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¿Y qué hay de la cultura ciudadana del Metro de Bogotá?

La apropiación ciudadana no comienza cuando se inaugura una obra.

Lucy Molano Rodríguez
Lucy Molano RodríguezArquitecta. Experta en participación, cultura ciudadana y gobernanza urbana.
05 AGO 2026 - 16:00Actualizado: 05 AGO 2026 - 21:01

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Como bogotana me siento profundamente orgullosa de ver que, después de casi ochenta años de debates, estudios, promesas y frustraciones, por fin se esté construyendo la Primera Línea del Metro de Bogotá. Es, sin duda, la obra de infraestructura más importante de la historia reciente de la ciudad.

Sin embargo, mientras avanza la obra, no puedo evitar pensar que nos está cogiendo la tarde para construir otra obra igual de importante, aunque mucho menos visible: la cultura ciudadana que hará posible el éxito de este gran proyecto.

Porque el Metro no será exitoso únicamente por la calidad de su ingeniería. Su verdadero éxito dependerá de nuestra capacidad para convivir, respetar las normas, cuidar lo público y asumir que un sistema de transporte de esta magnitud también exige una transformación en la manera como nos relacionamos con la ciudad y entre nosotros mismos.

En otras palabras, como he sostenido en mis columnas anteriores, toda infraestructura física necesita una infraestructura sociocultural que la haga posible, la cuide y la sostenga en el tiempo.

Desde el pasado mes de junio he tenido la oportunidad de participar en Metro 20, una iniciativa liderada por Bogotá Cómo Vamos, la Fundación Despacio y El Tiempo Casa Editorial, que busca abrir espacios de diálogo entre ciudadanía, expertos e instituciones para responder una pregunta tan sencilla como trascendental: ¿cómo vamos a habitar Bogotá bajo el Metro?

¿cómo vamos a habitar Bogotá bajo el Metro?

En esos encuentros he insistido en una idea que nace de casi tres décadas liderando el componente de cultura ciudadana de innumerables megaproyectos de desarrollo urbano en la ciudad: la apropiación ciudadana no comienza cuando se inaugura una obra. Comienza mucho antes, desde los estudios, el diseño, la construcción y, sobre todo, desde la confianza que las instituciones logren construir con las comunidades.

Aprendí esa lección acompañando numerosos proyectos de infraestructura y la confirmé durante el desarrollo de TransMiCable en Ciudad Bolívar. Allí entendimos que el proyecto no empezaba cuando el cable iniciara su funcionamiento. Empezaba cuando los habitantes sentían que el proyecto también les pertenecía. Esa apropiación terminó siendo uno de los principales factores de sostenibilidad del sistema.

Por eso me preocupa que la conversación sobre el Metro siga concentrándose casi exclusivamente en aspectos técnicos, financieros o constructivos. Pareciera que seguimos creyendo que una buena infraestructura, por sí sola, transforma una ciudad.

La experiencia demuestra exactamente lo contrario.

Ningún sistema cambia simplemente porque inauguremos la obra del Metro. Si hoy normalizamos los colados, el vandalismo, el ruido de los teléfonos y la falta de respeto por los demás en TransMilenio, esos mismos comportamientos viajarán al Metro desde el primer día de operación.

La cultura ciudadana no se inaugura junto con las estaciones. Se construye durante años.

Reconozco que el Distrito ha dado pasos importantes con la estrategia Bogotá Modo Metro y también conozco otros esfuerzos que se vienen adelantando para preparar la transformación urbana que acompañará este proyecto. Sin embargo, el reto supera ampliamente una campaña de comunicaciones o las acciones aisladas de cada entidad.

Lo que Bogotá necesita es un verdadero ecosistema de cultura ciudadana para el Metro, donde confluyan la Empresa Metro, el concesionario Metro Línea 1, las secretarías distritales, iniciativas de la sociedad civil como Metro 20, la estrategia Ondas Metropolitanas de la Secretaría de Planeación, la Política de Protección a Moradores y Actividades Productivas liderada por la Secretaría de Hábitat, la academia, el sector privado y, por supuesto, la ciudadanía.

Lo que Bogotá necesita es un verdadero ecosistema de cultura ciudadana para el Metro (...)

No se trata de sumar campañas. Se trata de construir una visión compartida de ciudad.

Las grandes ciudades que han consolidado sistemas férreos exitosos entendieron hace muchos años que el Metro no es únicamente un medio de transporte; es también una escuela cotidiana de convivencia. Cada viaje enseña a respetar el turno, cuidar lo público, convivir con desconocidos y comprender que los derechos individuales siempre encuentran un límite en el bienestar colectivo.

El mejor referente colombiano de esta visión es, sin duda, la Cultura Metro de Medellín.

Desde antes de la entrada en operación del sistema, la Empresa Metro en Medellin entendió que construir la infraestructura no era suficiente; era indispensable construir una nueva relación entre la ciudadanía y el transporte público. Por eso desarrolló durante décadas un modelo de gestión social, educativa y cultural basado en el trabajo con las comunidades, la formación en valores, el relacionamiento permanente con los vecinos de las estaciones y la generación de confianza y sentido de pertenencia hacia el sistema. Hoy ese modelo es reconocido como una de las principales razones que explican el cuidado y la apropiación del Metro por parte de millones de usuarios y ha servido de inspiración para otras ciudades de América Latina.

Bogotá tiene la oportunidad de aprender esa lección antes de que empiecen a circular los primeros trenes en 19 meses.

En mi columna anterior afirmaba que el verdadero problema de Bogotá no es solamente cómo diseña sus proyectos, sino cómo construye acuerdos duraderos alrededor de ellos. Los comentarios de muchos lectores reforzaron esa reflexión: necesitamos una ciudadanía que participe desde el origen de las decisiones, que se apropie de los proyectos y que contribuya a garantizar su continuidad, más allá de los cambios de gobierno.

Estoy convencida de que esa misma lógica debe orientar la construcción de la cultura ciudadana del Metro de Bogotá.

Por eso hago un llamado al alcalde Galán para que convierta este desafío en una prioridad de ciudad. Si Bogotá quiere que su Metro sea un patrimonio colectivo y no solo una gran obra de ingeniería, la cultura ciudadana debe comenzar a construirse desde ahora.

Por eso hago un llamado al alcalde Galán para que convierta este desafío en una prioridad de ciudad.

Más que entregar una línea férrea, esta administración tiene la oportunidad de dejar como legado una verdadera política pública de cultura ciudadana para los grandes proyectos urbanos de Bogotá. Porque los trenes podrán mover millones de pasajeros. Pero solo una ciudadanía comprometida será capaz de mover a Bogotá hacia una ciudad más respetuosa, más solidaria y más sostenible.

¿Estamos preparando únicamente el Metro que recorrerá Bogotá o también la ciudadanía que será capaz de usarlo adecuadamente?

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