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¿Una población envejecida perjudica el crecimiento económico? 

Hemos invertido décadas innovando para prolongar la vida. Ahora debemos innovar para aumentar el valor económico y social de esos años adicionales.

Waldir Ochoa
Waldir OchoaComunicador. Especialista en Estudios Políticos. Premio Simón Bolívar de Periodismo y Rey de España de Periodismo.
26 AGO 2026 - 08:56Actualizado: 26 AGO 2026 - 13:56

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Hace pocos días un artículo de la revista The Economist causó revuelo global al cuestionar la solidez académica de parte de las investigaciones del Nobel de Economía Daron Acemoglu, argumentando que sus explicaciones a veces rozan la tautología o son demasiado simplistas para explicar procesos complejos y, además, desestimando su visión sobre el avance tecnológico y la inteligencia artificial. 

Acemoglu lo calificó inmediatamente como un ataque personal y pidió el derecho a réplica en el mismo medio de comunicación. Debo confesar que este episodio casi anecdótico me sirve simplemente para poner sobre la mesa una reciente estudio de Acemoglu y otros colegas suyos, que busca responder a la pregunta que titula esta columna, tema que es hoy de mi mayor interés y estudio: ¿el envejecimiento de la población perjudica el crecimiento económico?

El estudio denominado Baby Busts and Growth Booms: Demographic Change and the Macroeconomy desafía una de las intuiciones más extendidas en economía: que la caída de la natalidad y el envejecimiento poblacional perjudican el crecimiento económico.

Los autores parten de un hecho demográfico incuestionable: durante las últimas siete décadas, las tasas de natalidad han descendido de forma sostenida en prácticamente todos los continentes, lo que ha ralentizado el crecimiento poblacional y elevado la edad promedio de la población en numerosos países. La expectativa convencional sostiene que menos trabajadores jóvenes implica menor producción agregada y menor dinamismo económico.

Sin embargo, combinando evidencia comparada entre países con datos de zonas de empleo de Estados Unidos, el equipo encuentra un patrón contraintuitivo: las tasas de natalidad más bajas están asociadas a un mayor crecimiento del PIB por adulto en edad de trabajar a nivel internacional, así como a un mayor crecimiento salarial en las regiones estadounidenses analizadas. Además, no detectan ningún impacto negativo sobre el PIB agregado ni sobre los ingresos totales, lo que contradice la narrativa catastrofista habitual sobre el "invierno demográfico".

La hipótesis central que proponen los investigadores es que estos resultados reflejan una respuesta endógena y ahorradora de mano de obra por parte de la tecnología ante la creciente escasez de trabajadores jóvenes. Es decir, cuando las empresas y las economías enfrentan una menor disponibilidad de trabajadores en edad productiva, responden invirtiendo más en automatización, maquinaria y tecnologías que sustituyen trabajo humano, lo que a su vez impulsa la productividad y compensa —o incluso supera— el efecto negativo de contar con menos fuerza laboral. En estos casos, los países con las mayores disminuciones en la fertilidad experimentan los mayores cambios hacia las exportaciones y el empleo de alta tecnología. De manera similar, en las zonas urbanas de Estados Unidos, las bajas tasas de natalidad impulsan un cambio en el empleo hacia industrias intensivas en I+D y un aumento en la obtención de patentes que ahorran esa mano de obra. 

Los propios autores, no obstante, matizan que esto no implica que el envejecimiento poblacional carezca de consecuencias negativas en otros ámbitos. Señalan, por ejemplo, tensiones fiscales previsibles en sistemas de pensiones y seguridad social, que dependen de la relación entre trabajadores activos y jubilados. Advierten también que estos resultados favorables no son automáticos, sino que pueden depender de que se produzcan cambios institucionales, políticas públicas adecuadas e inversión adicional en capital humano que acompañen la transición demográfica.

Ahora bien, la realidad también demanda ante este escenario hacerse la pregunta muy pertinente sobre la productividad individual de los trabajadores de mayor edad (por ejemplo, si permanecen más años en el mercado laboral, si son reentrenados, si hay ganancias de experiencia acumulada), pero sin duda el resultado del estudio propone una mirada más minuciosa al envejecimiento poblacional.

Sobre esto último, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), un aumento del 10 % en la presencia de trabajadores mayores puede elevar la productividad en aproximadamente un 1,1 % gracias a su experiencia, lealtad y capacidad para ser mentores. Se estima, además, que la creación de equipos de trabajo multigeneracionales y la ampliación de las oportunidades laborales para esos empleados de mayor edad podrían incrementar el PIB per cápita en un 19 % durante las próximas tres décadas. 

Mucho que revisar y debatir todavía sobre el impacto de la longevidad en la economía. Como bien se lo escuché a una investigadora de la Fundación Saldarriaga Concha, una de las entidades que más estudia estos asuntos en Colombia “Hemos invertido décadas innovando para prolongar la vida. Ahora debemos innovar para aumentar el valor económico y social de esos años adicionales que ganamos”. Y vaya desafío incluso para economistas como Acemoglu.




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