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La salud asesina de Petro

Tuvimos un presidente que puso su ideología por encima del cuidado de la vida humana.

Waldir Ochoa
Waldir OchoaComunicador. Especialista en Estudios Políticos. Premio Simón Bolívar de Periodismo y Rey de España de Periodismo.
04 AGO 2026 - 07:05Actualizado: 04 AGO 2026 - 12:05

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El título de esta columna puede ser calificado como un oxímoron, una contradicción, un sinsentido semántico amigos lectores. Pero no es así, se darán cuenta. Escribo esto cuando estamos a pocas horas de que Gustavo Petro entregue el poder presidencial en Colombia. Y justo por eso hemos venido leyendo en estos días distintos informes de prensa y columnas que hacen balances de los cuatro años de la izquierda en el poder. Hoy haré el mío en un solo tema.

Petro me pareció pésimo en casi todos los frentes. Pero estaría dispuesto a perdonar como ciudadano todos sus abusos, yerros y desvaríos, menos uno: la destrucción deliberada e intencionada que hizo, junto con Carolina Corcho y Guillermo Alfonso Jaramillo, del sistema de salud colombiano. El ya tristemente célebre para la historia Shu Shu Shu.

Petro me pareció pésimo en casi todos los frentes.

Esta destrucción ha significado la muerte de miles de colombianos y el deterioro de la calidad de vida de muchos otros. Si al uribismo se le ha hecho responsable de la muerte de 6402 colombianos por las ejecuciones extrajudiciales o falsos positivos, a Petro la historia también deberá hacerle responsable por los miles de homicidios silenciosos derivados de la falta de una buena atención en salud. Solamente para encuadrar esta afirmación, la Federación Colombiana de Enfermedades Raras reportó que entre 2025 y el primer semestre de 2026 murieron 2.637 pacientes con enfermedades huérfanas por demoras, interrupciones o fallas evitables en el acceso a tratamientos. Y los casos que no se han investigado o contabilizado son seguro mayores.

Los hechos son inobjetables. El informe "Corte de cuentas del sector salud" del observatorio Así Vamos en Salud —que comparó la situación en agosto de 2022 con el cierre del cuatrienio— documentó que la cobertura de afiliación retrocedió: del máximo histórico de 99,61% en 2022 se pasó a 98,23% en 2026 y esto parece mínimo, pero no, equivale a más de un millón de personas que salieron del sistema de salud. 

En paralelo, las quejas y reclamos pasaron de 1.149.403 en 2022 a un máximo histórico de 2.048.435 en 2025, el 60 % de ellas contra EPS intervenidas por la propia administración de Petro. Las tutelas por derecho a la salud llegaron a 312.573 en 2025, más del doble de las 156.274 registradas en 2022 y hoy una de cada tres tutelas que se interpone en Colombia es por salud.

(...) las quejas y reclamos pasaron de 1.149.403 en 2022 a un máximo histórico de 2.048.435 en 2025, el 60 % de ellas contra EPS intervenidas por la propia administración de Petro.

Ante el deterioro financiero, el Gobierno optó por intervenir administrativamente a las EPS a través de la Superintendencia Nacional de Salud. Hoy son siete las entidades intervenidas —Emssanar, Asmet Salud, Famisanar, Nueva EPS, S.O.S., Capresoca y Coosalud—, que suman cerca de 20 millones de afiliados. Pero la propia Contraloría General de la República concluyó que esas intervenciones "no han logrado estabilizar financiera, jurídica ni operativamente" a las entidades tomadas, y que el 75 % de ellas mantiene un desempeño calificado como medio-bajo. Un análisis de la Unión de Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud reveló que en el primer trimestre de 2026 las EPS intervenidas gastaron 117,8 pesos por cada 100 que ingresaron, frente a 100,8 pesos en las no intervenidas.

Pero estos números fríos desafortunadamente tienen rostro. El caso de Kevin Acosta, un niño de siete años con hemofilia severa que murió en Bogotá en febrero de 2026 tras la interrupción de su medicamento por parte de la Nueva EPS —intervenida desde 2024-, se convirtió en símbolo de esa crisis para buena parte de la opinión pública. Al igual que Cecilia Quintero, una mujer de 70 años, que murió el 24 de febrero de 2026 tras desplomarse en un dispensario de Cafam en Cúcuta que atendía a usuarios de la Nueva EPS. Ella reclamaba los medicamentos e insumos con meses de retraso para su hijo con discapacidad, su esposo y ella misma. Y así habrá muchos más que no resultaron mediáticos, pero si trágicos para sus familias.

La administración de Petro desarrolló una narrativa de “Aquí no pasa nada” diciendo que les quitaron la plata a los poderosos privados para democratizar el acceso a la salud y prevenir entre los más humildes. Incluso Petro ha repetido que hoy el servicio de salud es mejor gracias a su gestión. Una falacia del tamaño de una catedral.

(...) diciendo que les quitaron la plata a los poderosos privados para democratizar el acceso a la salud y prevenir entre los más humildes.

Y es tan real el retroceso, que el gasto privado en medicamentos se disparó, sobre todo entre las personas más pobres: en 2021 los colombianos gastábamos $7,6 billones de nuestro propio bolsillo en medicinas, mientras que en 2024 la cifra alcanzó más de $9,5 billones — un incremento de casi $2 billones en solo tres años. 

Mientras tanto, de los 188 elementos que conforman la canasta familiar, la medicina prepagada ha venido escalando puestos entre los que más suben de precio. Según datos de Acemi, el país cerró 2025 con cerca de 1,5 millones de afiliados a medicina prepagada, un crecimiento del 35 % frente a 2023. Si se cuenta el universo más amplio de servicios complementarios de salud (prepagada + seguros + planes complementarios), se pasó de 3,8 millones de usuarios en 2024 a una proyección de 4,2 millones para el cierre de 2025 — unos 450.000 nuevos usuarios en un solo año. 

Pero lo terrible de esto es que el 67 % de los hogares que hoy cuentan con algún Plan Voluntario de Salud pertenecen a estratos medios o bajos — un dato clave, porque muestra que ya no es solo la población de mayores ingresos la que está migrando hacia lo privado por lujo, es la más pobre por necesidad, ante la destrucción paulatina del sistema de salud.

Y sí, salud asesina es un oxímoron porque une dos conceptos que se oponen de forma directa. La salud cuida la vida, mientras que lo asesino busca quitarla. Pero a la luz de los hechos en Colombia estos cuatro años tiene todo el sentido. Porque tuvimos un presidente que puso su ideología por encima del cuidado de la vida humana y no le importaron las muertes que fueran necesarias para imponerse en su guerra ideológica. Y eso solo lo hace una persona muy desalmada o un asesino. Por eso para mí resulta imperdonable. Y para todos aquellos que perdieron por esta vileza un ser querido.

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