Así se fracturó la relación entre Petro y Noboa: los episodios olvidados que marcaron la crisis
La relación entre Gustavo Petro y Daniel Noboa pasó de la cooperación inicial a una crisis diplomática, comercial e incluso militar.

La relación entre Colombia y Ecuador ha experimentado un proceso de deterioro sin precedentes en la historia contemporánea de la región.
En tiempos recientes esta crisis es solo comparable con la del 2008 cuando el Gobierno de Álvaro Uribe, con apoyo del FBI y la DEA, bombardeó el campamento de Raúl Reyes en Santa Rosa de Yanamaru, en el lado ecuatoriano, cuando gobernaba Rafael Correa.
Dieciocho años después, estos países hermanos están de nuevo enfrentados. En esta ocasión todo comenzó en noviembre de 2023 con una “cordialidad estratégica” entre Gustavo Petro y un recién posesionado Daniel Noboa.
En menos de treinta meses, esa relación colapsó y se convirtió en una crisis que evoca los capítulos más oscuros de la diplomacia andina. Hoy, el vínculo está marcado por una guerra comercial abierta, la suspensión de flujos energéticos y, más recientemente, denuncias sobre violaciones a la soberanía nacional mediante supuestos bombardeos.
La ilusión del pragmatismo inicial
En noviembre de 2023, Daniel Noboa asumió la presidencia de Ecuador como el mandatario más joven de su historia. Su llegada fue recibida por el gobierno de Gustavo Petro con una cortesía fundamentada en la necesidad de abordar desafíos fronterizos comunes.
En los primeros meses, tras algunos encuentros en Ecuador y Colombia, el diálogo se centró en la gestión de la crisis penitenciaria ecuatoriana y en la necesidad de repatriar a aproximadamente 3.000 presos colombianos y venezolanos con sentencias firmes, para aliviar el hacinamiento crítico en las cárceles del país vecino.
Sin embargo, este punto de encuentro pronto se convirtió en el primer foco de fricción. La administración de Petro, priorizando el debido proceso y los protocolos internacionales, ralentizó las repatriaciones masivas. Noboa interpretó esto como un incumplimiento de acuerdos verbales y una “falta de voluntad” frente a la emergencia interna de su país.
El choque de doctrinas y el quiebre de 2024
A medida que avanzaba 2024, la brecha entre las visiones de seguridad de ambos mandatarios se hizo insalvable. Noboa implementó el Plan Fénix, una doctrina de militarización profunda tras declarar un conflicto armado interno contra organizaciones calificadas como “narcoterroristas”. Este enfoque contrastaba frontalmente con la propuesta de Paz Total de Petro, que prioriza el diálogo con grupos irregulares y la seguridad humana.
Para la experta ecuatoriana en comunicación política Caroline Ávila, este tipo de diferencias no son nuevas, pero sí distintas en su ejecución. Ávila recuerda que, aunque ya hubo incidentes fuertes como el de 2008 entre Uribe y Correa, “claramente las relaciones son distintas” en la actualidad, marcadas por una alarmante falta de canales directos.
Un hito fundamental en la fractura de la confianza fue el asalto a la embajada de México en Quito, el 5 de abril de 2024. Petro condenó la irrupción para capturar al exvicepresidente correísta Jorge Glas como una “barbarie política” y una violación flagrante de la Convención de Viena.
A los ojos de Noboa, esta postura fue vista como una injerencia en asuntos internos y un respaldo indirecto al correísmo, la fuerza política que le hace oposición. Sin embargo, el detalle que terminó de agravar la situación fue la decisión de Petro de otorgar a Glas la ciudadanía colombiana y pedir su envío a Colombia.
Desde entonces, Quito comenzó a acusar a Bogotá de un “descuido deliberado” de sus límites territoriales, permitiendo que facciones de las disidencias de las FARC, como los Comandos de Frontera, delinquieran con impunidad.
El polémico viaje a Manta
El 24 de mayo de 2025, Gustavo Petro asistió a la segunda toma de posesión de Daniel Noboa tras su reelección. A pesar de su presencia, el tono fue de confrontación abierta: Petro fue el último mandatario en arribar y lo hizo tras no haber reconocido inicialmente el triunfo de Noboa en las urnas.
Al inicio de la ceremonia, Petro publicó en X: “El vecindario de Colombia... se llena de déficits democráticos y de amenazas latentes de intervención foránea”. Ávila, en diálogo con Minuto60, analiza este comportamiento señalando que “en la época de las redes sociales es evidente que hay una línea de construcción que supera lo diplomático y que en este momento existe principalmente en las redes”.
Según la experta, hoy habitamos en el “reino de los tuits”, donde “resaltan aquellos que mayor emocionalidad generen y eso es justamente lo que (hizo en su momento Petro) y están haciendo ambos mandatarios actualmente”.
Durante esa visita, el mandatario colombiano generó una profunda incomodidad diplomática al declarar ante medios locales: “Creo que Glas es un preso político”, y anunciar que solicitaría formalmente su liberación. Sin embargo, el episodio que mayor desconfianza sembró en el gobierno ecuatoriano fue el sospechoso viaje de Petro a la ciudad de Manta.
Manta, catalogada en ese momento como una de las ciudades más peligrosas de Latinoamérica, fue el escenario de una estancia inusual del presidente colombiano. Petro justificó su presencia en dicha localidad alegando que se encontraba allí únicamente para “escribir algunas páginas de un libro” que planea publicar al finalizar su gobierno.
Esta explicación fue recibida con escepticismo por las autoridades ecuatorianas, que vieron en el viaje una actividad polémica y sospechosa, dado el contexto de inseguridad de la zona y al hecho de que días después de ese viaje, en esa misma ciudad, fue capturado el mayor narcotraficante de Ecuador, alias Fito, lo que profundizó la fractura personal entre ambos líderes.
Noboa, por su parte, ha respondido con lo que Ávila califica como un “discurso de clara incivilidad”, utilizando el sarcasmo y ataques personales. Noboa llegó a fustigar a Petro diciendo: “Mientras en Colombia les dan espacio a la familia de Fito... nosotros seguiremos limpiando y levantando a Ecuador”. Ávila critica esta retórica, señalando que el uso de gestos “poco corteses y nada diplomáticos” busca réditos electorales inmediatos más que soluciones de fondo.
La tasa de seguridad de Noboa
Finalmente, la tensión diplomática se materializó en una confrontación económica directa a comienzos de 2026. En enero, Noboa impuso una tasa de seguridad de hasta el 50 % a las importaciones colombianas, argumentando la inacción de Bogotá frente al narcotráfico.
Petro respondió con “reciprocidad”, aplicando aranceles del 30 % a productos ecuatorianos y suspendiendo la venta de energía eléctrica a Ecuador en febrero de 2026.
Esta medida fue retadora para Ecuador, ya que la energía colombiana representaba entre el 8 % y el 10 % de su consumo nacional. El ministro de Minas colombiano, Edwin Palma, calificó la situación como una respuesta a una “agresión económica”.
Por su parte, Ecuador elevó en un 900 % la tarifa de transporte de crudo colombiano por sus oleoductos, pasando de 3 a 30 dólares por barril. Gremios como la Andi y el CEE advirtieron que los consumidores serían los únicos perdedores en esta espiral de retaliaciones.
Los supuestos bombardeos
No obstante, este lunes 16 de marzo de 2026, la crisis alcanzó su punto más crítico tras denuncias de incidentes militares en la frontera. Gustavo Petro denunció públicamente el hallazgo de una bomba en territorio colombiano, presuntamente lanzada desde un avión ecuatoriano, a escasos 100 metros de una vivienda campesina. “Están bombardeándonos desde Ecuador y no son los grupos armados”, aseguró el mandatario durante un Consejo de Ministros.
La gravedad de la denuncia aumentó cuando Petro habló de 27 cuerpos calcinados en la frontera, calificando las explicaciones técnicas recibidas como “no creíbles”.
Según el presidente colombiano, las víctimas pertenecían a familias dedicadas a la sustitución de cultivos ilícitos: “Las bombas están en el piso, cerca de familias... muchas de ellas han decidido pacíficamente reemplazar sus cultivos de hoja de coca”.
Daniel Noboa rechazó las acusaciones, tildándolas de “falsas”. El presidente ecuatoriano defendió la soberanía de sus operativos militares contra campamentos de grupos armados como los Comandos de Frontera, en la provincia de Sucumbíos.
Desde el primer día hemos combatido al narcoterrorismo en todas sus formas: a los que operan en las calles y a los que, desde la política o incluso desde la función judicial, se prestan para proteger a los delincuentes.
— Daniel Noboa Azin (@DanielNoboaOk) March 17, 2026
Hoy, junto a la cooperación internacional, continuamos en…
Información sobre los bombardeos, ¿estrategia política?
“Presidente Petro, sus declaraciones son falsas; estamos actuando en nuestro territorio, no en el suyo”, replicó Noboa en redes sociales, atribuyendo la infiltración de estos grupos al “descuido” de la frontera por parte de Colombia.
Para Ávila, "hubo directamente una queja de parte del presidente Petro. Lo mejor hubiese sido utilizar la línea diplomática, pero lo que hace es directamente exponer esto en los medios y en las redes". Tanto como esa acusación pública, como la respuesta de Noboa, solo atiza, según la experta, la crisis.
La analista advirtió, además, que esta estrategia de confrontación constante puede ser contraproducente para el mandatario ecuatoriano: “Al ecuatoriano no le convence esta idea de andarse peleando por todo lado... le es mucho más redituable en términos electorales el hecho de tener esa colaboración internacional para poder luchar contra la guerrilla; pero no la pelea, no el conflicto”.
La transición de una relación cordial en 2023 a una tensión histórica en marzo de 2026 marca el fin de la integración pragmática en la región andina. La influencia de la nueva estrategia de seguridad de Washington, denominada “Escudo de las Américas”, ha profundizado la desconfianza de Petro, quien ve en el alineamiento de Noboa con Estados Unidos el retorno de una política intervencionista.
Mientras Colombia despliega tropas para verificar el artefacto explosivo que apareció en el lado colombiano y Ecuador mantiene su ofensiva contra el narcoterrorismo, la frontera se ha convertido en un territorio de alta volatilidad, donde la diplomacia parece haber sido reemplazada definitivamente por la confrontación política.
Ávila concluye que este no es el mejor momento para una disputa de tal magnitud, dado que “el tema de los aranceles con Colombia sigue afectando los niveles de producción... están bastante comprometidos”. Con los sectores productivo y turístico sufriendo los efectos de los toques de queda y la guerra comercial, ella advierte que “no es el mejor momento para andarse peleando con el vecino”.