
Hoy, más que nunca, Bogotá necesita una Cultura Ciudadana robusta, que no se limite a campañas publicitarias, deliberaciones interminables o a la elaboración de manuales de convivencia, que no logran convertirse en verdaderos procesos pedagógicos. Todo eso es importante, pero insuficiente si no logra convertirse en una verdadera política pública capaz de transformar comportamientos, fortalecer la confianza y proteger la vida.
La muerte de Cristian David Garzón Castro, integrante de la escuadra antievasión de TransMilenio, quien perdió la vida mientras cumplía con su labor en la estación Terreros, en Soacha, me recordó con profundo dolor la muerte de Cristian Andrés Meza Lemus, trabajador de una obra del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) asesinado en 2022, cuando le pidió a un motociclista que no transitara por un sendero exclusivo para peatones.
Ninguna discusión, acto de intolerancia o conflicto puede convertirse en una sentencia de muerte. Cuando una sociedad empieza a justificar la violencia con frases como "por eso lo mataron", el problema deja de ser únicamente el crimen; comienza a ser el deterioro de nuestra convivencia y del valor que le otorgamos a la vida.
Ninguna discusión, acto de intolerancia o conflicto puede convertirse en una sentencia de muerte.
“La vida es sagrada" no era un eslogan en la administración de Antanas Mockus a finales de los años 90´s sino un principio ético que orientaba las decisiones públicas. Hoy Bogotá necesita con urgencia volver a poner ese principio en el centro, en un contexto donde aumentan las agresiones, la intolerancia y la normalización de la violencia.
Bogotá necesita volver a poner ese principio en el centro de sus decisiones públicas. No porque debamos repetir las mismas estrategias de hace treinta años, sino porque enfrentamos nuevas formas de intolerancia que siguen teniendo el mismo origen: la pérdida de respeto por el otro.
Tuve el privilegio de iniciar mi carrera como servidora pública durante aquella administración y esa experiencia marcó profundamente mi manera de entender la ciudad. Desde entonces, no pasa un solo día sin que observe comportamientos cotidianos que reflejan cuánto hemos dejado de pensar en quienes comparten la ciudad con nosotros.
La violencia extrema no aparece de un momento a otro, muchas veces comienza con pequeñas formas de indiferencia e irrespeto hacia los demás: invadir el espacio público, incumplir las normas de tránsito, arrojar basura donde no corresponde o colarse en el transporte público. Cuando dejamos de reconocer al otro en lo cotidiano, debilitamos los vínculos de confianza que hacen posible la convivencia. No se trata de afirmar que estas conductas conduzcan inevitablemente a hechos tan dramáticos como los ocurridos recientemente. Se trata de comprender que una ciudad donde se normaliza el incumplimiento de las normas y la falta de consideración por los demás termina erosionando la confianza, el respeto y la capacidad para resolver los conflictos de manera pacífica.
La violencia extrema no aparece de un momento a otro, muchas veces comienza con pequeñas formas de indiferencia e irrespeto hacia los demás (...)
El plan de desarrollo de la primera administración de Mockus donde se gestó el primer programa de cultura ciudadana se denominó “Formar Ciudad” un concepto totalmente vigente, que expongo recurrentemente en muchos escenarios institucionales y académicos; debemos formarnos como ciudadanos y esa es una tarea principal de las instituciones públicas, pero que no excime al sector privado, a la sociedad civil y fundamentalmente a la academia.
Todos los sectores debemos participar en esta tarea, pero el papel de la academia es fundamental; no basta con formar buenos técnicos o profesionales, se debe preparar a los estudiantes en capacidades cívicas. Esto ha hecho parte fundamental de las cátedras que he impartido en varias universidades en el transcurso de aproximadamente veinte años.
Una de las lecciones más valiosas que podemos traer al presente es la combinación de estrategias pedagógicas con mecanismos regulatorios y sancionatorios, conocida como "Garrote y Zanahoria". La pedagogía ayuda a comprender el sentido de las normas; la regulación y las sanciones recuerdan que la convivencia también implica responsabilidades.
La pedagogía ayuda a comprender el sentido de las normas; la regulación y las sanciones recuerdan que la convivencia también implica responsabilidades.
Con el objetivo de traer a valor presente las lecciones aprendidas de la política pública de cultura ciudadana de finales de los 90’s realicé en mi canal de YouTube “La Metáfora de la Línea y el Punto” en asocio con Maloka en el año 2025 la celebración de los 30 años de este icónico programa; conclusiones y reflexiones que les compartiré en mi próxima columna.
La última Encuesta Bienal de Cultura Ciudadana revela que el 47,4 % de los bogotanos afirma confiar en más de la mitad de las personas. Aunque este resultado representa un avance, también evidencia que más de la mitad de la ciudadanía aún mantiene bajos niveles de confianza interpersonal. Este dato confirma que fortalecer la Cultura Ciudadana sigue siendo una tarea urgente, no solo como una estrategia de comunicación, sino como una política pública orientada a consolidar el respeto por la vida, la legalidad, el cuidado mutuo y la construcción de confianza entre ciudadanos.
¿Y usted cómo le aporta todos los días a la Cultura Ciudadana de Bogotá?
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