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Récord histórico: fútbol colombiano cerró con superávit millonario el 2026, ¿por qué?

Un análisis de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá, explica en cifras.

Él fútbol colombiano movió su caja gracias a los traspasos de jugadores. - Crédito: Colprensa.
Andrés Botero Benavides
Andrés Botero BenavidesPeriodista
21 MAY 2026 - 18:46Actualizado: 21 MAY 2026 - 18:46

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Es una cuenta sencilla y, a la vez, sorprendente, en 2026, por cada dólar que el fútbol colombiano gastó trayendo jugadores, recibió siete vendiéndolos al exterior. Nunca antes en la historia este sector había tenido un saldo a favor tan impresionante: US$ 19 millones de ingresos por ventas internacionales frente a apenas US$ 2.77 millones en compras, según el informe global de transferencias que la FIFA divulgó en febrero. En total, 146 futbolistas salieron del país, 21 más que el año anterior, otra marca sin precedentes.

 Hay un dato que ayuda a entender por qué este negocio cambió tanto: el precio promedio. Cada jugador que el país vendió al exterior dejó, en promedio, US$ 130.137; cada uno que llegó costó US$ 29.157, es decir, explica Lorena Gutiérrez, decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá, y autora del análisis,

Vendemos a un precio 4,5 veces más alto del que pagamos cuando compramos. Suena bien, pero hay un detalle: vendemos muchos jugadores baratos y unos pocos muy caros. El promedio se sostiene gracias a operaciones de alto perfil, no porque la mayoría de las transferencias deje plata gruesa.

Lorena Gutiérrez, decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de San Buenaventura

De acuerdo con Gutiérrez, los ingresos por ventas multiplican por siete a las compras. “Este es un mercado que financia infraestructura ajena más que la propia", advierte. Esta frase resume el problema de fondo: Colombia exporta talento, pero el dinero termina engordando estadios, canchas y academias en Europa y Asia, no en las ciudades donde nacieron esos futbolistas.

¿Qué dice el estudio de transferencias?

De hecho, el estudio más reciente del Observatorio del Fútbol del CIES, con corte al 1 de mayo, ubica al país en el octavo mercado mundial entre las naciones que más jugadores tienen activos en el exterior, con 518 colombianos en 135 ligas profesionales del planeta.

Solo Brasil (1.455), Francia (1.275), Argentina (1.016), Inglaterra, España, Nigeria y Alemania exportan más. En contexto, hace seis años, en 2020, Colombia tenía 351 jugadores en el extranjero, hoy son 518: un crecimiento de 47 %, más del doble del promedio mundial.

imagen dada

Luis Díaz fue el fichaje colombiano más caro de la temporada 2026. Bayer Múnich

De esos 518, 18 juegan en las cinco grandes ligas europeas: Premier League (Inglaterra), LaLiga (España), Serie A (Italia), Bundesliga (Alemania) y Ligue 1 (Francia). Los nombres más visibles son Luis Díaz, Bayern Múnich; Daniel Muñoz, Crystal Palace y Richard Ríos, Benfica. El resto está repartido en ligas de menor escala, donde los precios de venta son mucho más modestos.

 La parte del negocio que pocos clubes colombianos saben cobrar

Mientras los equipos formadores latinoamericanos venden a buenos precios, otro actor del negocio se lleva una tajada cada vez más grande: los agentes, representantes o managers. Solo en 2025, los clubes del mundo pagaron € 1.168 millones en comisiones a intermediarios por transferencias internacionales, un aumento de 90 % en un solo año. Esa plata sale, en buena parte, del valor total que se paga por cada jugador, lo que reduce lo que finalmente llega al club que lo formó.

 El reto para Colombia no es vender más, porque eso ya lo está haciendo en niveles récord; el desafío entonces es construir capacidades financieras y jurídicas para participar de los flujos secundarios, especialmente del mecanismo de solidaridad FIFA.

Lorena Gutiérrez, decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de San Buenaventura

El mecanismo al que se refiere es clave y casi nadie lo conoce fuera del medio deportivo: cuando un futbolista es transferido entre dos clubes de países distintos, la FIFA obliga a repartir el 5 % del valor de la operación entre todos los equipos que lo formaron entre los 12 y los 23 años.

Si un equipo de barrio, una escuela de fútbol municipal o una división menor tuvo a ese jugador en sus filas en esa etapa, le corresponde una parte. La venta de Luis Díaz al Bayern Múnich por € 70 millones, por ejemplo, generó cerca de € 3,5 millones para los clubes que lo formaron.

Tres cosas que todo club formador debería tener al día

Para acceder al mecanismo de solidaridad y a los derechos de formación, los equipos —incluso los pequeños— necesitan tres cosas básicas: estar registrados en el sistema de transferencias de la FIFA (conocido como FIFA TMS); mantener actualizado el pasaporte deportivo de cada jugador, que es el documento donde queda el historial de los equipos por los que pasó; y guardar los contratos o registros que prueben en qué años el jugador estuvo en sus categorías formativas. Sin esos papeles en regla, el dinero simplemente no llega, así el jugador haya nacido y crecido en ese club.

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El defensor colombiano Daniel Muñoz también ha sobresalido esta temporada con Crystal Palace. Crystal Palace.

El telón de fondo macroeconómico ayuda a dimensionar el fenómeno. Las exportaciones de servicios representaron el 27,9 % del total que Colombia vendió al exterior al cierre del tercer trimestre de 2025, según el Banco de la República. El fútbol cabe dentro de esa categoría: es talento humano colombiano prestando un servicio en otro país y generando divisas que vuelven, en parte, al país.

Profesionalizar la gestión financiera de los clubes formadores y articularlos con instituciones académicas y de comercio exterior podría convertir el récord deportivo de hoy en una palanca de desarrollo regional sostenible.

Lorena Gutiérrez, decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de San Buenaventura

En conclusión, Colombia ya sabe formar futbolistas para el mundo. Lo que falta es aprender a cobrarlos como un país exportador, no como uno que regala lo que produce.

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