Lluvia de críticas a María Corina Machado por ceder la medalla del Nobel a Donald Trump
El Comité Noruego del Nobel y sectores políticos cuestionan el uso del galardón en un juego de poder y diplomacia en medio de la crisis venezolana.

La figura de María Corina Machado, una de las principales líderes opositoras de Venezuela y reciente ganadora del Premio Nobel de la Paz, quedó en el centro de una fuerte controversia internacional tras anunciar que entregó su medalla a Donald Trump durante un encuentro privado en la Casa Blanca. El gesto, que la propia Machado defendió como un acto simbólico de reconocimiento y gratitud, fue recibido con duras críticas desde Noruega, sectores académicos, analistas políticos y buena parte de la opinión pública internacional.
La polémica estalló casi de inmediato, en especial porque el Comité Organizador del Premio Nobel había advertido previamente que el galardón es personal e intransferible. Aunque la medalla como objeto físico puede cambiar de manos, el Nobel —según recalcan sus estatutos— pertenece de forma permanente a la persona galardonada y no puede ser compartido, cedido ni utilizado como instrumento político.
El gesto y su justificación histórica
Machado explicó que su decisión estuvo inspirada en un episodio histórico de la independencia venezolana. Según relató, en 1826 el general francés Gilbert du Motier, marqués de La Fayette, entregó a Simón Bolívar una medalla de oro enviada por el entonces presidente estadounidense George Washington, como símbolo de reconocimiento y alianza. En esa lógica, la líder opositora aseguró que “devolvía el gesto” al mandatario estadounidense por su papel en el proceso político venezolano y por la presión ejercida contra el régimen de Nicolás Maduro.
Solo quien ama la causa de la libertad por encima de todo, puede tener un gesto tan inmenso como entregar su medalla del Premio Nobel de la Paz.
— Mag Jorge Castro🇨🇺 (@MagJorgeCastro) January 15, 2026
Grande María Corina Machado.
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“Le transmití el compromiso que hay en la sociedad venezolana para luchar por una transición democrática y por el bienestar de nuestra gente”, declaró Machado a las afueras del Capitolio tras reunirse con congresistas demócratas y republicanos. Para ella, la entrega de la medalla no implicaría renunciar al Nobel ni transferir su título, sino expresar un respaldo político y moral.
La reacción del Comité Nobel: un mensaje tajante
La respuesta desde Noruega no tardó en llegar. A través de redes sociales, el Comité Noruego del Nobel recordó de forma explícita que “una vez anunciado un Premio Nobel, no puede ser revocado, compartido ni transferido a otros”. Si bien reconoció que una medalla puede cambiar de propietario, subrayó que el título del Nobel de la Paz “es definitivo y perdura para siempre”.
El mensaje, aunque sobrio, fue interpretado como un claro llamado de atención a Machado y una forma de marcar distancia frente al uso político del símbolo. Para muchos analistas, la aclaración buscó proteger el prestigio y la neutralidad del Nobel, considerado uno de los instrumentos de “poder blando” más influyentes del mundo.
Críticas en Noruega y alarma entre expertos
La controversia fue particularmente intensa en Noruega, país sede del Comité del Nobel de la Paz. El medio Nettavisen realizó una encuesta previa al encuentro, en la que cerca de tres cuartas partes de los consultados se mostraron en contra de que Machado entregara la medalla a Trump. El rechazo reflejó una percepción extendida de que el galardón estaba siendo instrumentalizado con fines políticos.
Lena Lindgren, columnista del diario Morgenbladet, fue aún más dura: “Lo nuevo ahora es que el premio se está utilizando en un juego político, un juego bélico”, afirmó, en referencia al contexto de alta tensión internacional y al rol de Estados Unidos en Venezuela.
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Trump celebra, la oposición se divide
Desde Washington, la reacción fue diametralmente opuesta. Donald Trump celebró públicamente el gesto, calificándolo como “maravilloso”. En su red Truth Social, aseguró sentirse “honrado” por recibir la medalla y elogió a Machado como “una mujer extraordinaria que ha pasado por muchísimas cosas”.
Sus palabras reforzaron la percepción de que el acto tuvo una fuerte carga política y estratégica. Para críticos de Machado, la escena consolidó la idea de que la líder opositora busca desesperadamente recuperar protagonismo ante Trump, luego de haber quedado fuera de los planes inmediatos del mandatario estadounidense para el futuro político de Venezuela tras el traslado de Nicolás Maduro a Nueva York.
Dentro de la oposición venezolana, el episodio también generó divisiones. Algunos defienden la maniobra como una jugada audaz para mantener la atención de Washington sobre la crisis venezolana. Otros, en cambio, consideran que la cesión de la medalla fue un error que debilita el valor simbólico del Nobel y expone a Machado a acusaciones de subordinación política.
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¿Un costo simbólico demasiado alto?
Más allá de la legalidad formal del acto, el debate de fondo gira en torno al significado del Premio Nobel de la Paz. Para el Comité Noruego y muchos observadores internacionales, el galardón representa un reconocimiento ético universal, no una herramienta de negociación política. Utilizarlo como gesto diplomático podría sentar un precedente incómodo y erosionar su autoridad moral.
Para María Corina Machado, sin embargo, la apuesta parece clara: reforzar su vínculo con Estados Unidos y con Trump en un momento decisivo para Venezuela. El problema es que, en ese camino, el Nobel —concebido como símbolo de paz y reconciliación— terminó convertido en el epicentro de una tormenta política que amenaza con opacar el propio reconocimiento que recibió.
La pregunta que queda abierta es si el beneficio político que Machado buscaba con este gesto compensará el daño simbólico y las críticas internacionales que hoy rodean su figura. Por ahora, la medalla cambió de manos, pero la controversia apenas comienza.
