimiento de acuerdos históricos con el Estado. Aquella movilización no solo puso a Quilcué en el centro del debate político, sino que también la convirtió en una figura incómoda para sectores del poder.
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La violencia no tardó en tocar su puerta. En diciembre del 2008 su esposo, Edwin Legarda, murió tras recibir disparos de militares en una carretera del Cauca mientras se movilizaba en un vehículo familiar. El hecho conmocionó al país y transformó la vida de Quilcué, que desde entonces ha denunciado reiteradamente amenazas contra su vida y la de su familia. Lejos de abandonar la lucha, el episodio reforzó su papel como defensora de derechos humanos y líder de comunidades indígenas.
Derechos humanos
A lo largo de los años siguientes su nombre apareció constantemente en informes de organizaciones de derechos humanos que advertían sobre los riesgos que enfrentaban los líderes sociales en regiones como el Cauca. Quilcué se convirtió en una de las principales voceras de las comunidades indígenas frente a temas como la presencia de grupos armados en territorios ancestrales, la defensa del medioambiente y la implementación del acuerdo de paz firmado tras décadas de conflicto en Colombia.
Su trayectoria le valió un reconocimiento nacional cuando recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos en la categoría “Defensa de toda una vida”, un galardón que destacó su persistencia en la defensa de los pueblos indígenas y su trabajo en favor de la paz.
En 2022 dio el salto definitivo a la política institucional al ser elegida senadora por la circunscripción indígena con el aval del Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS). Desde el Senado ha impulsado iniciativas relacionadas con la protección de los territorios indígenas, la justicia ambiental y los derechos colectivos de las comunidades originarias.
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Violencia
Pero incluso dentro del escenario político, la violencia volvió a cruzarse en su camino. Hace poco tiempo Quilcué vivió uno de los episodios más delicados de su vida pública cuando fue secuestrada por un grupo armado en el Cauca, un hecho que volvió a encender las alarmas sobre la situación de seguridad de los líderes sociales en el país. La senadora logró recuperar la libertad, pero el episodio evidenció nuevamente los riesgos que enfrentan quienes ejercen liderazgo social en territorios disputados por actores armados.
Esa historia —marcada por la lucha social, la tragedia personal y la persistencia política— es la que ahora acompaña su llegada a la fórmula presidencial de Cepeda. Con su designación, el candidato busca ampliar su base política hacia los movimientos sociales, las organizaciones indígenas y los sectores rurales que durante décadas han reclamado mayor representación en las instituciones del Estado.
Si la fórmula Cepeda-Quilcué logra consolidarse electoralmente, la lideresa indígena podría convertirse en la primera mujer indígena en ocupar la Vicepresidencia de Colombia, un hecho que representaría un cambio profundo en la representación política del país.
Pero más allá de las elecciones, su historia se convirtió en un símbolo de resistencia. La trayectoria de Aida Quilcué resume, en buena medida, la historia reciente de Colombia: la de los territorios que han sufrido la guerra, la de los movimientos sociales que han insistido en la paz y la de las comunidades indígenas que durante décadas han reclamado un lugar en las decisiones del poder.
