De QAP a Camila Zuluaga: los choques entre periodistas y presidentes en Colombia
La salida de Mañanas Blu 10:30 revive una vieja discusión sobre las presiones del poder político y la independencia de los medios de comunicación.

El mundo del periodismo y los medios de comunicación en Colombia aún no sale del asombro luego de la salida del aire, el pasado lunes, del programa radial Mañanas Blu 10:30, dirigido por la periodista Camila Zuluaga.
Aunque las directivas de Caracol Televisión, responsables también de Blu Radio, argumentaron que la decisión obedeció a problemas de audiencia y a la falta de anunciantes, colegas y políticos han coincidido en señalar que el espacio habría sido retirado abruptamente de la programación porque no era del gusto del actual presidente de Colombia, Abelardo De La Espriella.
Hasta ahora, esa hipótesis no ha sido comprobada y la empresa ha sostenido públicamente sus propias razones para retirar el programa. Sin embargo, la controversia volvió a poner sobre la mesa una pregunta que no es nueva en Colombia: ¿qué ocurre cuando un periodista o un medio se convierte en una voz incómoda para el poder político?
No es un secreto que Camila Zuluaga protagonizó varios desencuentros con De La Espriella cuando este era candidato presidencial. La propia periodista ha contado que el entonces aspirante se negó en diferentes ocasiones a concederle entrevistas.
Pero el caso de Zuluaga y Blu Radio no sería el primero en el que un periodista pierde su espacio, renuncia o termina enfrentado con su medio después de protagonizar controversias con un presidente o con sectores cercanos al poder.
La historia reciente de Colombia está llena de episodios en los que la relación entre periodismo, gobiernos y propietarios de medios terminó poniendo en juego la permanencia de periodistas o programas al aire.
QAP, el noticiero que terminó convertido en símbolo
Para hablar de medios y periodistas sacados del aire en medio de aparentes diferencias con presidentes, indudablemente hay que recordar el caso de QAP Noticias, conocido como el noticiero de Las Marías, fundado a comienzos de la década de los 90 por las periodistas María Isabel Rueda y María Elvira Samper, junto con Ignacio Greiffenstein y Darío Fernando Patiño.
Al proyecto también se vincularon Enrique Santos Calderón, el empresario Julio Andrés Camacho y el Nobel Gabriel García Márquez, quien se entusiasmó con la idea de construir un noticiero independiente y hecho por periodistas.
QAP desarrolló una línea editorial crítica y tuvo un papel destacado durante el Proceso 8.000, el escándalo que golpeó al gobierno de Ernesto Samper. Sus periodistas investigaron las relaciones entre sectores de la clase política y el narcotráfico, una cobertura que terminó generando fuertes tensiones.
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QAP Noticias, emitido entre 1993 y 1997. Crédito: tomada de redes sociales.
En una entrevista publicada por El Tiempo, tras la salida del noticiero, María Elvira Samper recordó que el equipo se convirtió en un blanco por sus investigaciones. García Márquez, por su parte, aseguró estar convencido de que la nueva legislación de televisión había sido utilizada para silenciar a QAP.
El contexto clave fue la Ley 335 de 1996, que modificó las reglas de la televisión pública y estableció nuevas condiciones para los contratos y las licitaciones. La norma fue aprobada por el Congreso y posteriormente algunos de sus apartes fueron objeto de decisiones de la Corte Constitucional.
QAP no volvió a participar en el nuevo proceso de adjudicación y su última emisión se produjo el 31 de diciembre de 1997. Aquel día, García Márquez fue el encargado de despedir el informativo.
La frase que pronunció entonces quedó como una de las más recordadas de la historia de la televisión colombiana: estaba convencido de que la ley había sido hecha para silenciar al noticiero.
El caso es importante porque muestra una forma diferente de presión: no necesariamente sacar a un periodista de su empleo, sino modificar las condiciones del sistema de medios hasta hacer inviable la continuidad de un espacio crítico.
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AM-PM, otro noticiero que desapareció en 1997
En circunstancias similares desapareció AM-PM, noticiero producido por Globo Televisión que comenzó a emitirse en 1993 y llegó a ocupar un espacio los fines de semana en el Canal A.
El archivo de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano registra que el informativo comenzó sus emisiones en 1993 y finalizó labores el 28 de diciembre de 1997.
AM-PM cubrió durante esos años acontecimientos relacionados con el Proceso 8.000, orden público, narcotráfico, política y las decisiones del gobierno de Ernesto Samper. Sus archivos muestran entrevistas con funcionarios, congresistas y protagonistas de algunos de los principales escándalos de la época.
La salida de AM-PM y QAP coincidió con la transformación del mapa de los noticieros de televisión a finales de los años 90. Por eso, ambos casos forman parte de una discusión que todavía genera preguntas sobre la relación entre legislación, poder político, concesiones de televisión e independencia periodística.
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La Luciérnaga y el episodio de Edgar Artunduaga y Hernán Peláez
Cuatro años después apareció otro de los episodios más recordados de la radio colombiana.
En 2001, durante el gobierno de Andrés Pastrana, el periodista Edgar Artunduaga salió de La Luciérnaga, programa de Caracol Radio caracterizado por sus críticas y sátiras contra la clase política.
La salida de Artunduaga ocurrió en medio de versiones sobre presiones del Gobierno de Pastrana. Hernán Peláez, entonces director del programa, renunció al aire en solidaridad con su compañero y sostuvo que el Gobierno quería censurar el espacio.
El episodio quedó registrado incluso por la revista Semana, que en una publicación de la época señaló que Pastrana enfrentaba una fuerte controversia por la salida de Artunduaga y que Peláez había explicado ante la audiencia que su compañero se iba porque era incómodo para el Gobierno.
Peláez mantuvo su decisión de no regresar mientras Pastrana estuviera en la Presidencia y retomó la dirección del programa después de la llegada de Álvaro Uribe a la Casa de Nariño.
Este caso tiene una particularidad: Artunduaga no fue simplemente un periodista despedido por decisión presidencial públicamente demostrada. Lo que quedó documentado fue la denuncia de presión política y la reacción de Peláez, quien convirtió su propia renuncia en una protesta pública.

Edgar Artunduaga junto a Hernán Peláez en La Luciérnaga. Cortesía: Caracol Radio.
Javier Darío Restrepo y su salida de El Colombiano
En 2009, uno de los periodistas más respetados de Colombia, Javier Darío Restrepo, dejó de escribir su columna en El Colombiano.
La salida ocurrió mientras el país discutía el segundo intento de reelección de Álvaro Uribe y en medio de las críticas de Restrepo a la gestión del Gobierno y a la concentración de poder que, en su opinión, podía producir una nueva reelección.
La Fundación para la Libertad de Prensa documentó el episodio y consultó al propio Restrepo, quien señaló que venía haciendo críticas al gobierno de Uribe. El diario, por su parte, explicó que se trataba de un proceso normal de renovación de sus columnistas.
El propio Restrepo dejó una última columna en la que aseguró que había sido retirado por una supuesta “reorganización” de las páginas de opinión y sostuvo que su visión de los hechos no coincidía con la del periódico.
No existe evidencia pública de que Uribe hubiera ordenado su salida. Precisamente por eso, el caso resulta interesante: el conflicto entre el periodista y el poder político coincidió con una decisión editorial que terminó sacándolo de las páginas del diario.
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Javier Darío Restrepo, maestro del periodismo en Colombia. Crédito: Colprensa.
Claudia López y el escándalo de Agro Ingreso Seguro
Ese mismo 2009 ocurrió otro episodio emblemático. La entonces columnista Claudia López salió de El Tiempo después de publicar una columna en la que cuestionó la manera como el periódico estaba cubriendo el escándalo de Agro Ingreso Seguro, programa bandera del gobierno de Álvaro Uribe.
López cuestionó que El Tiempo no hubiera profundizado sobre el escándalo con la misma intensidad que otros medios y señaló los posibles intereses políticos derivados de que Juan Manuel Santos, entonces candidato presidencial, fuera accionista del periódico a través de su familia.
La dirección de El Tiempo decidió retirar su espacio. Una nota publicada por el propio periódico defendió posteriormente la decisión y sostuvo que López tenía libertad para cuestionar al medio, pero que el diario también tenía la facultad de retirarle la invitación para escribir.
Otros medios registraron el episodio como la salida de López de El Tiempo después de su cuestionamiento al cubrimiento de Agro Ingreso Seguro.
Nuevamente, no se trata de un caso en el que esté probado que el presidente hubiera ordenado directamente el despido. Pero sí de un episodio en el que una periodista crítica perdió su espacio en un medio en medio de una controversia que involucraba al Gobierno y a un candidato presidencial.
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Vicky Dávila y la Comunidad del Anillo
Quizás uno de los casos que más se parece al debate actual es el de Vicky Dávila y La FM durante el gobierno de Juan Manuel Santos.
En febrero de 2016, Dávila renunció a la dirección de La FM después de la polémica generada por la publicación de un video íntimo de terceros que estaba relacionado con la investigación periodística sobre la llamada Comunidad del Anillo, un escándalo de presunta corrupción y prostitución dentro de la Policía.
La Fundación para la Libertad de Prensa documentó que Dávila y otros periodistas que investigaban el caso habían recibido amenazas de muerte y habían sido víctimas de interceptaciones ilegales.
Pero hubo un elemento adicional que hizo especialmente polémico el episodio: el presidente Juan Manuel Santos cuestionó públicamente la decisión editorial del medio que estaba investigando posibles actos de corrupción relacionados con instituciones de su Gobierno.
La FLIP calificó como cuestionable y paradójico que Santos asumiera una posición semejante y advirtió que sus declaraciones podían tener un efecto intimidatorio sobre Dávila y los demás periodistas que trabajaban en la investigación.
Es importante, sin embargo, hacer una precisión: Dávila renunció a La FM y no existe prueba pública de que Santos hubiera ordenado directamente su salida.
Lo que convirtió el episodio en un caso emblemático fue la coincidencia entre la investigación periodística, las amenazas, las interceptaciones, la controversia editorial y las declaraciones del presidente.
Daniel Coronell: cuando el conflicto fue con el propio medio
Otro nombre indispensable en esta historia es el de Daniel Coronell. En 2019, la revista Semana canceló su columna después de que el periodista cuestionara a la publicación por no haber difundido una investigación relacionada con una polémica directriz del Ejército que posteriormente fue revelada por The New York Times.
Coronell sostuvo que la revista había privilegiado la conveniencia política sobre el deber periodístico. Semana terminó cancelando su columna.
La historia, sin embargo, tuvo un segundo capítulo. Coronell regresó a la revista unas semanas después, pero en 2020 volvió a enfrentarse públicamente con la dirección por otra decisión editorial. Esta vez, su espacio fue cancelado definitivamente.
En su propia explicación, el periodista relacionó su salida con su decisión de cuestionar públicamente las decisiones de la revista. El País describió el episodio como una secuencia de despido, regreso y posterior cancelación definitiva de su espacio.
Aunque el caso Coronell no puede presentarse como un despido ordenado por un presidente, sí resulta relevante para esta discusión porque ocurrió en medio de un contexto político altamente polarizado y muestra que la independencia periodística también puede entrar en conflicto con los intereses editoriales y empresariales de los propios medios.
