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Financiar lo verde: el cuello de botella de la bioeconomía

Aunque en estas dos décadas ha habido avances, la bioeconomía aún tiene un peso marginal en la economía.

Javier Sabogal Mogollón
Javier Sabogal MogollónFue asesor de los ministerios de Hacienda y Ambiente, ha trabajado en el Banco Mundial, la CAF, el PNUD, la WWF y en el Acueducto de Bogotá.
12 DIC 2025 - 16:12Actualizado: 12 DIC 2025 - 21:40

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Hace unas semanas se lanzó el Informe Nacional de Competitividad, que en su capítulo de Crecimiento Verde destaca la importancia de la bioeconomía. Que el Consejo Privado de Competitividad la destaque refleja que el sector empresarial la percibe como una apuesta clave para el desarrollo.

Mucho ha cambiado desde 2004, cuando participé en la estrategia nacional de mercados verdes, en una etapa incipiente en esta materia. Recuerdo como anécdota que un productor me decía que no entendía por qué su lulo, cultivado con agroquímicos, no podía ser considerado como producto verde, si su color lo era.

Aunque en estas dos décadas ha habido avances, la bioeconomía aún tiene un peso marginal en la economía. En 2023, la bioeconomía solo representaba el 0,8 % del PIB nacional. La meta del Plan de Acción de Biodiversidad (2024 – 2030) es llegar al 3 % en 2030, que en todo caso está muy lejos de lo que en 2019 planteó la Misión de Sabios (10% del PIB).

La meta del Plan de Acción de Biodiversidad (2024 – 2030) es llegar al 3 % en 2030, que en todo caso está muy lejos de lo que en 2019 planteó la Misión de Sabios (10% del PIB).

Como referencia, países avanzados como Finlandia y Estados Unidos tienen un peso del 12 % y el 5 %, respectivamente, aunque hay que tener en cuenta que la comparación es difícil por la variedad de definiciones que hay sobre lo que es la bioeconomía. En Colombia, la definición que se incluye en documentos como la política de Crecimiento Verde es "la economía que gestiona eficiente y sosteniblemente la biodiversidad y la biomasa para generar nuevos productos, procesos y servicios de valor agregado, basados en el conocimiento y la innovación".

Pese a los esfuerzos, la transición hacia la bioeconomía sigue en una fase temprana, no solo en Colombia. Esto se debe a que aprovechar el potencial de la bioeconomía enfrenta desafíos, como la falta de políticas habilitadoras, regulación adecuada, inversiones, tecnología y capacidades locales que le permitan competir con sectores tradicionales.

En esta columna me centro en una de las mayores brechas: la financiera. El Informe de Competitividad recomienda "asegurar recursos estables a proyectos de bioeconomía para cerrar la brecha de financiación existente y evaluar los resultados que se deriven de ellos". El reto no es menor. El reporte Financing a Sustainable Global Bioeconomy identifica múltiples obstáculos como las escalas reducidas de las iniciativas, derechos comerciales limitados, condiciones de mercado desfavorables, subsidios regresivos (como los de combustibles fósiles), y la falta de capital de riesgo en fases tempranas, donde suele requerirse apoyo público que no siempre existe.

Un caso interesante en Colombia es el de Asobancaria, que desarrolló una Guía de Bioeconomía para el sistema financiero colombiano, un paso clave para familiarizar a los bancos con el sector y su potencial. Sin embargo, pocos bancos la han implementado y los pilotos de productos financieros aún no se traducen en instrumentos concretos.

Hay que seguir avanzando en acciones para que los bancos puedan mitigar riesgos inherentes e identificar oportunidades de negocio. Emprendimientos en zonas apartadas, sin historial crediticio, siguen percibiéndose como demasiado riesgosos, pero es fundamental seguir fortaleciendo estos modelos, no solo desde lo técnico, sino también desde su estructura financiera, para generar una demanda de financiamiento verde más robusta y creíble.

Hay que seguir avanzando en acciones para que los bancos puedan mitigar riesgos inherentes e identificar oportunidades de negocio.

En este contexto, urge canalizar más recursos públicos y privados hacia la bioeconomía, a través de esquemas como financiación combinada (blended finance) y asistencia técnica. Como señala un informe reciente de Latimpacto: “Apostar por la bioeconomía en Colombia es invertir en un modelo económico regenerativo, territorialmente justo y con alto potencial de retorno económico, ambiental y social”. Pero esto requiere un portafolio financiero más diverso, más allá del sector bancario tradicional y que incluya fondos de impacto, microfinancieras, entre otros, que sean capaces de responder a las necesidades específicas de los distintos tipos de negocio, desde emprendimientos emergentes hasta proyectos consolidados.

Ahí está la oportunidad. Si el sistema financiero reacciona, Colombia puede superar la meta del 3 % y retomar la ambición del 10 %. La bioeconomía no es una moda verde, es una estrategia de desarrollo que puede transformar nuestro modelo productivo.

Urge canalizar más recursos públicos y privados hacia la bioeconomía, a través de esquemas como financiación combinada (blended finance) y asistencia técnica

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