Venezuela sin Maduro y con petróleo en la mira: el crudo que reordena el poder global
Con las mayores reservas probadas de crudo del mundo y una producción en mínimos históricos, Venezuela es clave en la estrategia energética de Trump.

Tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, el presidente Donald Trump puso sobre la mesa una idea que podría redefinir el futuro energético de Venezuela y reconfigurar el mapa petrolero regional: reabrir el país a las compañías petroleras estadounidenses para explotar sus gigantescas reservas de crudo.
La propuesta, presentada como una vía para “recuperar” recursos y asegurar el suministro energético de Estados Unidos, marca un giro de alto impacto en una relación bilateral congelada durante años por sanciones, tensiones políticas y acusaciones cruzadas.

En la actualidad, la producción de petróleo en Venezuela no llega al millón de barriles diarios. Canva
Para Eduardo Velosa, director de la maestría de Estudios Internacionales de la Universidad Javeriana, lo que importa ahora mismo son los términos de las negociaciones entre Estados Unidos y China.
“Acá la pregunta fundamental es la negociación que en este momento deben estar llevando a cabo Washington y Beijing, en términos de esas condiciones para acceder al petróleo venezolano; toda vez que las condiciones con las que recibía el petróleo China, muy seguramente van a empezar a cambiar y adicionalmente pues Beijing tendrá que asegurar ese suministro y proteger sus interés”.
Venezuela posee las mayores reservas de petróleo probadas del planeta. Según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP y de la Agencia Internacional de Energía, el país cuenta con más de 303.000 millones de barriles, superando a potencias tradicionales como Arabia Saudita e Irán. Sin embargo, ese potencial contrasta con una realidad productiva deteriorada.
El desplome en la producción
Antes del recrudecimiento de las tensiones con Washington en diciembre, la producción rondaba apenas el millón de barriles diarios, muy lejos de los 3,5 millones que bombeaba el país cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999.
Analistas coinciden en que el desplome responde a una combinación de factores estructurales: años de falta de inversión, infraestructura obsoleta, mala gestión y corrupción. A esto se sumaron las sanciones impuestas durante el primer mandato de Trump, que llevaron la producción a un mínimo histórico de 350.000 barriles diarios en 2020, asfixiando aún más a la estatal PDVSA.
Frente al embargo, Caracas desarrolló mecanismos para mantener a flote su sector petrolero. China se convirtió en el principal comprador, absorbiendo cerca del 80% del crudo venezolano, en muchos casos a través de terceros países como Malasia. Parte de la producción también se destina a Cuba, bajo acuerdos bilaterales. Para evadir controles, el país recurrió a petroleros que alteran rutas y banderas, así como a transacciones financieras en criptomonedas estables vinculadas al dólar, como el USDT, para sortear las restricciones del sistema financiero internacional.
Pese a las sanciones, Estados Unidos nunca desapareció por completo del mapa petrolero venezolano. Chevron mantiene operaciones en el país gracias a una licencia especial otorgada por Washington, que le permite asociarse con PDVSA y exportar crudo, principalmente al mercado estadounidense.
No obstante, la compañía tiene prohibido pagar impuestos o regalías en efectivo al gobierno venezolano, compensándolos con parte de la producción. Otras petroleras estadounidenses como ExxonMobil y ConocoPhillips abandonaron el país en 2007, cuando el chavismo exigió el control estatal mayoritario de los proyectos.

La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, llevará a cabo la transición en Venezuela. AFP
Trump ha justificado su interés en Venezuela en términos de seguridad y energía. “Necesitamos países seguros a nuestro alrededor y necesitamos energía”, afirmó recientemente, asegurando que hay “mucho dinero” bajo el suelo venezolano y que Estados Unidos podría ser “reembolsado” por lo invertido históricamente en el país.
Desde su perspectiva, el petróleo venezolano exportado bajo embargo sería un recurso “robado” a la comunidad internacional, extraído con tecnología y capital estadounidenses antes de las nacionalizaciones.
La apuesta también tiene un claro trasfondo geopolítico. Washington busca frenar la influencia china en América Latina, una estrategia que se suma a otras iniciativas regionales, como el reforzamiento de su presencia en rutas estratégicas de comercio y energía. Venezuela, por donde transita una parte relevante del crudo destinado a Asia, encaja en ese objetivo.
Un control total del manejo petrolero es lo que busca Trump en Venezuela, así lo asegura la internacionalista de la Universidad de la Sabana, Luisa Lozano.
“Cuando le preguntaron a Trump sobre que iba a pasar con los otros países que tenían intereses en el petróleo de la región, como China, Rusia e Irán, él fue muy contundente en decir que ellos iban a administrar el petróleo y que entonces de ahora en adelante, iban a negociar con esos países y le iban a vender el petróleo a esos países”.
Sin embargo, el plan enfrenta serios obstáculos. Reactivar la producción a gran escala requeriría inversiones multimillonarias para reconstruir instalaciones deterioradas durante décadas. Además, el contexto del mercado no es el más favorable: los precios del petróleo han estado presionados por un exceso de oferta y, pese a los conflictos en Ucrania o Medio Oriente, no han registrado alzas sostenidas en 2025.
Expertos advierten que las grandes petroleras priorizan la rentabilidad y la estabilidad para sus accionistas, más que los objetivos políticos de un gobierno. En ese sentido, un regreso masivo a Venezuela no parece inminente. En cuanto al impacto en los precios, los analistas prevén efectos limitados: el mercado está bien abastecido y cualquier inestabilidad venezolana tendría, en el mejor de los casos, un efecto marginal, muy inferior al que podría generar una escalada mayor en países como Irán.
Así, el petróleo venezolano vuelve a ocupar un lugar central en la agenda internacional, atrapado entre promesas de reapertura, realidades económicas adversas y una disputa geopolítica que trasciende las fronteras del país sudamericano.

El presidente Nicolás Maduro reunido con la comisión de la China horas antes de su captura. Redes sociales
Maduro se reunió con enviados de Xi Jinping minutos antes de ser capturado por EE. UU. en Caracas
Pocos minutos antes de ser capturado en Caracas por fuerzas especiales de Estados Unidos, Nicolás Maduro sostuvo una reunión con una delegación oficial de China, según dejó constancia él mismo en redes sociales. En un mensaje publicado en su cuenta de Instagram, el entonces mandatario venezolano informó que mantuvo “un grato encuentro” con Qui Xiaoqi, enviado especial del presidente chino Xi Jinping, con quien —aseguró— reafirmó el compromiso de fortalecer la relación estratégica entre ambos países en diversas áreas, enmarcada en la construcción de “un mundo multipolar de desarrollo y paz”.
El otro tesoro bajo tierra: minerales estratégicos
Más allá de su petróleo, el suelo venezolano esconde una de las mayores riquezas minerales de América Latina, un factor que refuerza su importancia geopolítica en el escenario actual. Venezuela es un productor relevante de hierro y bauxita, materias primas esenciales para las industrias del acero y del aluminio, que históricamente se han visto favorecidas por la disponibilidad de energía hidroeléctrica a bajo costo, especialmente en el sur del país. A ello se suma un vasto potencial en minerales estratégicos como oro, uranio, níquel, cobre, titanio y diamantes, concentrados en regiones como el Arco Minero del Orinoco, una de las zonas más ricas —y controvertidas— del continente.
Aunque hoy estos recursos tienen un peso limitado en el comercio internacional debido a la falta de inversión, las sanciones y el deterioro institucional, su valor estratégico crece en un contexto de transición energética, reconfiguración de cadenas de suministro y competencia entre grandes potencias por asegurar materias primas clave para la industria, la defensa y las nuevas tecnologías.
