La última publicación de Yeison Jiménez en redes: “Lo que Dios da también lo puede quitar”
El artista dejó a más de uno sorprendido con la frase que compartió horas antes de fallecer.

Colombia le dice adiós a Yeison Jiménez, el artista y compositor caldense que dejó un legado imborrable en la música. Con tan solo 34 años, el muchacho de barrio que terminó cantándole a todo un país falleció.
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Información entregada por las autoridades indica que el intérprete pereció en medio de un accidente aéreo mientras la aeronave en la que se transportaba realizaba las respectivas labores de despegue. El suceso se registró en Paipa, Boyacá.
Yeison Jiménez no viajaba solo, entre las víctimas se encuentran el piloto de la avioneta, identificado como Fernando Torres y parte de su equipo: Juan Manuel Rodríguez, productor visual del artista; Jefferson Osorio, mánager del cantante; Weisman Mora, fotógrafo; y Óscar Marín.
La última publicación de Yeison Jiménez
El viernes 9 de enero, el artista se presentó en Málaga, Santander. Allí cantó algunos de sus mejores éxitos y coreó sin parar junto a los fanáticos.
Imágenes y videos publicados en su cuenta de Instagram lo muestran luciendo un traje y sombrero negro, mientras cantaba sobre el escenario.
El último post es de este tipo, sin embargo, llamó la atención la frase con la que Jiménez acompañó el video. “Siempre humilde, porque lo que Dios da también lo puede quitar”, escribió.
La frase dejó a más de uno con la boca abierta, pues ni el artista, ni sus seguidores, imaginarían que horas después Dios pudiera 'quitarle la vida'.
Un hombre resiliente
Yeison Orlando Jiménez Galeano nació el 26 de julio de 1991 en Manzanares, Caldas, un pequeño municipio donde los sueños parecían tan inmensos como lejanos. Provenía de una familia trabajadora y desde muy temprana edad encontró en la música un refugio que lo acompañaría toda la vida.
Con apenas siete años ya se subía a escenarios improvisados, participaba en festivales locales y acumulaba premios que, más allá de los reconocimientos, le confirmaban que su destino estaba en el canto.
La vida, sin embargo, le presentó obstáculos. Tras la separación de sus padres, se trasladó con su madre y su hermana a Bogotá, un cambio brusco que lo enfrentó a la escasez económica y a una realidad difícil.
En varias entrevistas habló con sinceridad de esa etapa: una juventud marcada por decisiones complicadas, el consumo de drogas en la adolescencia y el hecho de crecer en barrios donde la violencia y la exclusión eran parte del día a día.
A pesar de todo, nunca abandonó su sueño. Persistió en la búsqueda de oportunidades incluso cuando parecía que no existían.
Antes de que su nombre apareciera en carteles y grandes escenarios, trabajó en plazas de mercado, cantó en buses, bares y pequeños locales, y destinó cada ingreso a grabar sus primeras canciones en CD, que él mismo repartía entre la gente. Era su manera de hacerse presente, de resistir y de cantarle a la vida mientras aguardaba el momento en que su talento sería reconocido.
