“Juegan presionados”: Acolfutpro destapa un problema mayor; la grama de El Campín es solo la punta del iceberg
En entrevista con Minuto60, Carlos González Puche abrió un debate mayor: la presión en la que viven los futbolistas y las razones.

El deterioro de la grama del estadio El Campín no solo dejó imágenes incómodas para la televisión y el espectáculo, sino que volvió a encender una discusión de fondo sobre las condiciones reales en las que trabajan los futbolistas profesionales en Colombia.
Más allá de los parches visibles en el césped, los charcos persistentes o las zonas desniveladas, el debate apunta a un tema menos visible, pero también importante: la presión constante para jugar, incluso cuando el riesgo físico es evidente.
Tremendo aguacero sobre El Campin.
— Carlos Andres Alvarez Z. (@CarlosAfutbol) February 2, 2026
Estoy casi seguro que este partido no va a continuar. El árbitro Márquez dará 30 minutos de espera mientras baja el torrencial que cae en Bogotá.
Ahora, el regresará y validará el estado de la cancha y acá en esta piscina no se podrá jugar. pic.twitter.com/j30kMYWqbj
Como es sabido, en el fútbol el calendario manda y los contratos pesan; y, en ese sentido, la salud del jugador suele quedar atrapada entre compromisos comerciales y exigencias televisivas, junto con la necesidad de cumplir con un espectáculo que no admite pausas.
El Campín, principal escenario deportivo de Bogotá, se convirtió en el símbolo más reciente de una dinámica que se repite en otros estadios y que, según Acolfutpro, ha sido normalizada durante años.
Para Carlos González Puche, director ejecutivo del sindicato de futbolistas, y quien habló con Minuto60, el punto de partida es claro: “Cuando el jugador no tiene condiciones en el escenario, bien sea por seguridad o por las condiciones del campo, tendría derecho a decir: ‘No trabajo donde estoy en riesgo’”.
COMUNICADO | 𝐄𝐥 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐧𝐜𝐡𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐝𝐢𝐨 𝐄𝐥 𝐂𝐚𝐦𝐩𝐢́𝐧 𝐩𝐨𝐧𝐞 𝐞𝐧 𝐫𝐢𝐞𝐬𝐠𝐨 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐠𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐟𝐢́𝐬𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐟𝐮𝐭𝐛𝐨𝐥𝐢𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥𝐞𝐬
— ACOLFUTPRO (@acolfutpro) February 2, 2026
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⚠️ Exigimos al @IDRD que… pic.twitter.com/EmdJ820SxX
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La presión invisible que empuja a jugar
El mal estado de la grama no aparece de un día para otro. En el caso de El Campín, el desgaste ha sido progresivo, acelerado por la realización constante de conciertos y eventos masivos, sumado a un calendario futbolero exigente y a condiciones climáticas adversas. Sin embargo, el deterioro visible es solo la última señal de alerta.
González Puche sostiene que, cuando un jugador decide advertir que la cancha no está en condiciones, entra en juego una presión que va más allá del árbitro o del rival. “La presión por el tema de la televisión, de que los horarios se mantengan, es enorme”, explicó. Para él, la parrilla de transmisión termina condicionando decisiones que deberían priorizar la seguridad.
🏟️❌ Una pena en lo que ha quedado reducida la grama del estadio El Campín. Uno de sus peores estados en los últimos años. Mucho que explicar y mucho trabajo por hacer de parte @SenciaBogota. pic.twitter.com/qcWFNsWIBC
— Cristian Pinzón (@Crispinllos) February 2, 2026
Suspender un partido no es sencillo; implica afectar programación, contratos y compromisos comerciales. En ese escenario, los futbolistas quedan en una posición vulnerable; es decir, si no juegan, arriesgan sanciones deportivas; pero si juegan, asumen el riesgo físico.
La presión es enorme, así sea a costa de su integridad.
Carlos González Puche
(No se pierda: ¿Quién tiene la culpa? Por la afectada grama, El Campín es descartado y se pierde un clásico)
El negocio por encima del escenario deportivo
El Campín fue concebido como un estadio de fútbol, pero en los últimos años se transformó en un escenario multipropósito donde el espectáculo no deportivo ganó terreno. Para González Puche, ese cambio de prioridades explica buena parte del problema, al describir una lógica en la que el mantenimiento del campo queda relegado frente a la rentabilidad de los eventos.
Esto es un negocio y el negocio tiene que facturar.
Carlos González Puche
La situación no es exclusiva de Bogotá. Según el directivo, se repite en estadios con deficiencias en luminarias, drenajes o infraestructura básica. Canchas sintéticas en horarios extremos, gramillas deterioradas y escenarios inconclusos forman parte de un mismo modelo que obliga a los jugadores a adaptarse, sin margen real para decir no.
En ese contexto, la decisión de la Dimayor de aplazar partidos en El Campín fue leída como una medida necesaria, pero insuficiente. El problema, advierte González Puche, no se resuelve con aplazamientos puntuales si no se revisa de fondo la relación entre espectáculo, concesiones y condiciones laborales.
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Jugar, aunque no haya condiciones
Uno de los aspectos más críticos del debate es la normalización del riesgo. “El partido se juega, llueva, truene, relampaguee, con el campo como esté”, resumió González Puche al describir una práctica instalada en el fútbol colombiano. La consigna implícita es clara: el espectáculo no se detiene.
Para el dirigente sindical, esa lógica termina trasladando toda la carga al futbolista, quien debe salir a la cancha aun cuando sabe que el terreno puede provocarle una lesión. Y si decide no hacerlo, el costo deportivo y profesional puede ser alto. “Si no juegan, pierden los puntos”, recordó, dejando en evidencia la falta de alternativas reales para protegerse.
La grama de El Campín, entonces, no es solo un problema agronómico ni una polémica pasajera. Es la evidencia de un sistema que prioriza cumplir el calendario por encima de garantizar escenarios seguros, según el dirigente.
