¿El fin de la diplomacia? El primer año de Trump y la inquietante transformación del orden global
Tras 365 días del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el mundo enfrenta una ruptura definitiva con el multilateralismo.

Este martes 20 de enero de 2026 no fue un día cualquiera en el calendario geopolítico. Mientras en Washington el presidente Donald Trump irrumpía sorpresivamente ante los medios para defender su primer año de gestión, en las gélidas montañas de Davos, Suiza, la élite global procesaba lo que parece ser el certificado de defunción del orden internacional tal como lo conocíamos.
Lo que emergió de este contraste no es solo un balance de gobierno, sino el retrato de una gran fractura donde las reglas compartidas parecen desaparecer ante una cruda lógica de intereses bilaterales y demostraciones de fuerza.
Davos y el réquiem por el orden establecido
En el Foro Económico Mundial, que se celebra por estos días en Davos, las críticas no fueron sutiles. El primer ministro canadiense, Mark Carney, fue quizás el más tajante al declarar que el mundo no atraviesa una transición, sino una ruptura definitiva. Según Carney, el orden basado en reglas fue siempre una historia "parcialmente falsa" o una "ficción útil" que ha llegado a su fin. Su advertencia para las naciones de menor peso fue sombría: "Si las potencias medias no están en la mesa, están en el menú", dijo.
Esta visión fue respaldada por el presidente francés, Emmanuel Macron, quien ironizó sobre la supuesta estabilidad actual ante las risas de los asistentes. Macron advirtió que el mundo transita hacia un escenario donde "se pisotea la ley internacional y la única ley que parece importar es la del más fuerte", señalando directamente el uso de aranceles por parte de Trump como una herramienta para "subordinar" la soberanía europea.
Incluso China, a través de su viceprimer ministro, He Lifeng, instó a evitar el regreso a la "ley de la selva", presentándose -paradójicamente- como un actor de estabilidad frente al impredecible giro estadounidense.

El Presidente de Francia, Emmanuel Macron, durante su discurso de este martes 20 de enero en Davos.
El balance de Trump: Nacionalismo y la "necesidad" de Groenlandia
Desde la Casa Blanca, el balance fue radicalmente distinto. En un monólogo de 80 minutos, Trump defendió su gestión mezclando datos cuestionables con victorias estratégicas en su agenda nacionalista. Presumió de haber "terminado ocho guerras" y de haber reducido la inflación, a pesar de que los indicadores económicos cuentan una historia más matizada.
Sin embargo, el punto que mayor fricción generó con Europa fue su reiterado interés en anexionar Groenlandia. Aunque Trump suavizó su discurso calificándolo como un proceso que dejará "contenta a la OTAN", insistió en que la adquisición de la isla es una cuestión de "seguridad nacional" y mundial.
Esta pretensión encontró una respuesta inmediata en Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, quien sentenció en Davos que la soberanía del territorio danés "no es negociable", alertando sobre una "peligrosa espiral descendente" en las relaciones transatlánticas. De hecho, delegaciones europeas han estado arribando a Groenlandia en los últimos días en respuesta a las agresiones estadounidenses.
En el ámbito regional, Trump destacó su nueva relación con Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, afirmando que la colaboración con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha sido "un placer". El pragmatismo energético parece haber primado: el mandatario celebró la extracción de 50 millones de barriles de petróleo venezolano en apenas cuatro días para reducir los precios internos en EE. UU..

El Presidente Donald Trump, publicó en su red Truth Social, una imagen generada con IA en la que se ve un mapa donde Canadá, Groenlandia, Cuba y Venezuela aparecen como parte de EE. UU. Truth Social: Donald Trump
El análisis académico: El liderazgo como "espectáculo"
Para expertos de la Universidad Europea, el fenómeno Trump no es solo una cuestión de políticas públicas, sino un cambio paradigmático en la naturaleza del liderazgo.
José María Peredo, catedrático de Comunicación y Política Internacional de esa alma máter, afirmó que estamos ante "el fin del multilateralismo tal y como lo conocíamos, reemplazado por una lógica basada en intereses transaccionales". Según Peredo, el debilitamiento de organismos como la OTAN es el efecto más visible de este "desajuste sin precedentes".
Este cambio de reglas tiene consecuencias legales y de seguridad profundas. Ignacio Perotti, experto en Derechos Humanos de la misma universidad, advierte que la retirada de EE. UU. de compromisos internacionales envía un mensaje peligroso: “una justificación para que otras naciones ignoren las normas globales”, lo que incrementa la inestabilidad en zonas críticas como Ucrania o Taiwán.
Desde la perspectiva de la comunicación, la transformación es igualmente drástica. Helena López-Casares, doctora en Neurociencia, observa que “Trump ha transformado el liderazgo político en un espectáculo, donde la narrativa emocional y la confrontación constante sustituyen los canales diplomáticos tradicionales”.
Esta estrategia se apoya en un uso disruptivo de las plataformas digitales que, según la profesora Lucía Andaluz, experta en desinformación y periodista, busca "consolidar su narrativa y dominar el ciclo mediático" a través de mensajes polémicos que fomentan la desconfianza hacia los medios tradicionales.
"Trump ha convertido la comunicación política en una herramienta de confrontación constante, donde los mensajes breves y polémicos amplifican su impacto en redes sociales y generan un alcance global", concluyó Andaluz.
Un futuro de incertidumbre y soberanía en juego
El primer año del regreso de Trump ha dejado claro que su administración no busca integrarse en el tablero mundial, sino rediseñarlo bajo sus propias condiciones.
Mientras la Unión Europea prepara su propia estrategia de seguridad para no depender de Washington, el mundo observa con cautela un modelo de gobernanza que prioriza el acuerdo bilateral sobre el tratado colectivo.
Como concluyen los analistas de la Universidad Europea, este liderazgo basado en la imprevisibilidad y la polarización plantea desafíos existenciales para la estabilidad democrática y la cooperación global.
En un mundo donde la "ficción" de las reglas ha sido desmantelada, la única certeza parece ser que la diplomacia tradicional ha sido sustituida por una mesa de negociaciones donde, efectivamente, quien no se sienta con suficiente fuerza, corre el riesgo de terminar en el menú.