Iván Cepeda: el difícil momento en que estuvo a punto de dejar la vida pública
Una tragedia familiar que provocó amenazas y presión política estuvo a punto de cambiar el rumbo del ahora candidato presidencial, Iván Cepeda.

El senador y candidato presidencial Iván Cepeda se ha consolidado como una de las figuras más visibles del escenario político colombiano contemporáneo, especialmente por su papel como defensor de derechos humanos, su participación en procesos de paz y su presencia constante en el debate público nacional.
Cepeda, nacido en Bogotá, ha desarrollado una carrera política estrechamente ligada a la defensa de las víctimas del conflicto armado y a la búsqueda de justicia frente a crímenes asociados a la violencia política en Colombia.
Según su perfil público, también ha sido un actor clave en procesos de diálogo entre el Estado y grupos armados, incluyendo su participación como facilitador en acercamientos con las FARC-EP durante los años previos al acuerdo de paz.
¿Cuál fue el momento más difícil para Cepeda?
No obstante, el momento más crítico en el que el congresista y actual candidato presidencial estuvo a punto de dejar la vida pública se remonta a sus inicios políticos, marcados por una profunda disyuntiva personal y el peso del asesinato de su padre, el líder de la Unión Patriótica, Manuel Cepeda Vargas.
Fue el 9 de agosto de 1994, cuando Iván Cepeda tomó un bus hacia la Universidad Javeriana, en Bogotá, después de dejar que su padre saliera primero de la casa. En el camino, más exactamente en la avenida de Las Américas en el sector de Mandalay, se encontró con ambulancias, patrullas y gente alrededor de un carro baleado. Era el de Manuel Cepeda. Su padre, senador de la Unión Patriótica, acababa de ser asesinado.
Iván no se quebró sobre el cuerpo de su padre. Por el contrario, le pidió al presidente Ernesto Samper y a quienes tenían que ver con la justicia que hicieran algo contra "esta ofensiva contra los dirigentes de izquierda" y que el crimen no quedara impune, "como el de tantos hombres justos y valientes que han peleado en este país”. Años después diría: "Cuando asesinaron a mi padre, yo ya sabía cómo debía actuar, qué debía decir".

Desde muy joven, Iván Cepeda vio en su padre, el senador Manuel Cepeda, a un referente político y social. Crédito: tomada de redes sociales.
Las causas del crimen de Cepeda Vargas están asociadas a las denuncias que hizo en contra de varios los oficiales del Ejército que estaban detrás de los asesinatos de sus compañeros de la UP.
Según registros de la época, el coronel Rodolfo Herrera Luna, a quien Manuel Cepeda había denunciado desde el Congreso, determinó su asesinato después de que la guerrilla mató al general Carlos Julio Gil Colorado, que era de su promoción.
Por esta razón, Iván Cepeda convirtió la muerte de su padre en su principal causa política. Creó la Fundación Manuel Cepeda para investigar el magnicidio. Durante los años siguientes buscó testigos, señaló a militares y paramilitares y participó en la fundación del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice).
Pero esa búsqueda hizo que recibiera amenazas contra él y su familia que lo obligaron a exiliarse por segunda vez, en Francia, entre 2000 y 2003.
Su regreso del exilio
Sin embargo, aunque muchas personas creyeron que el exilio lo iba a alejar de la política, Iván Cepeda aprovechó su estadía en el país galo para consolidar su activismo y cursó una especialización en Derecho Internacional Humanitario en la Universidad Católica de Lyon.
A su regreso, en 2003, se encontró con Álvaro Uribe Vélez, un adversario político que para ese entonces ya era presidente de Colombia y se negaba a reconocer el asesinato de su padre como un crimen de Estado.

Iván Cepeda, en su época de vocero del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes del Estado (Movice). Crédito: Colprensa.
Esa confrontación tuvo un primer punto de quiebre en 2004, cuando los jefes paramilitares Salvatore Mancuso, Ernesto Báez y Ramón Isaza fueron al Congreso a defender la Ley de Alternatividad Penal tras la firma del polémico Pacto de Ralito.
Ese día, Cepeda estaba en las barras del Capitolio, junto con otras víctimas, exhibiendo una foto de su padre. Para ellos, ver a congresistas haciendo fila para tomarse fotos con los paramilitares fue una cachetada para quienes habían sufrido sus crímenes.
Desde entonces, su batalla contra Uribe pasó del terreno moral y político a desembocar en el proceso por manipulación de testigos que llevó al expresidente a juicio y convirtió a Cepeda en el dirigente de izquierda que logró sentarlo en el banquillo de los acusados.
Ese hito lo catapultó como posible heredero de Gustavo Petro y fortaleció el eje de su candidatura: una política organizada alrededor de la verdad de las víctimas y del ajuste de cuentas histórico con el uribismo.
