¿Por qué hay tanto temor en Colombia? Le contamos el abecé de qué es el ‘Super Niño’
El país no lo ha experimentado en el último siglo y podría desencadenar sequías severas. Le contamos todos los detalles.

La posibilidad de que Colombia enfrente el fenómeno de El Niño aumentó de forma considerable y encendió las alarmas entre autoridades, expertos y organismos internacionales. Esta semana, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), el Ministerio de Ambiente y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) elevaron la probabilidad de su ocurrencia del 62% al 82%, una variación que refleja la magnitud del riesgo climático previsto para el segundo semestre del año.
La preocupación crece porque existe la posibilidad de que esta alteración evolucione hacia un ‘Súper Niño’, un fenómeno que Colombia no ha experimentado en el último siglo y que podría desencadenar sequías severas, incendios forestales, eventuales racionamientos de agua y energía, además de consecuencias sociales de gran escala.
¿Qué es un ‘Súper Niño’ y por qué genera tanta preocupación?
Aunque el fenómeno aún no se consolida por completo, sus primeras señales ya generan preocupación. Las autoridades ambientales reportaron aumentos inusuales de temperatura en distintas regiones del país, con Valledupar alcanzando 38.4 grados centígrados, Santa Marta registrando 37.2 °C y Quibdó llegando a 34.4 °C.
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Paralelamente, las alertas por incendios forestales aumentaron de siete a 90 en pocas semanas, especialmente en departamentos como La Guajira y Magdalena. Frente a este escenario, la ministra de Ambiente, Irene Vélez, afirmó que Colombia enfrenta una situación de variabilidad climática con fenómenos más intensos y severos, lo que obliga a una articulación interinstitucional constante y a fortalecer acciones preventivas para mitigar impactos mayores.
Camilo Prieto, profesor de energía y sostenibilidad de la Universidad Javeriana, explicó que un ‘Súper Niño’ ocurre cuando la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial aumenta alrededor de +2 °C o más durante al menos cinco meses consecutivos.
“Un Súper Niño ocurre cuando la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial aumenta alrededor de +2 °C o más durante al menos cinco meses consecutivos. No se trata solo de más calor. Es una enorme acumulación de energía en el océano y la atmósfera. Esta energía altera profundamente los patrones climáticos del planeta”, explicó el académico.
Aunque El Niño se ha vuelto más frecuente en años recientes, con un episodio especialmente prolongado en 2015, las proyecciones actuales advierten que esta vez podría desarrollarse una anomalía de una intensidad inédita, lo que incrementa la incertidumbre sobre sus verdaderas consecuencias.
¿Qué está en riesgo?
Gina Polo, investigadora del Instituto de Salud Pública de la Universidad Javeriana y coordinadora general del Centro de Cambio Climático y Salud para América Latina y el Caribe (Climas), advirtió que el país podría enfrentar impactos mucho más profundos que el simple aumento de temperaturas.
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Según explicó, el mayor riesgo está en la intensificación de desigualdades territoriales y sociales, especialmente en zonas rurales. Sequías prolongadas, disminución de caudales, pérdida de cultivos, mortalidad de animales y afectaciones a la soberanía alimentaria podrían golpear con más fuerza a comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes.
“Un Súper Niño no solo implica temperaturas más altas, para Colombia puede traducirse en una intensificación de las desigualdades territoriales y sociales ya existentes. Aunque muchas veces el debate se concentra en las grandes ciudades y en el posible racionamiento de agua o energía, las afectaciones más profundas suelen sentirse en las zonas rurales”, afirmó la investigadora.
Polo insistió en que, aunque muchas veces la discusión se centra en grandes ciudades y posibles racionamientos, los daños más graves suelen recaer sobre poblaciones con menor capacidad de adaptación.
La investigadora también señaló que un eventual ‘Súper Niño’ podría traducirse en mayores riesgos por golpes de calor, enfermedades transmitidas por vectores, deterioro de la calidad del aire por incendios forestales y dificultades en el acceso a agua segura. Además, trabajadores informales como vendedores ambulantes, recicladores, obreros de construcción o transportadores podrían enfrentar exposiciones más peligrosas a temperaturas extremas.
En ciudades capitales podrían presentarse racionamientos temporales, mientras que en territorios donde el acceso al agua ya es limitado incluso en condiciones normales, el panorama podría agravarse de forma crítica. Según Polo, este tipo de eventos evidencia una profunda desigualdad climática, donde los impactos no solo son ambientales, sino también económicos, sociales y humanitarios.
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“Las sequías afectan cultivos, disponibilidad de agua para consumo humano y animal, y profundizan escenarios de inseguridad alimentaria. Por eso, el fenómeno también evidencia una profunda desigualdad climática. Hay territorios históricamente más expuestos y con menor capacidad de adaptación, donde los impactos no son sólo ambientales, sino también sociales, económicos y humanitarios”, añadió Polo.
¿Qué anunció el Gobierno para proteger la energía y el gas?
Frente a este panorama, el Gobierno nacional anunció una hoja de ruta para reducir riesgos. El Ministerio de Minas activó una estrategia compuesta por 50 acciones concretas de preparación, coordinación y monitoreo permanente con el objetivo de garantizar la confiabilidad del sistema eléctrico y del suministro de gas natural.
El ministro Edwin Palma aseguró que el país no puede esperar a que llegue una emergencia para actuar y defendió la necesidad de tomar decisiones anticipadas. Sin embargo, mientras el Gobierno central ya puso en marcha su plan, sigue creciendo la expectativa sobre las medidas que deberán adoptar alcaldes y gobernadores, quienes hasta ahora han guardado silencio frente a una advertencia climática que podría poner a prueba la capacidad de respuesta de todo el país.
