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Primero Gaza, luego la gobernanza mundial: ¿qué hay detrás del Consejo de Paz de Trump?

El anuncio de esta nueva organización internacional indica una crisis más profunda en el orden mundial. Esto es lo que dicen los expertos.

Primero Gaza, luego la gobernanza mundial: ¿qué hay detrás del Consejo de Paz de Trump?
Donald Trump. - Crédito: Fotomontaje Minuto60 /AFP / Canva.

El 16 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció los integrantes que conformarán el Consejo de Paz que supervisará la reconstrucción de Gaza. Entre los nombres figuran el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio; el yerno de Trump, Jared Kushner; y el ex primer ministro británico Tony Blair.

Días después, se conoció que Trump también invitó a varios países a hacer parte de este Consejo, de hecho, 60 Estados recibieron la notificación. Algunos países como Francia y Noruega ya han rechazado la iniciativa, pero otros como Argentina, Emiratos Árabes Unidos y Albania aceptaron la invitación.

Una institución que desafía a la ONU

La iniciativa no se detiene en Gaza. Este sería un Consejo de Paz que iniciaría con la supervisión de la Franja y luego se expandiría a la resolución de conflictos globales.

"El Consejo de Paz es una organización internacional que busca promover la estabilidad, restablecer una gobernanza fiable y legítima, y garantizar una paz duradera en las regiones afectadas o amenazadas por conflictos", afirma el preámbulo de sus "estatutos".

El texto critica "los muchos enfoques de paz" que "institucionalizan crisis en lugar de permitir que la gente salga adelante", en una alusión clara a las Naciones Unidas.

Igualmente, considera necesario contar con "una organización de paz internacional más ágil y eficaz".

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Sede de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza. Canva.

La paz a través de la fuerza

Para el internacionalista y docente de la Universidad Javeriana Camilo González, esta iniciativa representa, por un lado, la “institucionalización de la paz a través de la fuerza". Es decir, de “la idea de que Estados Unidos impone la paz en una región estratégica como Medio Oriente mediante sus capacidades militares, diplomáticas y económicas”.

Representa la institucionalización del enfoque de resolución de conflictos de la administración Trump: la paz a través de la fuerza.

Camilo González, analista internacional.

Por otro lado, a través del Consejo se genera un “movimiento para posicionar a Estados Unidos como un referente que otros países deben seguir”, dice González. Para el académico, “lo que hace Trump no es solo invitar a los países, sino también demostrarles que deben alinearse con Estados Unidos”.

El enfoque parte de que la paz solo se consigue cuando existe una posición dominante, al menos por parte de los mediadores.

Camilo González, analista internacional.

¿Qué busca Trump con el Consejo?

Christian Chacón, analista internacional y profesor de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, considera que Trump “busca replantear el conjunto de estrategias y de socios de Estados Unidos a nivel global”.

En la actualidad existen escenarios que cumplen funciones similares a las que pretende el Consejo de Paz. “En ese contexto, podría pensarse que no sería necesario crear un nuevo mecanismo”, dice Chacón.

“Sin embargo, lo que hace Trump es volver a poner sobre la mesa la idea de que el mundo se rige por el equilibrio de poder y por el liderazgo de grandes potencias, a las cuales él mismo legitima”, explica el analista.

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Para Chacón el primer objetivo de Trump sería “redefinir el listado de socios globales de Estados Unidos”. En segundo lugar, “se plantea una mayor distancia con Europa”, derivada de las amenazas en torno a Groenlandia y las tensiones que estas han provocado. Además, gran parte de los países europeos “respaldan y legitiman el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, con Naciones Unidas como uno de sus principales pilares”.

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Banderas de las Naciones Unidas. Canva.

Un punto de inflexión en el orden mundial

Para Chacón, la propuesta de Trump evidenciaría “una debilidad del sistema internacional tal como lo conocemos”. Una debilidad que no solo es reconocida por los grandes Estados, “sino que también es señalada por otros sectores de la sociedad, como movimientos sociales y organizaciones ambientalistas”.

“Lo que se observa es una fragilidad del sistema: un sistema que necesita ser reformado y que cuenta con los mecanismos y las herramientas para hacerlo, pero cuya transformación requiere acuerdos entre potencias intermedias y una voz más activa de distintas regiones del mundo, como África y América Latina”, afirma Chacón.

La implicación de estas regiones impulsarían cambios que “harían al sistema más democrático, más deliberativo y menos condicionado por la voluntad de las grandes potencias, lo que permitiría una transformación de las instituciones y una mayor credibilidad”, dice el experto.

Dinámicas similares al periodo de entreguerras

La propuesta también es síntoma de que “el sistema internacional comenzaría a inclinarse hacia una estrategia basada en el uso de la fuerza por parte de las potencias”.

El mundo parece encaminarse hacia dinámicas similares a las del período de entreguerras, entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

Christian Chacón, analista internacional.

“En ese contexto se produjo una crisis del sistema internacional y el ascenso de líderes autoritarios, con rasgos fascistas y populistas, que impulsaron nuevamente una política de poder. Todo ello apunta a la probabilidad y al riesgo de que estallen conflictos de mayor envergadura que los conocidos hasta hoy”, concluye el analista.

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Paz en Gaza con “tinte de interés nacional”

González considera que el modelo que se propone con el Consejo de Paz tiene dos consecuencias principales. En primer lugar, es “una paz con un fuerte tinte de interés nacional. Para EE. UU. es más relevante el beneficio que representa la paz en Medio Oriente que la paz en sí misma”.

Entonces, se anteponen los intereses estadounidenses en la región “con el fin de obtener beneficios en términos de seguridad nacional”.

Para González, los beneficios pueden ser económicos, como un proyecto inmobiliario en Gaza, de seguridad, como la eliminación del fundamentalismo islámico, e incluso “de un éxito diplomático de tal magnitud que se llegue a hablar de un posible Premio Nobel de la Paz para Trump”.

En segundo lugar, González considera que una paz impuesta desde el extranjero puede tener efectos negativos:

“Podría provocar el resurgimiento de insurgencias radicales, como ha ocurrido en Afganistán o Irak. Además, el hecho de que la fuerza de paz en construcción no sea de Naciones Unidas, sino conformada por socios y por el propio Estados Unidos, refuerza la percepción de una paz impuesta desde afuera y no construida localmente, desde los territorios palestinos”, explica el docente.

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