
El crecimiento de la economía de plataformas en Iberoamérica ha cambiado con rapidez la forma en que miles de personas acceden al trabajo. En poco más de una década, el número de plataformas pasó de 193 en 2010 a más de 1.070 en 2023, según un reciente informe de la SEGIB, la OIT y ONU Mujeres. La expansión, sin embargo, no trae consigo una respuesta de esperanza para muchas mujeres, pues estas plataformas representan una puerta de entrada al mercado laboral, pero también pueden convertirse en un nuevo escenario de precariedad.
El estudio muestra que el trabajo en plataformas no impacta de la misma manera a hombres y mujeres. En los servicios basados en la ubicación, como transporte, reparto y cuidados, la participación femenina sigue siendo muy baja. En el transporte, por ejemplo, la mayoría de trabajadores son hombres; en el reparto, aunque la presencia de mujeres aumenta levemente, la brecha sigue siendo amplia. En contraste, en las plataformas de trabajo en línea la participación femenina es mucho mayor, pero eso no significa que exista igualdad, pues las mujeres suelen concentrarse en tareas de traducción, atención al cliente o apoyo administrativo, mientras los hombres dominan áreas mejor valoradas como la programación y el desarrollo tecnológico.
Uno de los hallazgos más llamativos del informe es que la flexibilidad horaria aparece como la principal razón por la que muchas mujeres se vinculan a estas plataformas. Esa supuesta ventaja, no obstante, está profundamente condicionada por la carga desproporcionada de trabajo de cuidados que sigue recayendo sobre ellas. En la práctica, esa flexibilidad suele traducirse en jornadas más cortas, menos tareas completadas y, por tanto, menores ingresos. La autonomía, así, termina siendo parcial y frágil.
El país registra una de las tasas más bajas de representación femenina en plataformas de transporte y reparto dentro de la región.
En Colombia, el panorama no es distinto y, en algunos casos, es incluso más preocupante. El país registra una de las tasas más bajas de representación femenina en plataformas de transporte y reparto dentro de la región. En el transporte, apenas una pequeña fracción de quienes trabajan en estas aplicaciones son mujeres; en el reparto, la proporción mejora ligeramente, pero sigue lejos de una participación equilibrada. A ello se suma otro problema de fondo, y es que gran parte de estos empleos se clasifican como trabajo independiente, lo que deja a miles de mujeres sin acceso a protección social como la licencia de maternidad.
La situación también revela una tensión más profunda entre tecnología e igualdad. Aunque las plataformas en línea han abierto nuevas posibilidades para el trabajo remoto y flexible, persisten obstáculos como la brecha digita, la menor confianza en habilidades técnicas y la desigualdad en competencias como el inglés. A eso se añade un entorno laboral donde los algoritmos y la cultura del sector tienden a premiar los perfiles más masculinizados, mientras dejan en segundo plano otras tareas igualmente necesarias, pero menos visibles.
Más que una solución automática a la exclusión laboral femenina, la economía de plataformas corre el riesgo de reproducir viejas desigualdades bajo un formato moderno. Si no existe regulación, protección social y una política seria de cuidados, la promesa de flexibilidad puede terminar convirtiéndose en una nueva forma de precarización. En ese escenario, la tecnología no corrige las brechas, las multiplica.
Más que una solución automática a la exclusión laboral femenina, la economía de plataformas corre el riesgo de reproducir viejas desigualdades bajo un formato moderno.
Copyright © – Minuto60 – 2026