Francisco Maturana, único colombiano entre los mejores 50 DT’s de la historia
En un escalafón publicado por la revista Kodro ubicó al estratega junto a Mourinho, Ferguson o Ancelotti.

En un listado internacional que reúne a los entrenadores más influyentes de la historia del fútbol aparece un nombre que para Colombia no debería sorprender, pero que aun así emociona: Francisco Maturana. No es solo el único colombiano en la clasificación. Es el símbolo de una época en la que el país dejó de pedir permiso para competir. Porque Maturana no dirigió únicamente equipos. Dirigió una transformación cultural.
La revolución silenciosa
A finales de los años 80, cuando el fútbol colombiano todavía buscaba legitimidad internacional, Maturana apostó por algo que parecía una osadía: confiar en el talento local, estructurar un modelo colectivo y competir con identidad propia.
La Copa Libertadores de 1989 con Atlético Nacional no fue un accidente competitivo. Fue el resultado de una idea. Un equipo que priorizaba la inteligencia sobre el vértigo, la técnica sobre la fuerza, la asociación sobre el pelotazo.
Ese título no solo puso a Nacional en la cima de América. Puso a Colombia en el mapa futbolístico con respeto.
La Selección que cambió la narrativa
Con la Selección Colombia, Maturana hizo algo aún más profundo: convenció a un grupo de futbolistas de que podían jugarle de igual a igual a cualquiera. Italia 90 fue el regreso a un Mundial después de 28 años. Pero más que el resultado, lo que quedó fue la sensación de que Colombia tenía estilo.
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Luego llegó el 5-0 en Buenos Aires. Una noche que todavía se cita en debates históricos. Más allá del marcador, fue la confirmación de una identidad: Colombia no fue a resistir; fue a imponer condiciones. Ese día no solo se ganó un partido. Se ganó autoestima colectiva.
Más que títulos, legado
En el fútbol moderno, los rankings suelen medirse por trofeos. Y sí, Maturana ganó. En clubes, en selección, dentro y fuera del país. Pero su verdadero legado no se puede reducir a una vitrina. Su herencia es conceptual.
📊 Nuestro ranking de los 50 mejores entrenadores de la historia del fútbol. pic.twitter.com/v1ZZYAN6RJ
— Kodro Magazine (@KodroMagazine) February 11, 2026
Fue el técnico que defendió el juego como expresión cultural. Que entendió que el talento colombiano no debía copiar modelos europeos, sino potenciar su esencia. Que construyó equipos donde la pausa era virtud y la inteligencia, norma. Muchos entrenadores actuales, incluso sin declararlo, beben de esa escuela.
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El único colombiano en la conversación global
Que un ranking internacional lo incluya entre los grandes entrenadores de la historia tiene un valor simbólico enorme. En listados dominados por campeones del mundo europeos o técnicos de ligas poderosas, la presencia de Maturana recuerda que el impacto también se mide en transformación. No fue solo un estratega ganador. Fue un constructor de identidad.
Y en un país donde el fútbol suele debatirse desde la inmediatez, su inclusión en esa lista obliga a mirar hacia atrás con perspectiva. A entender que hubo un momento en el que Colombia no solo compitió: sedujo.
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El maestro que enseñó a creer
Hoy el fútbol es más físico, más estadístico, más industrial. Pero la esencia que Maturana defendía —la pelota como argumento y la inteligencia como herramienta— sigue siendo referencia. Su nombre en ese escalafón no es nostalgia. Es memoria activa.
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Francisco Maturana no fue únicamente el técnico de una generación brillante. Fue el entrenador que le enseñó a un país que podía jugar bien y ganar. Que podía competir sin renunciar a su estilo. Que podía construir respeto desde la identidad.