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El petróleo quiere ser verde: historia de transformación que se abre paso en el Magdalena Medio

En Barrancabermeja, el contraste entre discurso y territorio evidencia avances, pero también una deuda ambiental que sigue presente.

El petróleo quiere ser verde: historia de transformación que se abre paso en el Magdalena Medio
Refinería de Barrancabermeja - Crédito: Ecopetrol
Andrés Martín Piñeros
Andrés Martín PiñerosPeriodista
04 ABR 2026 - 09:15Actualizado: 04 ABR 2026 - 14:16

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Durante más de un siglo, la refinería de Barrancabermeja ha sido uno de los principales motores económicos del país. Desde su puesta en marcha en 1922, este complejo industrial no solo ha procesado millones de barriles de crudo, sino que también ha dejado una huella profunda en el territorio que lo rodea. Hoy, en medio de un contexto global marcado por la urgencia climática y la transición energética, la industria busca mostrarse diferente.

El concepto de “petróleo verde” comienza a ganar terreno en los discursos corporativos. Se habla de sostenibilidad, de reducción de emisiones, de restauración ambiental y de nuevas tecnologías. Sin embargo, más allá de las declaraciones institucionales, el verdadero desafío se encuentra en el territorio: en las comunidades, en los ecosistemas y en las huellas que han quedado tras décadas de operación.

La transición energética se ha convertido en el nuevo lenguaje del petróleo. Pero en las comunidades y en los territorios donde la industria ha operado durante décadas, el reto no es solo mirar hacia el futuro, es hacerse cargo del presente. Un presente donde el impacto sigue siendo parte de la vida cotidiana y donde las soluciones no pueden depender únicamente de lo que vendrá.

Un discurso de cambio que toma forma

Desde la perspectiva de la industria, el mensaje es claro: hay una intención de transformación. Así lo explica Milton Lara, gerente de la refinería de Barrancabermeja, quien destaca la relación que buscan consolidar con la ciudad y la apertura hacia la ciudadanía.

“Estamos consolidándonos con la ciudad y con la refinería, y de hecho tenemos un programa especial que se llama refinería de puertas abiertas, donde queremos que la ciudadanía del común pueda conocernos, pueda conocer nuestras operaciones, lo complejo que es hacer nuestra operación turno a turno”, señala.

Esta apertura también se refleja en la estrategia ambiental que Ecopetrol ha comenzado a implementar en el Magdalena Medio. Alexcevith Acosta, jefe territorial ambiental de la compañía, detalla algunos de los avances y metas proyectadas hacia el futuro.

“Es una estrategia definida también para darle cumplimiento al 2045, con diferentes líneas de trabajo: agua neutralidad, carbono cero, y de igual forma también todo el tema que tiene que ver con transición energética. Desde el Magdalena Medio ya son dos granjas solares que se han podido construir, una en el corregimiento El Centro, donde opera el campo La Cira Infanta, con una producción bastante importante. Son aproximadamente 42 megavatios de energía que se vienen generando para poder abastecer las necesidades en términos de energía que tiene el campo. Y de otra parte también en el municipio de Yondó, donde opera nuestro campo conocido como Casabe”.

Estos avances se suman a otros proyectos orientados a mejorar la calidad de los combustibles y reducir emisiones. Según la compañía, iniciativas en marcha permitirían, en los próximos años, disminuir significativamente la huella de carbono asociada a la operación petrolera.

El territorio: donde el discurso se pone a prueba con el petróleo

Sin embargo, entender ese cambio no es solo escuchar. Es mirar lo que ocurre fuera de los auditorios, en los espacios donde la industria convive con la naturaleza y las comunidades.

En estas zonas, el contraste es evidente. Por un lado, hay esfuerzos claros por recuperar suelos, reforestar y aplicar tecnologías de restauración ambiental. Por otro, persisten marcas que no desaparecen fácilmente.

Hay procesos, hay tecnología, hay intervención, pero el territorio no se transforma de un día para otro, se percibe en los recorridos por áreas intervenidas. Ximena Contreras, coordinadora ambiental de Ecopetrol, explica algunas de las técnicas que se están implementando para mitigar los impactos.

imagen dada

Ecopetrol

“Actualmente se está interviniendo la zona que denominamos impacto ambiental no resuelto, La Macarena. Estamos desarrollando procesos de recuperación ambiental a partir de tecnologías como la biorremediación en medios acuosos, que permite, a través de elementos biodegradables como la preparación de caldos bacterianos, desarrollar la recuperación del área a partir de la degradación de hidrocarburos con estos microorganismos”.

Estas estrategias, conocidas como soluciones basadas en la naturaleza, buscan acelerar la recuperación de ecosistemas afectados por la actividad petrolera. Sin embargo, su efectividad está condicionada por un factor clave: el tiempo.

Para comprender realmente la dimensión del impacto, es necesario escuchar a quienes han vivido de cerca estos procesos. En la ecoreserva La Tayra–Lizama, uno de los espacios que hoy se presenta como ejemplo de recuperación, la memoria de la comunidad sigue siendo fundamental.

Todo lo que ustedes ven aquí era un caos. En el ambiente se vivía, se sentía, se percibía el olor al aceite. Ver uno las palmas que existían en ese entonces cubiertas de aceite.

Fabio Hernández, habitante del Magdalena Medio

Su testimonio no solo describe el impacto ambiental, sino también la relación entre comunidad e industria, marcada por tensiones y procesos de diálogo.

“Nosotros como líderes sociales empezamos a hablar con Ecopetrol y empieza todo ese proceso de recuperación, el proceso de mitigar el caudal de las aguas y de los aceites que estaban aflorando. Era un caos total. Entonces lo llena a uno de satisfacción que hoy se pudo recuperar ese terreno, volver a ver el verde de la naturaleza y, más que todo, volver a ver a esa población de animalitos, a esa fauna que nuevamente regresó”, dice.

A pesar de los avances, también hubo momentos de conflicto que evidencian la complejidad de estos procesos.

“Aquí el primer impacto fue cuando discutimos con Ecopetrol, porque yo les decía la necesidad de colocar unas barricadas antes de llegar al Caño Muerto. Tuvimos una pequeña discusión porque no se creía que este afluente iba a llegar allá. Esa noche nos llovió y el aceite llegó a Caño Muerto. Fue una cosa desastrosa”.

Entre la transformación y la deuda ambiental

El caso de la ecoreserva muestra que la recuperación es posible. Hoy, donde antes hubo contaminación, hay vegetación, agua y biodiversidad. Sin embargo, también deja una lección clara: estos procesos toman años y no siempre logran revertir completamente el daño.

“El crudo, a través de la historia, ha generado el impulso que hoy tiene la vida en general en todo el mundo. Pero se tiene que ser muy respetuoso con el medio ambiente. No podemos dejar que las cosas se hagan por hacerlas. La naturaleza exige un tremendo respeto por lo que se le está haciendo”, advierte Hernández.

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A nivel global, la presión sobre la industria es cada vez mayor. Según la Agencia Internacional de la Energía, el sector energético es responsable de más del 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Este contexto ha impulsado políticas y estrategias que buscan reducir el consumo de combustibles fósiles y acelerar la transición hacia energías limpias.

Sin embargo, en territorios como el Magdalena Medio, el reto no es solo adaptarse al futuro, sino gestionar el legado del pasado.

¿Es posible un petróleo verde?

Desde la perspectiva técnica, la respuesta apunta a la reducción de emisiones, la mejora de procesos y la implementación de tecnologías más limpias. Pero desde el territorio, la respuesta es más compleja.

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IEA

Hoy se habla de recuperación, de especies que regresan, de ecosistemas que intentan recomponerse. Pero recuperar no es lo mismo que devolver. La naturaleza tiene sus propios tiempos, y estos no siempre coinciden con los de la industria.

En este escenario, el papel del periodismo resulta clave. No se trata de tomar partido, sino de observar, cuestionar y contar las historias en toda su complejidad. La industria avanza, la naturaleza responde y entre ambas, queda una historia que aún no termina de escribirse.

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