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Análisis | Razones de la constante violencia en el suroccidente de Colombia y su sueño de acabarla

Minuto60 habló con el exgobernador del Cauca Temístocles Ortega, quien hizo una radiografía de esta ola de dolor.

Temístocles Ortega analiza el ataque a Cajibío. - Crédito: Foto: Captura de pantalla.
Felipe Villamizar M.
Felipe Villamizar M.Periodista
26 ABR 2026 - 17:37Actualizado: 26 ABR 2026 - 23:49

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En medio de esta cruel seguidilla de actos violentos en los que los departamentos del Cauca y Valle del Cauca han visto caer civiles e inocentes, personas ajenas a la lucha ideológicos y de poderes, la pregunta sobre por qué siempre al suroccidente de Colombia se está derramando tanta sangre, dolor y lágrimas.

Las últimas 48 horas han sido de luto profundo para aquellas personas que perdieron un ser querido en el ataque al Cajibío, por aquellos que han sido desplazadas forzosamente, para los que estos abusos y ataques les han obligado a perder un producido o que los hacen tener miedo hasta en sus propios hogares.

Minuto60 habló con Temístocles Ortega, quien conoce muy bien el departamento del Cauca al haber sido su gobernador en dos periodos, y quien como caucano sabe también de las necesidades de una región que solo grita basta a este tipo de atentados.

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¿Por qué el suroccidente del país es tan ‘apetecido’ para estos grupos al margen de la ley?

Hay que decir que en la historia del Cauca se han tenido todas estas manifestaciones de violencia. Digamos, acá nacieron las Farc, en los límites con el Tolima y con el Huila, en las montañas. En el 64 acá se hizo con el de ese grupo Manuel Marulanda Vélez, ‘Tirofijo’, tuvo su primera incursión armada contra un bus, precisamente en el municipio de Inzá.

Allá se guiaron las mofas, estamos hablando del año 70, del siglo pasado. Y en ese tiempo hasta acá, pues eso ha venido con una presencia permanente, constante de grupos armados.  Tiene que ver en buena parte con la geografía, el departamento que es muy accidentada, que no facilita la acción de las fuerzas públicas, por ejemplo, por la vía aérea.

Tiene que ver también con las condiciones de marginalidad del departamento, de falta de presencia del Estado y, por supuesto, de pobreza y abandono. Tiene que ver últimamente con la presencia de los cultivos de coca, que se han incrementado en todo el departamento y de manera ilegal. Tiene que ver también con la costa que tenemos en el Pacífico, que es un corredor perfecto para el envío del narcotráfico y para el ingreso de armas y dinero.

Entonces hay condiciones geográficas, sociales, económicas, históricas y de presencia del Estado que han facilitado ese estado de cosas que, por supuesto, ya absolutamente no aceptamos.

¿Por qué se ha incrementado en las últimas horas esta ola de violencia?

La violencia que estamos viviendo no es una acción solamente contra la fuerza pública y los gobiernos, también, por supuesto, entre ellos mismos, y contra la población civil, contra las líneas sociales, contra las organizaciones sociales.

Esto ha venido creciendo infortunadamente. El departamento está completamente tomado por la violencia y por los violentos grupos armados que se postulan,  aunque por supuesto ya nadie les cree como autores políticos, porque son bandas de narcotraficantes, grupos dedicados a la minería ilegal, a la extorsión, al desplazamiento, al confinamiento, a todo tipo de delitos que exigen control social, control territorial, en todo el departamento, en los cascos urbanos, en las paredes, en todas las actividades de la economía, el comercio, la manufactura, la industria, las obras públicas, en general en todo.

(También lea: “Rentas de economías ilícitas se combaten a sangre y fuego”: el ‘desangre’ por la ola de violencia).

¿Y qué le piden al Gobierno?

Y este ha sido un grito desesperado del departamento y su gente desde hace ya mucho tiempo. Y hay que decirlo que las acciones del Gobierno no han sido eficaces, la fuerza pública se ha quedado corta, estos actores violentos los han superado sin ninguna duda y seguimos reclamando una acción contundente, eficaz, efectiva, concreta, para poder frenar toda la violencia.

Esto necesita, por supuesto, una acción del Gobierno, porque hay que decirlo, la comunidad caucana tiene que organizarse, tiene que hacer sentir a los violentos que los rechazamos y, por supuesto, que no vamos a aceptar que esto pueda continuar. 

¿El Estado colombiano ya perdió esa guerra?

Hay incursiones, hay operativos, pero no son suficientes. Los armados violentos le están ganando ya desde hace rato esta lucha al Estado y, por supuesto, a su fuerza pública y a su gobierno.

¿Viven con miedo?

La gente permanentemente está con miedo y asustada, la gente intimidada, la gente está controlada en su accionar diario, en su vida social, en su vida económica porque están extorsionados. Por supuesto, los jóvenes son llamados de manera forzosa o con halago para que sigan siendo armados a falta de oportunidades para poder hacer otra actividad laboral o poder estudiar. La presencia de las campañas de tráfico intermitente genera una economía muy fácil para mucha gente y el control de los armados, el suministro de armas de toda naturaleza.

La gente tiene, sin duda alguna, una situación gigantesca, enorme, sobre todo en las zonas urbanas y en los barrios populares (6:55) de las ciudades más importantes, Puerto Tejada, Quilichao y Popayán. Y la gente está clamando, la población del Gobierno, la fuerza pública, porque esto es absolutamente inaceptable. 

(Además lea: ¿Quién es alias Marlon? El hombre detrás de los ataques que sacuden Cauca y Valle).

Para acabar con la guerra y sus olas de violencia no hay una varita mágica…

Lo he dicho, como es tan antiguo, pues esto ya está suficientemente diagnosticado. Ya se sabe, la fórmula mágica no la tiene nadie, es muy complejo, pero acciones para poder enfrentar esto y controlarlo de alguna manera, si ya están diagnosticadas, esto requiere, a la fuerza pública actuando, fuerza pública operando, fuerza pública accionando contra los violentos para poder enfrentarlos y para poder dominarlos y para poder capturarlos y judicializarlos. Y requiere inversión social y productiva, requiere la presencia del Estado con inversión social, requiere carreteras, escuelas, colegios, universidades, hospitales, requiere apoyo a campesinos para los proyectos productivos, para que cambien el cultivo de la coca, que también necesita que lo puedan enfrentar abiertamente.

¿Es utópico el sueño de la paz para los caucanos?

No, no es utópico. No estamos condenados fatalmente por la naturaleza o por la providencia, a vivir constantemente en este mar de violencia. No, esto se puede enfrentar, se puede controlar y se puede superar. Lo que ocurre es que hay que cambiar estrategias. 

Lo que hasta ahora se ha hecho no ha sido suficiente. Repito, sí se han hecho acciones, se han tenido operativos, sí hay presencia, pero no es suficiente. Están siendo superados por los violentos. Entonces hay que cambiar estrategias.

Cambiar estrategias, aplicar un plan muy particular, muy especial, muy específico para el Departamento. Y por supuesto, si esto es sistemático, si esto es de mediano o largo año, todo esto se puede reducir y se puede superar.

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