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Salario mínimo 2026: ¿quién gana y quién pierde?

El presidente Gustavo Petro anunció el lunes en la noche el mayor aumento salarial en cerca de tres décadas.

Salario mínimo 2026: ¿quién gana y quién pierde?
Para 2026, el gobierno decretó un aumento salarial de 23,7 % - Crédito: Colprensa

La noticia del salario mínimo es, a simple vista, un regalo de navidad y un impulso al optimismo del país. En teoría, es más dinero para que los trabajadores colombianos vivan mejor y gasten más, lo que impulsaría a la economía y haría un círculo virtuoso, pero ¿qué pasaría si lo bueno fuera para pocos y a los demás les tocara el desorden del papel regalo en el suelo?

Si quiere entender la discusión sobre los efectos del salario mínimo o busca argumentos para la cena de esta noche, aquí encontrará los cuatro puntos principales sobre la inflación, el empleo, la deuda pública y hasta las importaciones del próximo año.

La inflación:

Este indicador depende de muchas cosas, entre esas la cantidad de dinero que circula por el país, que es susceptible a las tasas de interés del Banco de la República (esas que el presidente Petro critica sin parar porque la Junta Directiva no atiende a su petición de que las baje). 

Para el cierre de 2024 la inflación fue de 5 %, el mismo porcentaje que se espera para este año, y, como venía bajando, el Banco de la República estaba recortando las tasas de interés. Sin embargo, luego pasaron varias cosas que volvieron a impulsar a la inflación, por ejemplo, que el gobierno le metió más plata a la economía al aumentar las contrataciones y convertir deuda de dólares a pesos para gastarlos aquí. 

El país también pasó por una bonanza cafetera y un récord en remesas de trabajadores en el exterior. Todo eso se sumó a lo que los expertos llaman indexación que significa que por la forma en la que definimos cómo aumentan los precios de un año a otro, terminamos arrastrando lo que pasó en 2024. 

Ese 5 % con el que cerrará la inflación este año sí es más bajo que el 13% en el que estuvo el país en algún momento de los últimos años, pero es lejano todavía de lo que en Colombia se considera bajo y estable para estimular la inversión, la creación de empleo, la confianza en el país para que la economía crezca más. Ese número es 3 %, es decir que al país le falta casi que cortar a la mitad la inflación. 

El desempleo:

¿Está en niveles récord? Sí. Eso es cierto, está bajo (7 % a noviembre según el DANE), pero ¿por qué? Hay dos causas principales, que no son sostenibles en el tiempo. 

La primera es que con la reforma laboral y los recortes de jornada semanal a las fábricas les salía más caro apagar sus máquinas que contratar más personal para crear un segundo o tercer turno. 

Se puede ver con un ejemplo. Una fábrica de jabón necesita unas calderas gigantes que se toman mucho tiempo en volver a calentar si las apagan, eso genera un mayor costo de energía y menos ingresos porque en la noche no hacen jabones y lo que no se hace no se vende.

La alternativa más barata es contratar a más empleados para que trabajen en la noche las 44 horas semanales, así la fábrica genera empleo y se ahorra el pago de horas extra, pero esa es una tarea que se puede automatizar. ¿Qué pasará con esos empleos cuando la jabonería decida invertir en nuevas calderas automatizadas porque a largo plazo es más barato? 

La informalidad:

Claro que también bajó, pero del 57 % al 55 %. No es que no deba existir, es que es muy alta. La informalidad es gente excluida del sistema y además el DANE ya no los mide con base en a quién le alcanza o no para pagar seguridad social, sino basado en quién trabaja en empresas sin registro mercantil (que también es un trámite costoso en el país) y eso incluye en la formalidad a un montón de trabajadores que en realidad están excluidas del sistema. 

Y por si fuera poco, el Estado se convirtió en el mayor empleador (no necesariamente con contratos de planta) y el mayor gastador del país, eso impulsa el crecimiento económico y el empleo, pero a costa de gastar mucha más plata de la que le entra y eso se traduce en más deuda, que al final todos los colombianos tenemos que pagar porque la plata del gobierno en realidad sale de nuestros bolsillos. Es como si estuvieran sacando tarjetas de crédito a su nombre, una detrás de otra, sin pedirle permiso y cada vez con intereses más altos.

Otra forma de analizar el efecto sobre la informalidad está, justamente, en esa ventana de acceso a la formalidad. Para entrar en ese mundo, los trabajadores necesitan cotizar a salud y pensión, pero lo mínimo que pueden pagar allí es el 12,5 % para salud y 16 % de ahorro para pensión de un salario mínimo. 

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Si un informal en 2025 este año recibía apenas un millón de pesos, alcanzar esa ventana que inicia en los $ 1,4 millones mensuales es costoso y hay gastos más importantes, como el mercado o el arriendo. Pero si el otro año esa ventana queda en $ 2 millones, aunque vendan más y sus ingresos suban, por ejemplo, a $ 1,5 millones, esa ventanita sigue quedando demasiado arriba. Y quien no cotiza no tendrá pensión, en un mundo en el que los países se envejecen y la expectativa de vida sube. Mientras tanto, el subsidio que garantiza el Estado es bajo y lo será más si la inflación aumenta. 

La teoría del gasto:

Según el gobierno, darle más salario a los trabajadores significa que estos comprarán más productos en el país y así los empresarios necesitarán contratar a más trabajadores. Sin embargo, en la realidad la cosa no opera tan directamente. 

La productividad significa dos cosas: ¿cuántas fichas de Estralandia puede hacer cada persona durante una hora de trabajo? y también ¿cuánto dinero y tiempo tiene para descansar, reponer energías y producir más fichitas? 

En Colombia, según el DANE, la productividad creció menos de una ficha este año (0,91 %) y el salario mínimo crecerá muchísimo más que eso sumado a la inflación. Eso significa que a la gente de salario mínimo le van a pagar como $ 1,4 por cada ficha de $ 1, pero si el país solo es capaz de producir una ficha en una hora, ¿a dónde se irán esos $ 0,4 extra? 

El argumento es que al pan, a la leche, pero si mira cuánto le compran los colombianos a otros países, la realidad es que varios de esos pesos se van a compras por internet en otros países, es decir que impulsan a otras economías y no a la nuestra. Mientras Colombia envía parte de su dinero al exterior, el resto del mundo no le compra al país suficientes cosas para compensar la balanza y entonces se abre otra brecha: la comercial, que ya está grande. 

Y como hay más plata, no importa si alguien dice "la manzana ya no cuesta $ 1,5 sino $ 2,5" y así se hace la magia de la inflación.

En economía, igual que en la vida, todo está conectado con todo, por eso las decisiones deben tomarse con calma y mesura para evitar errores en el futuro.

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