Regreso a clases en Colombia: el reto económico que enfrentan los padres
Impacto al bolsillo de las familias, sobre todo en instituciones privadas, por los altos costos de matrícula, pensiones y útiles escolares.

El regreso a clases en Colombia no empieza el primer día de colegio. Empieza mucho antes, en la casa, con una calculadora en la mano, una lista larga sobre la mesa y una conversación inevitable sobre hasta dónde alcanza el dinero.
Como padres de familia, el inicio del año escolar se vive con una mezcla de ilusión y angustia. Está la emoción de ver a los hijos crecer, cambiar de curso, estrenar cuadernos. Pero también está la realidad del bolsillo, que se aprieta desde finales de diciembre y se siente con más fuerza en enero.
Carrera contrarreloj en colegios privados
Especialmente en los colegios privados, el inicio del año escolar se vive como una carrera contrarreloj entre las obligaciones económicas y el deseo profundo de ofrecerles a los hijos la mejor educación posible. La matrícula llega como el primer gran pago, seguida de la pensión mensual, que para 2026 tiene topes de incremento definidos según el IPC y la clasificación del colegio, pero que aun así representa un compromiso fijo que condiciona el resto del presupuesto del hogar.

Regreso a clases en Colombia en colegios privados. Crédito: Colprensa
A partir de ahí, comienza el efecto dominó: útiles escolares, textos académicos, uniformes, transporte, alimentación y otros gastos indirectos que no siempre se dimensionan hasta que se enfrentan de frente. Aunque la educación es vista como una inversión a largo plazo, el impacto inmediato sobre la economía familiar es innegable.
Las listas de útiles suelen entregarse al momento de la matrícula y deben estar aprobadas por el Consejo Directivo. En ellas aparecen cuadernos, carpetas, colores, materiales específicos y textos escolares que, aunque están pensados para usarse durante todo el año, muchas veces generan la sensación de que todo debe comprarse de inmediato. Para los padres, recibir un cronograma de uso de materiales, como lo exige la norma, se convierte en una herramienta clave para organizar los gastos y evitar endeudamientos innecesarios desde enero. Minuto60 habló con padres de familia, para que nos contaran su realidad, su perspectiva y lo que viven en esta época del año en el regreso al colegio de sus hijos.

útiles escolares, el dolor de cabeza de los padres en enero. Crédito: Colprensa
La voz de los padres
Tatiana Paz, una madre soltera, asegura que el tema del colegio es un “dolor de cabeza” constante, porque según ella, no solo se presenta en el inicio del año. Esta mujer que no solo tiene gastos de educación para su hija Ana Sofía, señala que el incremento de matrícula, pensión y demás, es un desafío grande para ella, pues también debe centrarse en pagar arriendo, comida, ropa, y todo lo necesario para sobrevivir:
No es fácil tener a mi hija en un colegio privado, y menos asumir esta responsabilidad tan grande, de todo lo que implica la educación de mi hija. El gasto cada año es impresionante, y todo cada día se pone más costoso, todo sube.
Tatiana Paz, madre soltera
Así como para la señora Paz, la búsqueda de precios más bajos se vuelve una rutina común. Desde finales de diciembre y durante las primeras semanas de enero, papelerías, grandes superficies y comercios informales se llenan de padres comparando precios, haciendo cuentas y tomando decisiones difíciles. Aunque los colegios no pueden exigir marcas ni proveedores específicos, y existe libertad total para comprar donde cada familia lo considere conveniente, el cumplimiento de las listas sigue siendo una presión constante.
En muchos hogares, especialmente de ingresos bajos y medios, el regreso a clases implica recurrir a tarjetas de crédito, compras a cuotas o pequeños préstamos. Otros padres optan por reutilizar útiles del año anterior, rescatar maletines en buen estado o adquirir libros y materiales de segunda mano. Estas decisiones no responden a descuido, sino a una estrategia consciente para sostener la economía familiar sin afectar la educación de los hijos.

Regreso a clases en Colombia en colegios privados. Crédito: Colprensa
Bayron Palacio, es un padre de familia de ingreso medio, tiene dos hijos, Samara Sofía y Juan Martín Palacio León. Para este Ingeniero Mecánico, el tema escolar al inicio de cada año es realmente un rompecabezas, en el que debe organizar sus piezas: las prioridades, lo más necesario y lo que se puede comprar; pues el salario que recibe no es suficiente para poder cumplir con los requisitos de la educación de sus dos hijos. Prestar plata en enero es algo “normal” en su hogar.
Por mis hijos lo haré todo. No es fácil tenerlos en buen colegio, los gastos son realmente altos, pero, cada día me levanto para luchar por ellos. Los directores de los colegios privados solo quieren llenar los salones de estudiantes, y cobran hasta la risa. Cada día esto se pone más difícil, pero no hay de otra, hay que seguir trabajando por ellos.
Bayron Palacio, padre de familia
El gasto en uniformes escolares es otro de los puntos más sensibles. Aunque la normativa establece que no se pueden exigir más de dos uniformes, uno de uso diario y uno de educación física, y que los cambios solo aplican para estudiantes nuevos, la realidad es que el crecimiento de los niños hace inevitable renovar uniformes cada año. Camisas, pantalones, sudaderas, medias y zapatos escolares representan un gasto acumulado que muchas veces no se percibe hasta que se suma todo.
Sabemos que enero es un mes de muchos gastos, por eso queremos que este regreso a clases 2026 sea transparente y justo para todas las familias. 🇨🇴 pic.twitter.com/FMV9dqPEaN
— MinEducación (@Mineducacion) January 9, 2026
La presión económica duele
Existe, además, una carga emocional silenciosa. Los padres no solo se preocupan por pagar, sino también por evitar que sus hijos se sientan excluidos o señalados. Por eso es clave recordar que ningún colegio puede sancionar ni impedir el ingreso de un estudiante por no portar el uniforme completo cuando existen dificultades económicas. La educación no puede convertirse en un espacio de discriminación por razones financieras. Aunque todos ellos hacen lo posible para que tengan sus pertenencias completas, y para que no escale a otro nivel como el ‘Bullyin’.
A esto se suma la claridad sobre lo que no deben cobrar las instituciones. Los colegios privados no pueden exigir materiales que son de su responsabilidad, como implementos de aseo, marcadores, resmas de papel u otros insumos administrativos. Tampoco está permitido el cobro de bonos, donaciones, cuotas adicionales o aportes por fuera de la matrícula y la pensión oficialmente aprobadas. Servicios como transporte o alimentación solo pueden cobrarse si la familia los acepta de manera voluntaria.
Análisis con expertos: "Un golpe desigual al bolsillo"
El impacto económico del regreso a clases no es igual en todo el país. En las zonas urbanas, los costos suelen ser más altos y se concentran en útiles, uniformes y pensiones. En las zonas rurales, el reto es distinto, pero igual de complejo: largas distancias para adquirir materiales escolares, mayores gastos de transporte y dificultades de conectividad que también representan un costo adicional para las familias.
Para este análisis, Minuto60 habló con Gloria Bernal, directora del Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana, quien advierte que el regreso a clases no puede leerse de manera aislada del contexto económico general del país.
La inflación significa que las cosas son más caras y eso incluye la comida, el transporte, el arriendo y la salud. Si los ingresos de una familia no suben al mismo ritmo o a un ritmo mayor que la inflación, la familia va a disminuir su capacidad de adquirir estos bienes y servicios.
Gloria Bernal, directora del LEE de la Universidad Javeriana
Bernal subraya que esta presión se agrava en hogares con alta informalidad laboral: “Muchas familias de bajos recursos están en empleos informales, no cuentan con ingresos fijos ni previsibles y dependen del movimiento de sus trabajos. En ese contexto, el regreso a clases no depende solo de que existan cupos gratuitos, sino de la capacidad real de las familias para asumir los gastos asociados a la educación; cuando hay menos dinero y mayor inestabilidad laboral, las probabilidades de mantenerse en el sistema educativo, incluso con cupo, son menores”.
Frente a este panorama, la experta enfatiza que garantizar la permanencia escolar exige políticas focalizadas más allá del acceso:
La evidencia muestra que programas como la alimentación escolar, el transporte, el acompañamiento psicosocial, la provisión de materiales y la calidad institucional mejoran la permanencia, especialmente en escenarios de bajos recursos. Pero como la plata no alcanza para todo, hay que focalizar: hogares en ruralidad y niños pequeños que deberían estar en primaria y no están estudiando deben ser prioridad frente a otras poblaciones.
Gloria Bernal, directora del LEE de la Universidad Javeriana
"A veces, desde ciertos espacios académicos se cree que uno posee el conocimiento —o la verdad absoluta— y que los demás solo deben escuchar. Nada más lejos de la realidad. El conocimiento es bidireccional y hoy, más que nunca, necesitamos complementarnos.” @GloriaLBernal1 ⬇️ https://t.co/Rr9xqm10n8
— LEE - Laboratorio de Economía de la Educación (@LEEJaveriana) December 11, 2025
Las brechas que no se cierran
Un reciente estudio del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana, con corte a diciembre de 2025, advierte que la educación en Colombia arrastra brechas estructurales profundas que condicionan el acceso y la permanencia escolar. Los datos son contundentes: 2 de cada 3 niños y niñas menores de 10 años presentan pobreza lectora, la matrícula en educación básica y media cayó a 9,5 millones en 2024, la cifra más baja desde 2010, y la deserción escolar alcanzó el 3,6%, dejando a cerca de 342 mil estudiantes por fuera del sistema educativo.
A esto se suma el ensanchamiento de la desigualdad: la brecha entre estudiantes rurales y urbanos pasó de 18,5 puntos en 2014 a 26 en 2024, mientras que la brecha de género creció casi 2 puntos entre 2022 y 2024, alcanzando su nivel más alto en 11 años.
El panorama se agrava en la juventud: entre abril y junio de 2025, el 22,4% de los jóvenes entre 15 y 28 años aproximadamente 2,49 millones de personas, no estudiaba ni trabajaba. Para el LEE, estas cifras “no son una fotografía coyuntural, sino el reflejo de desafíos estructurales en calidad, equidad y financiamiento que siguen sin recibir respuestas a la altura del problema”, y que marcarán de manera inevitable la agenda educativa de 2026.
Entre el derecho y el sacrificio: cuando educar también es resistir
Cuando se presentan irregularidades, los padres tienen el derecho de acudir a la Secretaría de Educación de su ciudad. Estas entidades están obligadas a investigar y, de ser necesario, sancionar a los colegios que incumplan la normativa. Las sanciones pueden ir desde multas entre 50 y 200 SMMLV hasta el cierre definitivo en casos de reincidencia.
A pesar de todo, los padres siguen adelante. Ajustan presupuestos, aplazan proyectos personales, reducen gastos en otros ámbitos. Lo hacen convencidos de que la educación sigue siendo una de las pocas certezas para construir un mejor futuro. El regreso a clases se vive, entonces, como un momento de tensión económica, pero también de compromiso, responsabilidad y esperanza.
¡Que el regreso a clases no te quite la sonrisa! 😁📚
— MinEducación (@Mineducacion) January 9, 2026
Sabemos que la temporada escolar puede ser estresante, pero ya publicamos las orientaciones para este 2026. Antes de salir corriendo a comprar, recuerda:
✅ Los colegios no deben exigir marcas específicas de útiles o textos.… pic.twitter.com/Zia8MRqRGG
Cada inicio de año escolar en Colombia deja una lección clara: educar cuesta, y mucho. Por eso, más allá de cumplir normas, el regreso a clases vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de fortalecer estrategias de apoyo a las familias y avanzar hacia una educación más accesible, equitativa y sostenible. Mientras tanto, en miles de hogares de Colombia, enero seguirá siendo el mes de las cuentas… y de la fe en el futuro de los hijos.
