
Colombia despierta hoy sin Gustavo Petro en la Casa de Nariño. Abelardo de la Espriella asume la Presidencia en medio de un país profundamente dividido: unos celebran el fin de un proyecto que consideran fallido; otros lloran el cierre de una apuesta progresista en la que creyeron. Pero más allá de esa grieta, hay una pregunta que se ha discutido en las últimas semanas entre periodistas y líderes de opinión, y que promete acompañarnos los próximos meses: ¿qué hacer con Petro una vez sea expresidente, sobre todo teniendo en cuenta su intensa actividad tuitera durante su mandato?
La tesis del silencio
Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido de 1979 a 1990, pronunció una frase que se volvió doctrina en comunicación política: había que "starve them of the oxygen of publicity" — privar de oxígeno mediático a ciertos actores, porque su poder depende de la atención que reciben, no de las instituciones que ocupan. Es la idea del oxígeno de la publicidad.
(...) privar de oxígeno mediático a ciertos actores, porque su poder depende de la atención que reciben (...)
En la misma línea está la teoría del agenda-setting, de los profesores Maxwell McCombs y Donald Shaw. Esta teoría clásica de comunicación política sostiene que los medios no dicen qué pensar, pero sí determinan sobre qué se piensa, dándole relevancia a ciertos temas por la sola atención que reciben.
Erving Goffman, sociólogo canadiense-estadounidense, describe la vida pública como una actuación que necesita público permanente. Un expresidente conflictivo sigue necesitando audiencia para mantenerse relevante. Sin espectadores que reaccionen —ni aplaudiendo ni abucheando—, la actuación pierde sentido escénico.
Estas teorías enmarcan bien la discusión. Cada columna, tuit o entrevista que "corrige" a Petro le da un lugar en la agenda pública que, como expresidente sin poder ejecutivo, ya no tendría por derecho propio. Cada reacción es una transacción: le transferimos a Petro un activo valioso —visibilidad— a cambio de nada. El silencio, en cambio, deja que su capital político se deprecie por desuso. Y hay un riesgo adicional: cada corrección pública puede alimentar un relato de persecución que sus simpatizantes usan para reforzar la idea de un expresidente víctima del establecimiento.
La tesis contraria
Por otro lado están quienes defienden lo opuesto: confrontar y corregir a Petro es la mejor salida para evitar que interpretaciones sesgadas de la realidad tomen fuerza entre quienes simpatizan con él. No se trata de negar que tiene —y tendrá— una base de apoyo; se trata de que esa base no quede expuesta únicamente a versiones distorsionadas de los hechos sin ningún contrapeso público.
En este sentido, Louis Brandeis, juez de la Corte Suprema de Estados Unidos a comienzos del siglo XX, acuñó la frase "el sol es el mejor desinfectante", refiriéndose a que la exposición pública y el escrutinio son la mejor defensa institucional contra el abuso de poder, incluso el de exfuncionarios. En la misma dirección, algunos politólogos argumentan que ignorar a exmandatarios problemáticos es una forma de impunidad simbólica: si nadie corrige el relato, el relato distorsionado se convierte en historia oficial por defecto.
(...) la exposición pública y el escrutinio son la mejor defensa institucional contra el abuso de poder (...)
Mi posición
Personalmente creo que bajarle importancia a sus publicaciones en X, bajarle el tono a sus discursos desde donde esté, no "inflarlo" con reacciones constantes, es la mejor estrategia. No porque no merezca escrutinio —lo merece—, sino porque el país necesita enfocar su energía colectiva en resolver los problemas técnicos, políticos, económicos y sociales que dejó su gobierno, en lugar de seguir atado a su ciclo de controversia.
El silencio, no el aplauso ni el abucheo, es lo único que de verdad puede bajarle el telón a esta obra.
¿Usted qué camino tomaría: ignorarlo o confrontarlo? Lo leo en los comentarios.
Copyright © – Minuto60 – 2026