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Las Emisoras de Paz volvieron a los territorios, pero con nuevos nombres y una nueva hoja de ruta

Tras dos semanas de silencio, 16 Emisoras de Paz volvieron al aire con nuevos nombres, programas y directrices desde Bogotá.

Las Emisoras de Paz continúan en el Gobierno De La Espriella - Crédito: Foto: Colprensa
Diego ChaparroPeriodista
14 SEP 2026 - 20:08Actualizado: 14 SEP 2026 - 20:08

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Durante varios días, la radio que durante años había servido para contar lo que ocurría en los territorios quedó reducida a una señal que llegaba desde Bogotá. En las regiones, donde las Emisoras de Paz habían construido una relación cotidiana con sus comunidades, los micrófonos dejaron de recoger las voces de periodistas, campesinos, indígenas, víctimas y organizaciones sociales para conectarse con una programación centralizada.

EL Gobierno de Abelardo De La Espriella comenzó su administración con una serie de cambios en el manejo del Sistema de Medios Públicos del Estado. A través del Ministerio de las Tic se anunció el 16 de agosto el fin de la franja noticiosa y de opinión que venía funcionando en Inravisión, antiguo Rtvc, una decisión que abrió la puerta a una revisión más amplia de los contenidos y de la programación de la radio pública. 

En medio de esos cambios también se produjo la suspensión temporal de la programación de las 20 Emisoras de Paz, estaciones creadas como parte de la implementación del Acuerdo de Paz firmado en 2016 entre el Estado colombiano y las Farc. La decisión generó preocupación entre periodistas y comunidades de distintas regiones, especialmente porque durante varios días las emisoras dejaron de transmitir sus contenidos locales y pasaron a conectarse con una señal musical manejada desde Bogotá.

La discusión rápidamente tomó una dimensión nacional. Mientras desde distintos sectores se empezó a hablar del posible cierre de las Emisoras de Paz, en los territorios la información que recibieron los periodistas fue otra: la programación quedaba suspendida mientras la nueva administración adelantaba una revisión de su funcionamiento.

¿Qué pasó durante la suspensión de las Emisoras de Paz?

Edier Macanilla es periodista y comunicador indígena perteneciente al pueblo Kichwa. Trabaja desde hace cerca de tres años en la emisora de Puerto Leguízamo, Putumayo. Para él la palabra “cierre” comenzó a tomar fuerza principalmente fuera de los territorios.

“El tema de cerrar las emisoras ha sido una discusión nacional desde otros sectores. Nosotros como periodistas recibimos una notificación del cese de la programación mientras se hacía la revisión”, explicó a Minuto60.

La noticia tomó por sorpresa a los equipos porque la parrilla ya estaba preparada. Había programas programados, invitados y contenidos que debían salir al aire durante la semana. Sin embargo, de un momento a otro, esos espacios fueron pausados.

“Nos sorprendió que se pausara la parrilla para hacer el proceso, porque ya teníamos programada la semana. Una vez se suspendió la parrilla, desde la dirección en Bogotá colocaron música. Todo se manejaba desde Bogotá y nosotros nos conectábamos”, relató.

Durante aproximadamente 15 días, las emisoras permanecieron en ese esquema. Los periodistas locales dejaron de producir y presentar sus espacios habituales, mientras desde la capital se enviaba la señal que ocupaba las frecuencias.

La situación, sin embargo, no significó para los trabajadores una terminación inmediata de sus contratos. Según Macanillo, los equipos tenían contratos vigentes y la información que recibieron fue que se trataba de una pausa en la programación.

“Por el lado de nosotros no hubo una preocupación en términos de masacre laboral. Nosotros tenemos contratos hasta octubre y nos dijeron que solo se pausaba la programación”, aseguró.

Lo que sí comenzó a crecer fue la incertidumbre. La falta de información clara sobre lo que ocurriría con las emisoras hizo que en las comunidades empezara a instalarse el temor de que aquella pausa pudiera convertirse en el final de un proyecto que llevaba años funcionando en regiones afectadas por el conflicto.

“El tema que ha generado que varios periodistas de las Emisoras de Paz salieran a manifestarse es por lo hermético que ha sido la gerencia”, sostuvo Macanillo.

Los periodistas también tuvieron que actuar con cautela frente a las comunidades. Mientras en Bogotá circulaban versiones sobre el futuro de las estaciones, ellos intentaban explicar que todavía no existía una decisión definitiva sobre su permanencia.

“La gente estuvo muy preocupada porque se habló de la culminación de las Emisoras de Paz, porque ese fue el lenguaje que se manejó a nivel nacional”, contó.

Por eso, los equipos optaron por no anticipar una conclusión. “Intentamos ser responsables con la información que se iba transmitiendo y les decíamos a las comunidades que estábamos esperando nuevas directrices”, agregó.

¿De dónde surgieron las Emisoras de Paz?

Las Emisoras de Paz tienen un origen particular dentro del sistema de medios públicos colombiano. Su creación fue establecida en el punto 6.5 del Acuerdo Final de Paz, como parte de las medidas destinadas a fortalecer la participación ciudadana y la comunicación en los territorios más afectados por el conflicto armado.

La apuesta era que la radio pública pudiera llegar a lugares apartados del país y que las comunidades tuvieran un espacio para contar lo que ocurría en sus territorios, hacer pedagogía sobre el acuerdo y acompañar los procesos de construcción de paz y reconciliación.

La red llegó a estar conformada por 20 estaciones distribuidas en distintas regiones. Con el tiempo, esos espacios dejaron de ser únicamente una herramienta de pedagogía sobre el Acuerdo de Paz y se convirtieron también en una plataforma para contar historias locales.

Para periodistas como Macanillo, esa presencia tiene un significado que va mucho más allá de una frecuencia radial.

“Es la primera vez que un sistema de medios públicos de carácter nacional llega a territorios apartados. Nosotros como equipos hemos navegado ríos y caminado trochas para visibilizar lo que se está construyendo”, señaló.

En lugares donde los grandes medios nacionales históricamente han tenido dificultades para llegar, los periodistas de las Emisoras de Paz se convirtieron en los ojos y los oídos de sus propias comunidades.

No siempre se trata de grandes noticias. Muchas veces son historias de campesinos, comunidades indígenas, víctimas, firmantes del Acuerdo de Paz, organizaciones sociales, emprendimientos o iniciativas que nacen en lugares que rara vez aparecen en la agenda nacional, pero que al final del día visibilizan lo que ocurre dentro de los mismos territorios.

Esa mirada también ha permitido cambiar la manera en que algunos territorios son narrados.

“Nos hemos dado cuenta que la gente está trabajando por la paz. La gente está haciendo cosas bonitas por la paz y dejó la narrativa de victimización y violencia”, explicó Macanillo.

Puerto Leguízamo, en Putumayo, es uno de los ejemplos que utiliza para explicar ese cambio.

“Leguízamo era nombrado por violencia y gracias a las Emisoras de Paz ahora se conoce como un territorio que le está apostando al turismo por su belleza, por sus artesanías, por sus pueblos indígenas y su cultura”, afirmó.

Para los equipos locales, esa transformación en la narrativa es una de las razones por las que consideran importante conservar los espacios de comunicación territorial.

¿Por qué el Gobierno cambió el nombre de las emisoras?

Después de los días de suspensión, llegó una respuesta desde Inravisión. El 4 de septiembre se anunció que 16 de las 20 estaciones regresarían al aire, pero bajo una nueva denominación: Emisoras de la Reconciliación.

El cambio no se limitó al nombre. También hubo una modificación de la parrilla y de los espacios que acompañan a las comunidades.

Los programas que anteriormente hacían parte de la programación fueron reemplazados por nuevos formatos. El Campo en la Radio pasó a llamarse Milagro en el Campo; Música de mi Territorio se convirtió en Sonidos de mi Tierra; Momentos de Paz pasó a ser Tejiendo Patria; El Atardecer Sol y Luna se transformó en La Tarde en mi Pueblo; y Encuentros de Paz pasó a llamarse Milagros en los Territorios.

La nueva programación comenzó a emitirse el 7 de septiembre.

Para Macanillo, aunque el cambio es visible en los nombres y en la estructura de la parrilla, no necesariamente representa una ruptura total con los contenidos que venían desarrollándose en los territorios.

“Ha habido un cambio a nivel de camisa o logo y en los nombres que están en la parrilla, que va ligado al discurso de esta administración. Sin embargo, a nivel de contenido seguimos igual. De hecho, se han aumentado los horarios”, explicó.

En Puerto Leguízamo, por ejemplo, continúa una programación local con espacios dedicados al campo, la música y la pedagogía de la paz.

Uno de esos espacios cuenta con la participación de un firmante del Acuerdo de Paz, víctimas y representantes de distintos sectores sociales. La idea, según Macanillo, es mantener abierto un lugar para que diferentes voces puedan encontrarse en la radio.

“Nosotros hablamos de lo que vienen realizando las comunidades y sus necesidades. Estamos narrando las voces de las comunidades”, sostuvo.

¿Qué programas tienen ahora las Emisoras de la Reconciliación?

Con el cambio de nombre también llegó una nueva parrilla. Entre los espacios que actualmente acompañan la programación están Milagro en el Campo, Sonidos de mi Tierra, Tejiendo Patria, La Tarde en mi Pueblo y Milagros en los Territorios.

En los territorios, estos programas conviven con espacios locales que las propias emisoras continúan desarrollando. En Puerto Leguízamo, por ejemplo, existe programación entre las 6:00 y las 7:00 de la mañana dedicada al campo; posteriormente hay un espacio musical y, durante la tarde, un programa dedicado a la pedagogía de la paz.

Ese último espacio mantiene una característica que para los periodistas locales resulta fundamental: la participación de diferentes sectores de la comunidad.

La intención es que la radio no sea únicamente un lugar donde se emiten contenidos producidos desde Bogotá, sino un escenario donde las comunidades puedan poner en circulación sus propias historias.

¿Qué pasó con la franja informativa local?

Aunque las emisoras regresaron al aire y recuperaron buena parte de su programación territorial, quedó una ausencia que todavía genera preguntas entre los periodistas: la franja informativa local del mediodía.

Antes de la suspensión, los equipos territoriales podían participar en espacios vinculados a Radio Nacional, como Colombia al Aire o Meridiano 90. Allí tenían la posibilidad de llevar las noticias de sus municipios a una audiencia más amplia.

Ese espacio todavía no ha regresado.

“No se tiene un espacio informativo local. Según conversaciones desde las coordinadoras, aún se está estructurando desde Radio Nacional”, explicó Macanillo.

El periodista recordó que antes existía un espacio de aproximadamente media hora al mediodía que permitía contar desde las regiones lo que estaba ocurriendo.

“Teníamos Colombia al Aire o Meridiano 90, que era de media hora. No está autorizado ahora”, señaló.

La ausencia no ha pasado inadvertida para las comunidades.

“La gente ha sido muy enfática de que es necesario. Nosotros también le decimos a la comunidad que estamos en la espera. No podemos decir que no se va a hacer porque aún no se ha definido la línea general desde la jefatura”, afirmó.

La situación deja una diferencia importante entre la programación que existía antes de la suspensión y la que actualmente está al aire. Las voces territoriales regresaron, pero todavía falta definir cómo se incorporará nuevamente la información local dentro de la parrilla.

¿Qué pasó con las cuatro emisoras que siguen suspendidas?

Mientras 16 estaciones regresaron bajo el nombre de Emisoras de la Reconciliación, otras cuatro continúan fuera del aire: las ubicadas en Buenaventura, Tierralta, Agustín Codazzi y Riosucio.

En estos casos, Inravisión explicó que la suspensión obedecía a una situación diferente. La entidad señaló que existían trámites y documentos pendientes relacionados con el funcionamiento y la utilización del espectro radioeléctrico.

La gerente de Inravisión, Ángela María Mora Soto, sostuvo que estas decisiones no correspondían a una censura ni representaban el cierre definitivo de las estaciones. La explicación oficial apunta a la necesidad de resolver primero la situación administrativa y jurídica para garantizar que puedan continuar funcionando.

Por eso, el mapa de las antiguas Emisoras de Paz quedó temporalmente dividido: 16 regresaron al aire con una nueva identidad y cuatro permanecen suspendidas mientras se resuelve su situación.

¿Cuál es el futuro de las Emisoras de la Reconciliación?

La discusión sobre el futuro de estas estaciones no terminó con su regreso. La suspensión de agosto dejó sobre la mesa preguntas relacionadas con la programación, la información local, los contratos y la relación entre los equipos territoriales y la nueva administración de Inravisión.

Para Macanillo, uno de los asuntos pendientes es precisamente mejorar la comunicación entre la gerencia y los equipos que trabajan en las regiones.

“Antes estábamos bien cohesionados, había una comunicación de doble vía. Con esta gerencia no hubo empalme, por lo que estamos esperando una mejor directriz”, explicó.

Los periodistas han sido convocados a una reunión con la nueva gerente y esperan conocer allí cuáles serán las decisiones que marcarán la siguiente etapa.

“Hasta ahora no se ha hablado de contratos. Se ha hablado de que se garantizan las Emisoras de Paz, que van a continuar con sus procesos, que van a seguir andando”, señaló.

Mientras esperan esas definiciones, los equipos continúan trabajando en los territorios y acompañando historias que van mucho más allá de la política nacional.

Porque durante los días en que la señal local desapareció y la música llegó desde Bogotá, las comunidades descubrieron cuánto habían incorporado esas voces a su vida cotidiana.

Ahora la programación volvió. Cambiaron los nombres, cambiaron algunos espacios y todavía falta definir una franja informativa que para los periodistas locales resulta fundamental.

Pero los micrófonos volvieron a encenderse.

Y en lugares como Puerto Leguízamo, donde para llegar a una historia muchas veces hay que navegar un río o atravesar una trocha, la radio vuelve a hacer lo que durante años ha hecho: permitir que los territorios se cuenten a sí mismos y que sus comunidades no tengan que esperar a que alguien desde Bogotá venga a narrar quiénes son.

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