
Hace unos meses tenía programado ir al estadio a ver un partido de fútbol con mi hijo, pero este fue aplazado por el mal estado de la cancha, lo que cada vez es más frecuente. Más allá de las responsabilidades que le pueden caber al operador del estadio, es claro que la ola invernal fue un factor determinante y el impacto del cambio climático está teniendo consecuencias en la infraestructura y la práctica deportiva.
Esta relación entre factores ambientales y el desarrollo del deporte se está dando a nivel global. Grandes eventos como los Juegos Olímpicos, tanto de verano como de invierno, ya enfrentan restricciones crecientes asociadas al agua, el calor extremo y la variabilidad climática.
En el caso de París 2024, Francia vivió en los años previos una sequía severa que obligó a imponer restricciones al uso del agua. De haberse prolongado, las empresas de suministro de agua de París habrían tenido que restringir el consumo de agua, lo que habría afectado los Juegos.
Afortunadamente las lluvias llegaron a tiempo, pero con otra amenaza debida a la escorrentía y contaminación en el río Sena, eje central de los Juegos. Esto llevó a la ciudad a tomar acciones para mejorar la calidad de agua del río y hacer que esta fuera lo suficientemente segura para que los atletas pudieran competir. Sobre este tema, Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional, afirmó que “si el cambio climático continúa tal y como lo prevén los expertos, será muy difícil organizar los Juegos Olímpicos en verano”.
Si el cambio climático continúa tal y como lo prevén los expertos, será muy difícil organizar los Juegos Olímpicos en verano.
Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional
Pero no se trata solo de eventos globales. El cambio climático también afecta la práctica cotidiana del deporte. Temperaturas extremas, lluvias más intensas y mayor frecuencia de inundaciones alteran las condiciones para correr, montar bicicleta o utilizar escenarios deportivos. Lo que antes era una actividad rutinaria se vuelve cada vez más incierto.
Esto tiene implicaciones económicas y de política pública. El deterioro de la infraestructura deportiva, la interrupción de eventos y la necesidad de adaptación generan costos crecientes que no siempre están siendo considerados en la planeación del sector.
Algunos países ya están empezando a reaccionar. En Francia, por ejemplo, WWF ha propuesto estrategias para integrar el cambio climático en la planificación del deporte, desde la gestión del agua hasta la adaptación de escenarios y la reducción de impactos ambientales.
Ignorar los efectos del cambio climático sobre este sector no solo implica perder partidos, sino asumir costos crecientes.
En Colombia existen iniciativas puntuales, como las lideradas por organizaciones como WWF que en la Media Maratón de Bogotá promovió el concepto de One Health que plantea que la salud del planeta está directamente ligada con la salud de las personas; o la Fundación Natura, a través de la carrera verde, apoya proyectos de restauración. Sin embargo, aún falta incorporar de manera sistemática los riesgos climáticos en la gestión del sector.
El deporte es parte de la calidad de vida, pero también es infraestructura, inversión y actividad económica. Ignorar los efectos del cambio climático sobre este sector no solo implica perder partidos, sino asumir costos crecientes y evitar decisiones de adaptación que tarde o temprano serán inevitables.
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