Colombia cae al puesto 43 en importante ranking de energía: qué significa realmente para el país
Esta caída de Colombia en el índice energético global 2026 del WEF, se da pese a su sistema limpio y desempeño por encima del promedio mundial.

Colombia retrocedió ocho posiciones en el Energy Transition Index 2026 del Foro Económico Mundial, pasando del puesto 35 en 2022 al 43 entre 120 países evaluados, una caída que no responde a un deterioro del sistema eléctrico ni a una crisis de generación, pero que sí enciende alertas sobre la velocidad con la que el país está avanzando en la construcción de su transición energética.
El informe mantiene a Colombia por encima del promedio global con 60,2 puntos frente a 57,3, lo que confirma que el país conserva un sistema energético funcional y competitivo en términos internacionales, impulsado principalmente por una matriz eléctrica altamente dependiente de la hidroelectricidad, uno de los factores que sostiene su posición dentro de los sistemas más limpios de América Latina.
Sin embargo, el mismo reporte deja ver una brecha que se amplía con el tiempo. Mientras el desempeño del sistema energético alcanza 66,6 puntos, la preparación para la transición apenas llega a 50,6, una diferencia que el Foro Económico Mundial interpreta como el principal cuello de botella del país pues Colombia funciona bien hoy, pero aún no está completamente lista para transformar ese funcionamiento en un modelo energético del futuro.
¿Qué significa realmente la caída de Colombia en el ranking energético?
La caída en el índice no implica que Colombia esté produciendo menos energía limpia ni que su sistema eléctrico esté en riesgo inmediato. El problema, según el informe, está en la capacidad de adaptación institucional y en la velocidad de ejecución de proyectos clave para la transición.
El Energy Transition Index evalúa dos grandes dimensiones: cómo funciona el sistema energético actual y qué tan preparado está un país para transformarlo. En el caso colombiano, la primera dimensión sigue siendo sólida, pero la segunda muestra rezagos en regulación, infraestructura, inversión, innovación y capital humano.

En la práctica, esto se traduce en proyectos que avanzan más lento de lo necesario, marcos regulatorios que generan incertidumbre para la inversión y una infraestructura de transmisión que aún no responde al ritmo que exige la demanda futura de energía.
“El reto ya no es demostrar potencial, sino ejecutar”
En medio de ese diagnóstico, la presidenta de Acolgen, Natalia Gutiérrez, ha sido clara en advertir que el desafío del país ya cambió de naturaleza. En sus palabras, “el reto de Colombia ya no es demostrar su potencial energético, sino garantizar que la transición avance sin comprometer la confiabilidad del sistema eléctrico”.
La dirigente gremial ha insistido en que el sistema energético colombiano enfrenta una presión creciente, no solo por la demanda, sino por la necesidad de acelerar proyectos estratégicos que permitan garantizar el suministro en el mediano y largo plazo.
La energía debe estar disponible de manera continua, porque la confiabilidad del sistema es tan importante como la transición misma.
Natalia Gutiérrez
Estas afirmaciones se alinean con el diagnóstico del Foro Económico Mundial, que advierte que la transición energética global no puede medirse únicamente por la incorporación de energías renovables, sino por la capacidad real de sostener sistemas eléctricos estables, resilientes y capaces de responder a escenarios de alta demanda o variabilidad climática.
El informe también deja claro que el retroceso de Colombia no ocurre de forma aislada y por primera vez en más de una década, la preparación global para la transición energética cayó 0,8%, afectada por problemas de financiamiento, incertidumbre regulatoria y retrasos en la ejecución de proyectos.
De hecho, solo el 24% de los países logró mejorar simultáneamente en seguridad energética, sostenibilidad y equidad, lo que evidencia que la transición energética global se está volviendo más compleja de lo previsto.
La seguridad energética, en particular, volvió a ser el punto más débil del sistema global, con una caída del 3% en la confiabilidad de los sistemas eléctricos, lo que refuerza la idea de que el mundo enfrenta una transición que no solo depende de energías limpias, sino de estabilidad operativa.
América Latina también pierde velocidad
En el caso de América Latina, el informe señala un retroceso del 0,5% en el puntaje promedio regional, impulsado por debilidades estructurales en infraestructura, inversión y capacidad institucional para ejecutar proyectos energéticos.
Aun así, Colombia se mantiene como el tercer mejor país de la región en el índice, solo por detrás de Brasil y Chile, superando a economías como México, Argentina y Perú. Sin embargo, el liderazgo regional no elimina el desafío de fondo: la región avanza más lento de lo que exige el ritmo de la transición energética global.
La fortaleza sigue estando en su matriz hídrica y en el buen desempeño de su sistema actual, pero el punto crítico está en la capacidad de convertir esa base en una plataforma más diversificada, con mayor infraestructura de transmisión, mayor capacidad de almacenamiento y un entorno regulatorio que permita acelerar la inversión.
El propio informe coincide con la advertencia del sector energético nacional: el reto ya no es técnico en términos de generación, sino institucional en términos de ejecución.
Colombia sigue teniendo un sistema energético sólido y una posición destacada en la región, pero el Energy Transition Index 2026 deja una advertencia porque la transición no se está frenando por falta de potencial, sino por la velocidad con la que el país está logrando convertir ese potencial en infraestructura, inversión y proyectos reales.
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