Encuentro Trump - Petro: ¿Washington acudirá nuevamente a la amenaza arancelaria?
El presidente de Estados Unidos tiene entre sus herramientas de presión predilectas los aranceles.

La discusión pública sobre las tensiones entre Colombia y Estados Unidos ha girado en las últimas semanas alrededor de los posibles mecanismos del gobierno estadounidense para presionar al presidente colombiano a que mejore sus resultados en la lucha contra las drogas. Ricardo Barco, economista colombiano y director de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, sostiene que el impacto comercial sería limitado en caso de que Trump acuda nuevamente a los aranceles y que la preocupación del gobierno colombiano apunta a un frente mucho más delicado.
Barco recuerda que este tipo de medidas ya se había intentado antes. “El tema arancelario ya se usó una vez, pero por temas de inflación en Estados Unidos, Trump terminó a las semanas excluyendo el café”, afirma. Para él, el efecto sobre sectores como el floricultor sería marginal. “Las flores son tan baratas cuando llegan acá que un arancel del 10 %, 20 % o el 30 % no impactaría tanto en el precio, porque tienen un espacio de ajuste muy grande”, explica.
Según el académico, el verdadero motivo detrás de la reciente búsqueda de diálogo del presidente Gustavo Petro con Washington estaría relacionado con la llamada Lista Clinton y con señales de endurecimiento en la estrategia antidrogas estadounidense. “Creo que lo que ha obligado a que Petro le ‘pida cacao’ a Trump es el tema de la lista Clinton y la posibilidad muy latente que había de un ataque en Colombia”, señala.
Barco asegura que en círculos diplomáticos se comentaba desde hace meses la posibilidad de operaciones directas contra infraestructura del narcotráfico en territorio colombiano. “Trump había dicho varias veces que los ataques ya iban a ser en tierra. No en el Pacífico ni en el Atlántico”, recuerda. Las zonas más sensibles, según él, estaban identificadas: “Se sabe que hay unos laboratorios en Tumaco y unos depósitos grandes de droga en Arauca. El temor era un ataque en esas zonas”.
La combinación de sanciones financieras, presiones diplomáticas y la amenaza de acciones militares habría llevado al gobierno colombiano a buscar una desescalada. Aunque los aranceles capturan la atención mediática, Barco insiste en que son apenas la superficie de un conflicto más complejo, donde la seguridad y la cooperación bilateral pesan mucho más que el comercio exterior.
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La disputa con Ecuador
Al mismo tiempo, Colombia vive una nueva etapa de conflicto diplomático con Ecuador, justamente por la manera de ambos países de enfrentar el crimen organizado en la frontera binacional.
Este nuevo capítulo empezó el 22 de enero cuando desde Davos en Suiza el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, anunció una tasa de seguridad de 30 % a las importaciones colombianas hasta que el gobierno de Gustavo Petro aumentara las acciones militares en la zona fronteriza para mejorar la colaboración entre ambas naciones.
La diferencia escaló rápidamente y pasó del tema comercial, con aranceles de lado y lado, a tocar un tema más delicado para ambos países: la energía. Colombia dio el primer paso al anunciar la suspensión de las ventas de energía eléctrica a Ecuador, vulnerable a los apagones, y este contraatacó pasando de US$ 3 a US$ 30 la tarifa por usar el oleoducto ecuatoriano para llevar el crudo de Colombia hasta el Pacífico para su comercialización.
Por el momento, los equipos diplomáticos de ambos países no han logrado acordar una fecha de reunión para desescalar las tensiones.
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