Elecciones 2026: Guía rápida para hablar de política sin peleas familiares
Desde la la psicología clínica aconsejan cinco cosas que puede aplicar para que la conversación no termine mal.

Faltan solo 17 días para las elecciones presidenciales y desde las campañas políticas están sacando todas las armas para figurar en el juego y tratar de alcanzar un puesto en segunda vuelta. Sin embargo, esa dinámica propia de la arena política, puede trasladarse a los lugares más comunes: reuniones familiares, encuentros con amigos o hasta conversaciones con la pareja y cuando las posiciones no son iguales hay riesgo de que se generen grandes peleas.
Por ello, desde la maestría de Psicología Clínica de la Universidad de Buenaventura sede Bogotá le pusieron la lupa al tema y tras varios análisis determinaron cinco claves para que las conversaciones sobre política no terminen mal y no se llegue a la decisión radical de no hablar sobre elecciones.
Según el docente de la maestría Vladimir Bernal la intensidad de las discusiones se debe a que no solo se basan en la empatía que cada persona le tenga a un candidato.
“En una conversación electoral, muchas personas no sienten que están defendiendo únicamente una opción, sino una parte de su identidad, de su historia y de sus temores, pues no podemos olvidar que las posturas políticas identifican aspectos altamente valorados por las personas con respecto a asuntos muy relevantes para ellas y su vida en sociedad. Por eso, cuando alguien piensa distinto, la reacción puede vivirse como un ataque personal y no como una diferencia de opinión”, explica el profesor.
¿Cuáles son los consejos?
No convertir el voto en una prueba de afecto: Los investigadores recomiendan que cuando exista una diferencia en vez de interpretarla como una traición, falta de valores o de afecto se pase de la pregunta ¿cómo puede apoyar eso? a ¿qué miedo, experiencia o expectativa lo lleva a pensar así?
Separar la idea de la persona: Señalan que pensar diferente no es lo que define a una persona en su totalidad, por lo que la descalificación cierra la escucha, activa la defensa y deja herida. "Etiquetas como bruto, vendido, fanático o ingenuo no convencen; al contrario, convierten una opinión en un ataque a la dignidad", afirman.
Hacer una pausa antes de responder: Otra clave es identificar si ya se elevó el tono o si hay afán de contestar porque entonces se pasó al terreno de la reacción. La recomendación es tomarse una pausa para evitar decir alguna frase que cause daño.
Poner límites al escenario de discusión: Es válido decir: "prefiero no entrar en ese tema aquí" o "sigamos después con calma".
Poner límites no significa ser indiferente frente al país. Significa reconocer que una democracia necesita debate, pero también vínculos capaces de resistir la diferencia. Recuerde, ninguna conversación debería terminar costando una relación familiar, de amistad o incluso la pareja, al menos por la forma en la que se lleve.
Vladimir Bernal, profesor
Cerrar o terminar la conversación antes de herir: El consejo que dan es reconocer que ningún argumento debería ser más importante que una relación. Señalan que frases como "podemos pensar distinto sin tratarnos mal" o "no quiero que esto nos haga daño" pueden ayudar a evitar esta situación.
¿El contexto de salud mental influye?
Para los investigadores es común que las conversaciones sobre política terminen en una lucha por quién tiene la razón y el contexto emocional no es un tema menor.
"SaludData, del Observatorio de Salud de Bogotá, reporta que los trastornos de ansiedad ocupan el primer lugar en atenciones de salud mental desde 2020 y que solo en 2025 aumentaron 17,10 % frente al año anterior. Además, la Defensoría del Pueblo recién alertó que cerca de 2,5 millones de personas en Colombia viven con depresión, equivalente al 4,7 % de la población", afirman.
Estos datos, explican, demuestran que el país se mueve en un clima emocional sensible y si las discusiones electorales terminan en una competencia por ganar, es complejo poder ver la perspectiva del otro con respeto y aceptación.
