¿Irán en crisis? ¿Por qué estallaron las protestas y qué hizo el régimen? Entrevista con el embajador en Colombia
La respuesta del poder ha sido la represión, se habla de miles de detenidos, cientos de muertos y juicios exprés que podrían derivar en ejecuciones.

Irán vive uno de los momentos más críticos y convulsionados de su historia reciente. Lo que comenzó como manifestaciones puntuales contra el alto costo de vida y el deterioro de las condiciones económicas se ha transformado en un amplio movimiento de protesta contra el régimen teocrático que gobierna el país desde la revolución islámica de 1979.
Hoy, las consignas ya no se limitan a reclamos sociales: apuntan directamente al corazón del sistema político y a la figura del líder supremo, Alí Jamenei, en el mayor desafío interno que enfrenta la República Islámica en décadas.
“Esto tiene de fondo muchas otras situaciones que van atadas al desgaste como tal del régimen en Irán. Es un régimen que ya ha perdido mucha receptividad y legitimidad, porque no se cree en ese proyecto teocrático. Las personas no están participando tan activamente en ningún tipo de elecciones, por eso estás protestas económicas, más allá de la inflación como tal, comienzan a cuestionar el sistema en sí”, asegura la analista internacional de la Universidad de la Sabana, Luisa Lozano
Las protestas, que estallaron a finales de diciembre, se expandieron con rapidez por todas las provincias del país. Ciudades grandes y pequeñas, desde Teherán hasta Mashad, Isfahán, Shiraz y Ahvaz, han sido escenario de marchas, disturbios y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

Los manifestantes exigen mejores condiciones económicas. AFP
Videos difundidos en redes sociales —muchos de ellos antes del apagón casi total de internet impuesto por el régimen— muestran multitudes coreando consignas como “Muerte al dictador” y “Muerte a la República Islámica”, una ruptura simbólica profunda con el discurso oficial.
En diálogo con Minuto60, Ahmad Reza Kheirmand, embajador de Irán en Colombia, dijo que las razones de los levantamientos están originados en las sanciones impuestas por Estados Unidos.
“Podemos decir que las sanciones de Estados Unidos contra la economía de Irán en los últimos meses han sido más complicadas y más cerradas. Irán no ha podido ingresar alimentos de la canasta básica familiar y medicamentos, esto genera una inflación, sumado a la devaluación de la moneda”, puntualizó.
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Las raíces del estallido: economía, hartazgo y falta de libertades
El origen inmediato de las protestas está ligado al colapso económico que sufre Irán desde hace años, agravado por las sanciones internacionales, la inflación descontrolada y el desempleo. El aumento del costo de los alimentos, los combustibles y los servicios básicos golpearon con especial fuerza a los sectores populares y a la clase media urbana, históricamente uno de los pilares de la estabilidad del régimen.
Para muchos, la crisis económica es solo el detonante de un malestar mucho más profundo. La falta de libertades políticas, la represión sistemática, la censura, la discriminación de las mujeres y las minorías, y la percepción de corrupción e impunidad en las élites del poder han alimentado una frustración acumulada durante años. A diferencia de protestas anteriores, el actual movimiento no presenta un liderazgo claro ni una estructura centralizada, lo que lo hace más impredecible y difícil de contener.
Muchos manifestantes son jóvenes que no vivieron la revolución de 1979 ni la guerra con Irak, y que se sienten ajenos a la narrativa fundacional del régimen. Para ellos, la República Islámica representa un sistema cerrado, sin oportunidades y desconectado de sus aspiraciones. Ese choque generacional explica en parte la radicalización del discurso y la persistencia de las movilizaciones pese a la violencia estatal.

El líder máximo iraní, Alí Jamenei. AFP
La respuesta del régimen: ¿represión, juicios rápidos y miedo?
La reacción de las autoridades ha sido contundente y brutal. Según organizaciones de derechos humanos como Iran Human Rights (IHR) y Amnistía Internacional, la represión ha dejado al menos 700 muertos, aunque estimaciones más pesimistas elevan la cifra a varios miles. Las fuerzas de seguridad, incluidos los Guardianes de la Revolución y milicias afines, han utilizado munición real, detenciones masivas y redadas nocturnas para sofocar las protestas.
Según Mehdi Raeesi, un ciudadano iraní que vive en Colombia, lo que está ocurriendo es una masacre a su pueblo y lanzó un llamado urgente a la comunidad internacional para que adopte medidas urgentes.
"Están haciendo una masacre total, las cifras mínimas son de 12.000 personas muertas en ese momento, están matando a mis compatriotas a sangre fría y llevando a cabo un genocidio y además están desinformando a todo el mundo. Entonces quiero que la comunidad internacional sepa que la gente en Irán necesita ayuda inmediata, por favor, auxilio”, aseguró.
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El poder judicial iraní anunció juicios “rápidos” y “públicos” para los detenidos, a quienes califica de “alborotadores” o “enemigos de Dios”. Estas figuras legales permiten imponer penas extremadamente severas, incluida la pena de muerte. Organismos internacionales advierten que el régimen podría recurrir de forma masiva a las ejecuciones como herramienta de intimidación y control social.
No es verdad que en Irán haya juicios express. Estos son fake news y en esta época son normales para nosotros
Embajador de Irán en Colombia, Ahmad Reza Kheirmand
El caso de Erfan Soltani, un joven de 26 años cuya ejecución estaría programada, se convirtió en un símbolo del temor generalizado. Amnistía Internacional ha pedido la suspensión inmediata de todas las ejecuciones y ha denunciado procesos judiciales sin garantías, confesiones obtenidas bajo tortura y la criminalización del derecho a la protesta.
A esta represión se suma el apagón casi total de internet, que ya lleva varios días y busca aislar a la población, impedir la coordinación de las movilizaciones y frenar la difusión de imágenes al exterior. Sin embargo, lejos de sofocar la protesta, el corte de comunicaciones ha reforzado la percepción de un régimen acorralado y dispuesto a todo para mantenerse en el poder.
Según el embajador, el corte de internet era necesario porque las protestas se volvieron violentas, debido a la llegada de grupos armados que infiltraron las manifestaciones:
“Las fuerzas de seguridad estaban obligadas a cortar internet para interrumpir las conexiones, cooperaciones y las comunicaciones de los terroristas que han llegado al país; Ahora mismo tenemos Intranet en Irán, no teníamos otra alternativa, no fue una manifestación pacífica sino un escenario de guerra”, insistió.

Irán está ubicado en el Golfo Pérsico y tiene cerca de 100 millones de habitantes. Canva
Propaganda y movilización oficialista
Mientras reprime en las calles, el régimen intenta mostrar una imagen de control y respaldo popular. La televisión estatal transmite de forma constante actos multitudinarios a favor del gobierno, funerales de miembros de las fuerzas de seguridad fallecidos y mensajes que culpan a potencias extranjeras de instigar el caos. El líder supremo Alí Jamenei ha acusado a Estados Unidos y a sus aliados de estar detrás de las protestas, afirmando que los manifestantes “destrozan sus propias calles para complacer al presidente de otro país”.
Este discurso busca cerrar filas entre los sectores leales al sistema y justificar la represión como una defensa de la soberanía nacional frente a una supuesta conspiración internacional. Sin embargo, para amplios sectores de la población, estas narrativas ya no resultan creíbles y profundizan la brecha entre el Estado y la sociedad.
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El papel de Estados Unidos y las advertencias de Trump
Estados Unidos observa la crisis con una mezcla de presión retórica, sanciones y ambigüedad estratégica. El presidente Donald Trump ha adoptado un tono especialmente duro, advirtiendo que Washington actuará “de manera muy firme” si el régimen iraní comienza a ejecutar a los manifestantes detenidos. En varios mensajes en redes sociales, Trump instó a los iraníes a “seguir protestando” y a “tomar el control de sus instituciones”, declaraciones que Teherán utiliza como prueba de una injerencia extranjera.
“Irán por supuesto siempre ha sido un país que genera una desestabilización regional, enemigo de Israel que es un aliado tradicional y estratégico para los Estados Unidos; y el otro tema es el posible desarrollo nuclear de Irán. Además pues ellos tienen recursos naturales, gran productor de petróleo, grandes reservas de gas, entonces pues también es un país que no es de menor importancia”, dice la analista internacional de la Universidad de la Sabana, Luisa Lozano.
La postura de Trump se da en un contexto de máxima tensión bilateral. Estados Unidos ya bombardeó instalaciones nucleares iraníes en junio, en el marco de un conflicto regional más amplio, y recientemente anunció nuevas sanciones contra los socios comerciales de Irán, con aranceles de hasta el 25%. Para la Casa Blanca, la crisis interna iraní es a la vez una oportunidad y un riesgo: debilitar a un adversario estratégico, pero sin provocar un colapso caótico o una escalada militar incontrolable.
Analistas advierten que el apoyo explícito de Washington puede ser un arma de doble filo. Si bien brinda visibilidad internacional a las denuncias y presiona al régimen, también refuerza el discurso oficial iraní que presenta las protestas como un plan orquestado desde el exterior, lo que podría justificar una represión aún mayor.
“El interés de Estados Unidos lo que busca es cambiar el régimen en Irán, porque Irán es un obstáculo para ellos en el Golfo Pérsico y en el Medio Oriente; el Golfo Pérsico es el lugar más importante de petróleo del mundo, no es de ahora eso ocurre hace varias décadas. Irán es un gran potencial de petróleo y gas natural en el mundo”, insiste el embajador de Irán en Colombia.
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Las alertas de los organismos de derechos humanos
La comunidad internacional ha reaccionado con alarma. La ONU se declaró “horrorizada” por la magnitud de la represión, mientras que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, calificó el balance de víctimas como “espeluznante” y anunció que se estudian nuevas sanciones contra Teherán. Human Rights Watch denunció información creíble sobre “masacres a gran escala”, y Amnistía Internacional documenta un patrón sistemático de violaciones de derechos humanos.
Los organismos coinciden en que Irán se encuentra ante una encrucijada: o inicia reformas profundas y detiene la violencia, o se encamina hacia un aislamiento internacional aún mayor, con consecuencias económicas y diplomáticas devastadoras. También advierten sobre el impacto a largo plazo de la represión, que puede radicalizar a la sociedad y cerrar cualquier vía de reconciliación.

No hay certeza sobre el número de detenidos y muertos en los enfrentamientos. AFP
¿Un punto de no retorno?
Pese a la intensidad de las protestas, muchos analistas consideran prematuro hablar de la caída del régimen. La República Islámica conserva poderosos instrumentos represivos, un aparato de seguridad leal y recursos para sostenerse en el corto plazo. Sin embargo, la magnitud del descontento y la ruptura del miedo en amplios sectores de la población sugieren que algo ha cambiado de forma irreversible.
Irán enfrenta no solo una crisis política, sino una crisis de legitimidad. La combinación de pobreza, represión, aislamiento y falta de horizontes para las nuevas generaciones plantea un desafío existencial para el sistema. La pregunta ya no es solo cómo terminarán estas protestas, sino qué tipo de país emergerá después de ellas.
En medio de ejecuciones anunciadas, advertencias internacionales y un pueblo decidido a hacerse oír, el futuro de Irán se juega en las calles, en las prisiones y en los despachos del poder. Y el desenlace de esta crisis tendrá repercusiones que irán mucho más allá de sus fronteras.
*Con información de AFP
