Exmilitares colombianos llegan a la brutal guerra de Sudán por red de reclutamiento internacional
Un informe de HRW revela cómo veteranos colombianos habrían sido enviados a uno de los conflictos más violentos de África.

La guerra en Sudán, considerada hoy una de las peores tragedias humanitarias del planeta, volvió a poner a Colombia en el centro de una polémica internacional. Un reciente informe de la organización Human Rights Watch señala que ciudadanos colombianos, muchos de ellos exmilitares colombianos, habrían sido reclutados y entrenados para apoyar a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), un grupo paramilitar acusado de cometer masacres y crímenes de guerra en territorio sudanés.
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La denuncia revive el debate sobre el mercenarismo colombiano, un fenómeno que lleva años creciendo silenciosamente y que encuentra en los veteranos del conflicto armado interno una mano de obra altamente apetecida en guerras extranjeras.
Sudán vive desde 2023 una confrontación brutal entre el ejército regular y las FAR, una organización paramilitar señalada por organismos internacionales de ejecutar ataques indiscriminados contra civiles, desplazamientos forzados y posibles actos de genocidio. La ONU calcula que el conflicto ya deja cerca de 200.000 muertos y millones de desplazados.
¿Cómo terminan exmilitares colombianos combatiendo en África?
De acuerdo con el informe de HRW, varios exuniformados colombianos fueron incorporados a estructuras armadas que operan junto a las FAR a través de empresas privadas de seguridad vinculadas a una red empresarial relacionada con figuras cercanas al poder en los Emiratos Árabes Unidos.
La investigación apunta especialmente a la compañía Global Security Services Group (GSSG), fundada por Ahmed Mohammed al-Humairi, quien se desempeñó como secretario general de la corte presidencial emiratí. Según HRW, aunque la empresa cambió de propietarios, continúa conectada con aliados políticos y empresariales del alto funcionario.
El reporte sostiene que estas compañías habrían facilitado procesos de contratación, traslado y entrenamiento de combatientes latinoamericanos, especialmente colombianos, aprovechando la experiencia militar adquirida durante décadas de conflicto interno.
¿Por qué los colombianos son buscados para estas guerras?
Durante años, exmilitares colombianos reclutados para guerras internacionales han participado en conflictos en Medio Oriente, África y otras regiones del mundo. La razón principal es su experiencia en combate.
Tras más de seis décadas de guerra interna, Colombia desarrolló uno de los ejércitos más experimentados de América Latina en operaciones contrainsurgentes, inteligencia y combate irregular. Ese conocimiento se convirtió en un atractivo para compañías privadas de seguridad y gobiernos extranjeros.
El problema, advierten expertos, es que muchos de estos hombres salen del país bajo contratos ambiguos, sin claridad sobre las verdaderas funciones que desempeñarán ni sobre los riesgos legales y humanitarios que enfrentarán.
La propia ONU estima que alrededor de 10.000 colombianos han sido reclutados para participar en conflictos armados internacionales en los últimos años.
¿Puede Colombia frenar el mercenarismo?
Aunque el Congreso colombiano aprobó recientemente una ley que prohíbe el mercenarismo, las autoridades siguen enfrentando enormes dificultades para detener estas redes de contratación.
El fenómeno se mueve en una zona gris: muchas empresas presentan los contratos como trabajos de seguridad privada o protección estratégica, aunque en la práctica terminen involucrando participación directa en guerras.
Mientras tanto, Emiratos Árabes Unidos continúa rechazando las acusaciones. Un funcionario del gobierno aseguró recientemente que el país “no permite que su territorio sea utilizado para reclutar, entrenar o financiar combatientes extranjeros destinados a conflictos”.
Sin embargo, desde HRW cuestionan esa postura. Juanita Goebertus, directora para las Américas de la organización, afirmó que en Emiratos “los temas de seguridad están fuertemente controlados por el Estado”, lo que hace difícil creer que estas operaciones ocurran sin conocimiento oficial.
