El grupo de WhatsApp que planeó el crimen de Gustavo Aponte: lo mataron por confusión
La Fiscalía reveló el plan para asesinar a un esmeraldero, pero los sicarios se equivocaron de objetivo y mataron a un empresario arrocero.

Leonel Llanos, conocido en el bajo mundo como alias Tony, se convirtió en la pieza central del entramado criminal que terminó con la vida del empresario arrocero Gustavo Aponte. El crimen ocurrió el 11 de febrero de 2026, cuando Aponte salía de un exclusivo gimnasio en el sector de La Cabrera, al norte de Bogotá. Un sicario se acercó y le disparó a quemarropa. Las cámaras de seguridad captaron el momento en que personas cercanas intentaron auxiliarlo, pero ya era demasiado tarde. Tanto Aponte como su escolta perdieron la vida.
Seis meses después, el 27 de agosto de 2026, la Fiscalía General de la Nación reveló detalles clave que cambiaron la comprensión del caso. No se trató de un ataque improvisado ni dirigido originalmente contra el empresario del arroz. Fue una operación meticulosamente planeada durante semanas por una banda organizada que, al final, cometió un grave error de identidad. Esta “confusión fatal”, como la calificó el ente investigador, terminó costándole la vida a la persona equivocada y, al mismo tiempo, dejó las pistas digitales que permitieron dar con uno de los responsables.
¿Por qué mataron a Gustavo Aponte?
Detrás del doble homicidio existió un equívoco trágico. Los sicarios no buscaban a Gustavo Aponte. Su verdadero objetivo era Olimpo Antonio Oliver, un empresario del sector de las esmeraldas y el oro. La coincidencia que terminó en tragedia fue sencilla pero letal: ambos hombres frecuentaban el mismo gimnasio y compartían un parecido físico notable.
Según la Fiscalía, la banda había realizado labores previas de seguimiento, inteligencia y vigilancia sobre Oliver durante varios días. Observaron sus rutinas, horarios y movimientos. El día del ataque, sin embargo, confundieron a Aponte con su blanco real. El empresario arrocero salió del establecimiento en el momento y en las condiciones que los criminales esperaban, y el sicario abrió fuego. Lo que debió ser un atentado selectivo se transformó en un error de identidad con consecuencias irreparables.
Este tipo de confusiones no son extrañas en el sicariato urbano de Bogotá, donde las bandas a veces operan con información incompleta o bajo presión de tiempos cortos. En este caso, el error no solo terminó con dos vidas, sino que también generó el rastro digital que ahora permite a las autoridades avanzar.
#Justicia | La @FiscaliaCol expuso su tesis sobre el crimen del empresario arrocero Gustavo Aponte: los presuntos responsables lo habrían confundido con otro empresario, identificado como Olimpo Antonio Oliver, quien, según el ente investigador, había sido objeto de labores de… pic.twitter.com/SmZ8AEAzgl
— Red+ Noticias (@RedMasNoticias) August 28, 2026
¿Cómo operaba “Los Gladiadores”?
La planificación del crimen no fue espontánea. La organización delictiva diseñó una estructura logística clara que arrancó semanas antes del homicidio. El 6 de febrero de 2026, solo cinco días antes del ataque, crearon un grupo de WhatsApp denominado “Gladiadores” (o “Los Gladiadores”). Ese chat se convirtió en el centro de operaciones: allí se coordinaba la logística, se reportaban los seguimientos diarios y se definía el momento exacto para actuar.
La Fiscalía estableció que el grupo estaba conformado por ocho integrantes, cada uno con roles específicos orientados a ubicar, vigilar y facilitar los medios para el atentado. Para proteger sus identidades reales, utilizaban alias. Entre los apodos que circulaban en el chat figuraban Moncayo, JJ, Bamb, Pequeño, Junio, Zorros, Carepapa y Tony. Este último correspondía precisamente a Leonel Llanos, quien resultó ser una pieza fundamental tanto en la ejecución del plan como en su posterior desarticulación.
En los mensajes se intercambiaba información sobre recorridos, horarios y hasta instrucciones logísticas detalladas, como cambios de ropa o posicionamiento de vehículos. El grupo funcionaba como una verdadera oficina de sicarios digital, algo cada vez más común en las estructuras criminales que operan en la capital.
¿Qué rol tuvo alias Tony?
Leonel Enrique Llanos Paternina, alias Tony, es señalado como uno de los responsables de coordinar la logística del ataque. Según la Fiscalía, participó activamente en las tareas de vigilancia, el seguimiento de la víctima y la disposición de vehículos y recursos necesarios para ejecutar el homicidio y garantizar la huida.
Su captura, materializada en Villavicencio a finales de agosto de 2026, marcó el primer golpe importante contra la estructura. Las pruebas extraídas del chat de WhatsApp fueron determinantes para vincularlo al caso. Llanos fue presentado ante un juez de control de garantías, donde no aceptó los cargos imputados y negó rotundamente su participación en el homicidio.
Pese a su negativa, la Fiscalía solicitó una medida de aseguramiento preventiva en centro carcelario. Argumentó la contundencia de las evidencias, especialmente las conversaciones del grupo “Gladiadores”, que demuestran su involucramiento en la fase de preparación y apoyo logístico.
¿Qué sigue en el caso?
Mientras se define la situación judicial de Llanos, las autoridades ya tienen plenamente identificado al presunto autor material: el hombre que disparó físicamente contra Gustavo Aponte y su escolta. Sin embargo, su identidad se mantiene bajo estricto secreto de sumario para no alertar a la red y evitar que se frustren los operativos de captura.
Paralelamente, los investigadores continúan el rastreo de los otros siete integrantes del grupo de WhatsApp. Se prevé que en el corto plazo se materialicen nuevas detenciones. El caso ilustra cómo las comunicaciones digitales, pensadas para coordinar crímenes, terminan convirtiéndose en la prueba más sólida contra las propias organizaciones.
Seis meses después de aquel 11 de febrero, el asesinato de Gustavo Aponte dejó de ser un misterio de sicariato urbano para convertirse en un ejemplo claro de cómo un error de identidad y un chat de WhatsApp pueden desnudar toda una estructura criminal. Las próximas capturas determinarán si “Los Gladiadores” quedan completamente desarticulados o si la red logra reorganizarse.
