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De ser el primer preso político del chavismo a fugarse a EE. UU.: la historia de Iván Simonovis

La caída del poder en Venezuela revive el caso del expolicía cuya condena inauguró la persecución judicial y cuya fuga expuso las grietas del régimen.

De ser el primer preso político del chavismo a fugarse a EE. UU.: la historia de Iván Simonovis
Iván Simonovis junto a Donald Trump. - Crédito: AFP
Gustavo Márquez Hernández
Gustavo Márquez HernándezPeriodista
08 ENE 2026 - 20:00Actualizado: 19 MAR 2026 - 17:13

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La madrugada del 3 de enero de 2026 marcó un quiebre que durante años pareció imposible en Venezuela. La captura de Nicolás Maduro en Caracas por fuerzas estadounidenses aceleró una transición política que está siendo encabezada de forma interina por Delcy Rodríguez y que busca recomponer puentes con la comunidad internacional.

En cuestión de días, el nuevo equilibrio de poder produjo un gesto reclamado durante años por organizaciones de derechos humanos: la liberación de presos políticos. Nombres como Rocío San Miguel y Juan Pablo Guanipa volvieron a la calle como parte de una estrategia para ganar legitimidad externa y oxígeno interno.

Así, las excarcelaciones no solo reabrieron el debate sobre la justicia en Venezuela, sino que devolvieron al centro de la conversación una figura clave del sistema de persecución política del chavismo. Iván Simonovis, excomisario de la Policía Metropolitana de Caracas, es señalado por analistas, ONG y juristas como el primer gran preso político de la Revolución Bolivariana.

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El policía que no era político

Iván Simonovis no surgió de las filas partidistas ni del activismo opositor; su carrera se forjó en los años noventa, en un Estado venezolano que aún apostaba por la profesionalización de los cuerpos de seguridad. Formado en criminalística y con estudios de posgrado en gerencia, se convirtió en una de las caras visibles de la modernización policial en Venezuela.

Así, desde la Brigada de Acciones Especiales del antiguo PTJ lideró operaciones de alto riesgo y ganó reconocimiento público en 1998. Ese perfil fue el que lo llevó, en el año 2000, a asumir la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Alcaldía Mayor de Caracas, entonces bajo la gestión de Alfredo Peña.

Iván Simonovis durante el Secuestro en Cúa de 1998

Iván Simonovis durante el Secuestro en Cúa de 1998. Crédito: J L Rangel - CC BY 4.0

Por ese entonces, el país ya transitaba una fuerte polarización con Hugo Chávez en la presidencia, pero Simonovis ocupaba un rol esencialmente operativo: coordinaba la seguridad de una ciudad en tensión permanente. Su enfoque estaba lejos del discurso ideológico y se acercaba más a mapas del delito, prevención y cooperación internacional.

Ese origen es clave para entender por qué su destino marcó un punto de inflexión, pues cuando el chavismo decidió avanzar hacia el control total de las instituciones, figuras como Simonovis representaron un obstáculo: un funcionario con legitimidad profesional, autonomía y capacidad de mando que no respondía a la lógica partidista.

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Abril de 2002 y el nacimiento del preso político

Los sucesos del 11 de abril de 2002 cambiaron para siempre el curso de la democracia venezolana. La marcha opositora que terminó en violencia cerca del Palacio de Miraflores dejó muertos, heridos y un país fracturado. Desde el poder, la narrativa oficial apuntó contra la Policía Metropolitana y sus mandos, entre ellos Simonovis.

Esa acusación llevó a su detención en noviembre de 2004, en un proceso rodeado de irregularidades que marcaron un precedente. Fue arrestado sin orden judicial clara y sometido a un proceso que se extendió por años, con cientos de audiencias y miles de pruebas. Y a pesar de la ausencia de una orden directa, en 2009 fue condenado a 30 años de prisión.

Para defensores de derechos humanos, ese juicio inauguró una nueva doctrina: el uso del sistema judicial como herramienta de castigo político. Simonovis se convirtió así en el primer preso político del chavismo, no solo por la condena, sino por el mensaje al aparato estatal: la neutralidad institucional era vista como una forma de traición.

Durante su reclusión, gran parte de ella en los sótanos del SEBIN, su salud se deterioró gravemente. Las denuncias sobre celdas sin luz natural y aislamiento prolongado circularon por organismos internacionales y reforzaron su imagen como símbolo de una represión en expansión.

Iván Simonovis en la embajada de Venezuela en EE. UU.

Iván Simonovis en la embajada de Venezuela en EE. UU. Crédito: AFP

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La fuga que anticipó el derrumbe

En 2014, el Estado venezolano le concedió arresto domiciliario y cinco años después protagonizó una fuga que sacudió al régimen. En mayo de 2019, burló la vigilancia del SEBIN, cortó el grillete electrónico y descendió desde su apartamento con una cuerda para desaparecer en minutos. La huida incluyó casas de seguridad, un escape marítimo y su salida del país hacia Estados Unidos.

Más que un acto personal, la fuga expuso las grietas internas del aparato de inteligencia chavista. Desde el exilio, Simonovis asumió un rol activo como asesor en seguridad e inteligencia, insistiendo en que el problema venezolano no era solo político, sino estructural y criminal.

Iván Simonovis junto a la primera dama estadounidense Melania Trump.

Iván Simonovis junto a la primera dama estadounidense Melania Trump. Crédito: Dominio público

Hoy, cuando Venezuela vive una transición incierta y los presos políticos comienzan a salir de las cárceles, la historia de Simonovis vuelve a cobrar sentido. Su caso fue el primero, pero no el último: las liberaciones de 2026 confirman que muchos detenidos no fueron culpables, sino fichas de un sistema de control.

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