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Finanzas abiertas: Colombia necesitará más educación y confianza para dar el siguiente paso

El sistema financiero espera para las próximos meses la publicación de un decreto clave en el que la Unidad de Regulación Financiera trabaja.

Finanzas abiertas: Colombia necesitará más educación y confianza para dar el siguiente paso
El Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026 implementa las finanzas abiertas en Colombia - Crédito: Pixabay
Angélica Gómez
Angélica GómezPeriodista
14 ENE 2026 - 14:24Actualizado: 19 MAR 2026 - 17:13

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Colombia está a las puertas de un cambio profundo en la forma en que se comparte y utiliza la información financiera. La publicación durante el primer trimestre de 2026 del decreto de la Unidad de Regulación Financiera (URF), que ya superó la revisión del Consejo Directivo y del Ministerio de Hacienda, convertirá en obligatoria la participación en el ecosistema de finanzas abiertas. Hasta ahora, este modelo ha sido voluntario, lo que ha limitado su alcance y su impacto real en el mercado.

Aunque suele confundirse con la banca abierta, el concepto de finanzas abiertas es más amplio. Mientras la banca abierta se refiere al intercambio de información entre entidades financieras, las finanzas abiertas abarcan datos de todo el sistema, incluyendo actores no financieros que cumplan con los requisitos de la Superintendencia Financiera. Esto abre la puerta a que establecimientos comerciales y otros terceros autorizados participen en la circulación de datos, siempre bajo estrictos estándares de seguridad y finalidad.

Un país que aún no conoce el concepto

El reto es enorme. De acuerdo con un reciente sondeo de DataCrédito Experian, solo tres de cada 10 colombianos ha escuchado el término “finanzas abiertas”, un 13 % no está seguro y el 56 % nunca lo ha oído. La brecha de conocimiento es evidente, y se profundiza entre personas sin empleo, quienes tienden a estar menos familiarizadas con el tema que quienes sí trabajan.

Esta falta de comprensión no es un detalle menor. La adopción de las finanzas abiertas depende, en gran medida, de que los consumidores entiendan qué ganan al compartir sus datos. La premisa es simple: nadie entrega información personal si no percibe un beneficio claro. Por eso, la pedagogía será un pilar del sistema. El intercambio justo de valor —datos a cambio de mejores productos, servicios personalizados o acceso a crédito— es la clave para democratizar el modelo.

Confianza: el activo más escaso

La disposición a compartir información tampoco es homogénea. Las personas están más abiertas a entregar datos básicos o laborales, pero muestran mayor resistencia cuando se trata de movimientos financieros, especialmente quienes no conocen el concepto de finanzas abiertas. La desconfianza no es infundada: el buen uso de la información y la protección de datos son las principales preocupaciones de los consumidores.

El decreto de la URF incorpora un principio esencial: privacidad y proporcionalidad según la finalidad. Es decir, las entidades deberán especificar con claridad para qué usarán los datos y limitarse estrictamente a ese propósito. Aun así, la reputación de las instituciones jugará un papel determinante. Las entidades con mejores prácticas de seguridad y mayor credibilidad serán las que logren convencer a los usuarios de abrir sus datos.

Un sistema que complementa, no reemplaza

La experiencia internacional muestra que las finanzas abiertas no eliminan el papel de los burós de crédito como Experian. Por el contrario, ambos sistemas pueden coexistir y potenciarse. La combinación de información tradicional con nuevos datos transaccionales permite construir perfiles más completos y justos, especialmente para quienes hoy están subrepresentados en el sistema financiero o solo acceden a productos básicos.

Más información puede traducirse en más crédito y en mejores condiciones para los consumidores. Sin embargo, no implica necesariamente una reducción del riesgo ni un escenario de una nueva ley de “borrón y cuenta nueva”. La calidad del análisis seguirá dependiendo de la responsabilidad de las entidades y de la solidez de los modelos de evaluación.

El desafío que viene

Colombia está avanzando hacia un ecosistema financiero más abierto, competitivo e inclusivo. Pero el éxito del modelo no dependerá únicamente de la regulación. Requerirá un esfuerzo sostenido de educación, transparencia y construcción de confianza. Los consumidores deben entender qué ganan, cómo se protege su información y por qué compartir datos puede abrirles nuevas oportunidades.

El país tiene la oportunidad de dar un salto hacia un sistema más moderno y equitativo como ya lo hicieron Inglaterra y Brasil. Para lograrlo, deberá cerrar la brecha de conocimiento y fortalecer la confianza en las instituciones. Solo entonces las finanzas abiertas podrán cumplir su promesa de transformar la relación de los colombianos con el sistema financiero.

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