Mundial 2026: Los fanáticos más creativos y sus rituales, el otro partido
Desde supersticiones domésticas hasta rituales profesionales, las cábalas atraviesan al fútbol como un idioma común entre tribuna y cancha.

Supersticiones, rituales, rutinas, tradiciones y creencias. Las cábalas son todo eso y mucho más. Son la explicación emocional de cada gol, la coartada invisible de cada gambeta y la razón por la cual una victoria nunca es casual. Para millones de fanáticos, no se trata solo de mirar fútbol: se trata de hacerlo suceder.
Argentina y su ‘fanatismo’
En ningún lugar del mundo esta lógica se vive con tanta intensidad como en Argentina. Cada cuatro años, el país se viste de celeste y blanco impoluto y el Mundial se transforma en un fenómeno social total. Banderas colgadas de balcones, camisetas como segunda piel, calles tomadas por multitudes y publicidades que interpelan hasta lo más profundo del corazón. El Mundial en el país del Fin del Mundo es mágico, único, irrepetible. El himno se grita distinto, las emociones se desbordan y las manías florecen.
Porque la pasión argentina encuentra su versión más pura en época mundialista. Y porque, para atravesar lo que viene, nada mejor que conocer a fondo las cábalas que se repiten partido a partido, como un manual no escrito que se respeta sin discusión.
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— ESPN Perú (@ESPNPeru) December 19, 2022
Los rituales que hicieron los hinchas argentinos para ayudar a que la Albiceleste se consagrara en el Mundial de #Qatar2022.https://t.co/JiqafKb1uC
Coincidencias con el 86: amuleto colectivo
En Argentina, el triunfo de 1986 sigue latiendo como una herida feliz. Diego Armando Maradona, el mejor del mundo, marcando el gol del Siglo ante Inglaterra. Un equipo feroz, un país unido, una historia perfecta.
¿Hoy? El paralelismo es inevitable. Lionel Messi atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera, el plantel llega cargado de ilusión y un país entero espera que la copa vuelva a casa.
La nueva obsesión local consiste en encontrar similitudes entre 1986 y 2022, con la esperanza de que esos detalles se transformen en la cábala más grande de todas. La final del 86 se jugó a las 12 del mediodía ante Alemania. La final de Qatar 2022, también. Maradona se despidió del Barcelona y dos años después fue campeón del mundo. Messi siguió el mismo camino. Robert De Niro visitó el país este año, como en el 86. Se estrenó Top Gun. Canadá volvió a clasificar tras 36 años.
Especulaciones, sí. Pero cada vez más presentes en charlas de café, grupos de WhatsApp y sobremesas familiares. Porque cuando se trata de fútbol, todo puede ser una señal.

En Argentina, el triunfo de 1986 sigue vivo en los fanáticos. Crédito: FIFA
Nadie se levanta: el cuerpo también juega
El ritual es claro. Todos sentados, mirando la pantalla. Argentina ataca, convierte un golazo y estalla el festejo. Pero después, silencio interno: nadie se mueve. Las posiciones quedan congeladas. El orden no se altera. Ir al baño está prohibido hasta el entretiempo.
¿Por qué? Nadie lo sabe con certeza. Pero si algo funcionó una vez, no se toca. Mejor prevenir que curar.
Que se vaya el que se levantó
Hay reglas aún más crueles. Si alguien se levantó justo antes del gol, ese alguien no puede volver a mirar el partido. Su movimiento fue decisivo. ¿La condena? Seguir el encuentro desde otra habitación, interpretando los gritos ajenos como único termómetro del partido. Sacrificio individual por el bien colectivo.
La palabra maldita
“Kiricocho”. Una palabra que se pronuncia con intención. Se dice para mufar al rival, sobre todo en penales. Su origen se remonta a los años 80, cuando Carlos Salvador Bilardo dirigía a Estudiantes de La Plata. Juan Carlos Kiricocho era un hincha que, cada vez que asistía a la cancha, algún jugador se lesionaba. Desde entonces, su apellido quedó ligado a la mala suerte. Hoy, decirlo es un acto de fe futbolera.
Gestos, insultos y hechizos cotidianos
La mayoría de los aficionados en el mundo no gesticulan, gritan, insultan, cantan, señalan, se llevan las manos a la cara. El cuerpo entero participa, los cánticos se intensifican, las malas palabras aparecen cuando algo no sale y los gestos para mufar al rival forman parte del folclore. No es solo alentar: es invocar.

Rituales y cábalas del Mundial: la fe invisible del fútbol. Foto: Redes sociales
Repetir el día perfecto
Hay quienes repiten el recorrido, el menú, la ropa, la casa, las personas. Todo debe ser igual. Aunque ese amigo ya no quiera volver a poner su living. Aunque la logística sea imposible. Con las supersticiones no se negocia.
La camiseta como talismán
Aunque esté rota, sucia o no entre más. Si con esa camiseta se ganó, se vuelve a usar. Algunos van más allá y extienden la cábala a la ropa interior, incluso sin lavar. En los mundiales, subestimar esta manía sería un error imperdonable.
Promesas que se pagan
Peregrinaciones a Luján, tatuajes, raparse, correr maratones, regalar pertenencias, subir montañas. Millones de aficionados hacen promesas antes de cada partido importante. Y después las cumplen. Por fe, por orgullo o por miedo a la mala suerte.
No gritar antes: ley universal
Está prohibido cantar el gol antes. No importa si la pelota va adentro, si es penal, si el cabezazo es perfecto. Hasta que no se vea la red moverse y el relator grite “goooool”, el silencio tenso manda. No es una costumbre: es una ley.

Cábalas del fútbol: rituales, supersticiones y creencias de hinchas. Foto: Redes sociales
Los jugadores también creen
Las cábalas no son exclusivas de la tribuna. Los futbolistas profesionales también se aferran a rituales: entrar con el pie derecho como Messi, persignarse, tocar el césped, besar amuletos, escuchar la misma canción, ponerse primero una prenda específica, abrazarse con un compañero puntual, evitar decir la palabra “campeón”.
De cara al Mundial 2026 de Estados Unidos, México y Canadá, estas prácticas siguen intactas. Oraciones grupales, abstinencia sexual previa al partido, ubicarse siempre en el mismo lugar para la foto o la charla técnica. No hay evidencia científica, pero sí una certeza emocional: da tranquilidad.
El fútbol es talento, preparación y estrategia. Pero también es fe, repetición y creencia. Y cuando llega una Copa del Mundo, todo se potencia.
Las cábalas y supersticiones en el fútbol son tan antiguas como el juego mismo y atraviesan generaciones, culturas y niveles de competencia. Para los futbolistas, estos rituales funcionan como anclas emocionales: rutinas que brindan confianza, orden y la sensación de control en un deporte dominado por la incertidumbre. Desde gestos simples hasta prácticas extremas, las supersticiones forman parte del ADN futbolero y del folklore que rodea a cada partido.
Figuras icónicas como Lionel Messi, Diego Maradona, Cristiano Ronaldo, Neymar y Sergio Goycochea construyeron sus propias cábalas, muchas de ellas conocidas públicamente y repetidas durante años. Entrar con el pie derecho, persignarse, seguir un orden exacto al vestirse, rezar, escuchar música religiosa o incluso rituales extremos como los de Goycochea en Italia 1990, muestran cómo la fe, la costumbre y la superstición se mezclan con el alto rendimiento. A ellos se suman casos emblemáticos como Cruyff, Blanc y Barthez, Pogba o De Paul y Paredes, confirmando que creer también es parte de competir.
Más allá de lo anecdótico o lo llamativo, estas cábalas revelan una verdad profunda del fútbol: incluso en la élite, donde todo parece medido y planificado, el jugador sigue necesitando creer. Las supersticiones no reemplazan el talento ni el trabajo, pero funcionan como un refugio mental frente a la presión extrema. En ese cruce entre fe, rutina y emoción, el fútbol se vuelve más humano, más narrativo y más cercano a quienes lo miran desde la tribuna. Por eso las cábalas no se explican: se respetan, se repiten y se transmiten, como parte esencial de la mística eterna del juego.
