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Colombia no solo se quema por el bosque: también se quema por la energía

El IDEAM presentó el Inventario Nacional de Emisiones y Absorciones Atmosféricas 1990-2024 que permite consultar datos detallados por territorio.

Javier Sabogal Mogollón
Javier Sabogal MogollónFue asesor de los ministerios de Hacienda y Ambiente, ha trabajado en el Banco Mundial, la CAF, el PNUD, la WWF y en el Acueducto de Bogotá
22 JUL 2026 - 12:19Actualizado: 22 JUL 2026 - 17:33

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Durante años, cuando se hablaba de la huella climática de Colombia, la conversación arrancaba casi automáticamente con la Amazonía y la deforestación. Esto se debía a que durante mucho tiempo el cambio de uso del suelo, especialmente causado por la deforestación fue, con amplio margen, la principal fuente de emisiones del país. Esa narrativa acaba de cambiar.

La semana pasada el IDEAM presentó el Inventario Nacional de Emisiones y Absorciones Atmosféricas 1990-2024 (INGEI), integrado con una nueva plataforma (SINGEI) que por primera vez permite consultar los datos con nivel de detalle departamental y municipal. Es un salto importante en materia de transparencia climática ya que entender cuánto emite y absorbe cada territorio es la base para diseñar política pública basada en evidencia.

Pero el dato que debería concentrar la atención no es metodológico, sino sustantivo. En 2024 Colombia registró emisiones netas de 276,7 millones de toneladas de CO₂ equivalente, un 23% más que en 1990. Y por primera vez desde 2022, el sector Energía (38,1% del total, liderado por transporte terrestre y generación eléctrica) superó a Usos del Suelo, Cambio de Uso del Suelo y Silvicultura (LULUCF, 27,4%) como la principal fuente de emisiones del país. Agricultura aparece en tercer lugar con 21%, seguida de Residuos (9,4%) e Industria (4,2%).

Este giro no significa que la deforestación haya dejado de ser un problema. Significa que el perfil de emisiones de Colombia se está pareciendo más al de una economía basada en combustibles fósiles y que ignorar ese cambio de tendencia sería un error de diagnóstico con consecuencias fiscales y de política pública.

(...) el perfil de emisiones de Colombia se está pareciendo más al de una economía basada en combustibles fósiles (...)

Vale la pena ser preciso aquí, porque hay un riesgo de leer esta noticia como si el bosque ya no importara. Todo lo contrario, la protección de los bosques debe seguir siendo una de las prioridades más importantes considerando los servicios que estos ecosistemas proveen, no solo asociados a la absorción de gases de efecto invernadero.

En este periodo de transición entre gobiernos hay una disputa sobre los resultados en deforestación. Susana Muhamad, exministra de Ambiente de la administración Petro, defiende la gestión para su control señalando que esta presidencia entregará la cifra de deforestación más baja en los últimos 23 años. Mientras que el ministro designado por De la Espriella, Fabio Arjona, expresa que los índices de pérdida de bosque crecieron y que la gestión del anterior gobierno “… quedó en un discurso vacío con una gestión bastante precaria”.

Más allá de las disputas hay que tener en cuenta que la NDC 3.0 de Colombia, en su versión final aprobada en diciembre pasado, fija como meta llevar la deforestación bruta a entre 37.500 y 49.999 hectáreas anuales en 2035, que aunque ajusta frente al techo de 50.000 ha/año que fijaba la NDC anterior para 2030, sigue siendo retadora. Más cuando el informe del IDEAM encuentra que tras la reducción histórica de 2023 (79.256 hectáreas), la cifra volvió a subir a 113.608 hectáreas en 2024, con estimados de alrededor de 100.000 hectáreas en 2025. 

Es bueno ver que el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella ha sido explícito en afirmar que la deforestación seguirá siendo prioridad, pero con un giro conceptual relevante ya que la entiende ante todo como un problema de seguridad y control territorial, debido a economías ilegales. Es una lectura que puede tener fundamento (buena parte del cambio de uso de suelo en la Amazonía ocurre en zonas con presencia de economías criminales), pero que corre el riesgo de subestimar variables igual de importantes, como el ordenamiento social de la propiedad, el cierre de la frontera agropecuaria, la promoción de sectores alternativos que brinden oportunidades económicas (como la bioeconomía) o el fortalecimiento de las comunidades indígenas como autoridades ambientales en sus territorios. Lograr la meta de reducción de deforestación no depende solo de más pie de fuerza, sino de que esas otras piezas también encajen en el engranaje para combatir los factores que la causan.

Ahora bien, volviendo al tema de la energía, el programa del gobierno entrante deja claro que el petróleo, el gas y la minería volverán a ser centrales para financiar el desarrollo del país, incluyendo eventuales aperturas en zonas hoy restringidas. Es una apuesta legítima de política económica y coherente con lo que ha planteado el presidente electo desde campaña. Pero llega justo en el momento en que los datos confirman que la energía, no el bosque, es hoy el mayor emisor de Colombia.

(...) el programa del gobierno entrante deja claro que el petróleo, el gas y la minería volverán a ser centrales para financiar el desarrollo del país (...)

El presidente electo ha manifestado que en todo caso dará prioridad al impulso de las energías renovables y su ministro Arjona señaló que su gestión hará "un esfuerzo grande por impulsar todos los temas de transición energética que son fundamentales, no solamente para la descarbonización, sino para tener una diversidad en nuestra canasta energética que nos permita ser más resilientes a fenómenos como El Niño". El reto es que esa intención se traduzca en metas concretas de energías renovables no convencionales, y no quede subordinada exclusivamente al impulso de los fósiles.

Si el sector que más pesa en la huella climática del país es el energético, y el nuevo gobierno va a profundizar la explotación de hidrocarburos, la única forma de que esa combinación sea compatible con la NDC, que compromete a Colombia a no superar entre 155 y 161 MtCO₂eq en 2035, es que el crecimiento de los fósiles venga acompañado de un crecimiento relevante de la generación renovable. 

El inventario del IDEAM no es solo un ejercicio técnico de transparencia. Es un mapa que le dice al nuevo gobierno dónde está realmente el problema. Durante años el debate sobre la mitigación del cambio climático en Colombia miró casi exclusivamente hacia la selva. Hoy también tiene que mirar hacia la toma de corriente y el surtidor de gasolina.

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