¿Del “hermanos” al “traquetos disfrazados de revolucionarios”? La fractura de Petro con el ELN
El presidente pasó de prometer una paz exprés con la guerrilla a ordenar una respuesta firme tras el paro armado que paraliza regiones del país.

La relación entre el presidente Gustavo Petro y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha transitado por un camino de expectativas, gestos simbólicos y profundas frustraciones, hasta desembocar en un enfrentamiento político y discursivo sin precedentes. Lo que comenzó como una de las principales banderas de su campaña presidencial —la promesa de alcanzar la paz con esa guerrilla en apenas tres meses— hoy se encuentra en su punto más bajo, marcado por un paro armado que afecta a amplias zonas del país y por un discurso presidencial que ya no deja espacio para ambigüedades.
La promesa
Durante la campaña de 2022, Petro insistió en que el ELN era una organización con la que existían condiciones reales para un acuerdo rápido. A diferencia de otros grupos armados, sostenía, el ELN tenía una vocación política clara y una estructura que permitía avanzar con celeridad hacia una negociación. “Si soy presidente, hago la paz con el ELN en tres meses”, repitió en varios escenarios, convencido de que la voluntad política bastaría para cerrar un conflicto de décadas.
Una vez instalado en la Casa de Nariño, el tono fue incluso más conciliador. En discursos públicos y mensajes directos, el presidente se refirió a los integrantes del ELN como “hermanos”, apelando a un lenguaje de reconciliación histórica. Los invitó a firmar la paz. Para Petro, antiguo militante del M-19, el diálogo con las guerrillas no era sólo una política de Estado, sino una experiencia personal: la idea de cerrar definitivamente el ciclo de la guerra interna atravesaba su propio relato político.

El presidente Gustavo Petro ya está en su último año de gobierno. Colprensa
Ese enfoque se tradujo en la reactivación formal de los diálogos de paz con el ELN, con Cuba y Venezuela como países garantes, y en la suspensión de órdenes de captura contra varios de sus comandantes para facilitar su participación en la mesa. El Gobierno incluyó al grupo en su ambicioso proyecto de “paz total”, que buscaba negociar simultáneamente con guerrillas, disidencias y organizaciones criminales. En un punto de la negociación se logró inclusive un cese bilateral del fuego de seis meses .
En la ceremonia de ascenso a Mayor, el presidente Gustavo Petro calificó el paro armado del ELN como “traquetos disfrazados de guerrilleros” y aseguró: “La orden es que en Navidad nadie muera; se baila y se disfruta”. pic.twitter.com/uB8oQclkkG
— La Hora de La Verdad (@Horadelaverdad) December 15, 2025
El cambio de discurso
Sin embargo, el paso de los meses fue diluyendo el optimismo inicial. Aunque se lograron algunos acuerdos parciales, como ceses al fuego temporales y compromisos humanitarios, los enfrentamientos armados, las extorsiones, los secuestros y los ataques contra la infraestructura no cesaron. En varias regiones, comunidades denunciaron que la violencia continuaba pese al discurso de paz, minando la credibilidad del proceso.
El punto de quiebre llegó con el reciente paro armado de 72 horas declarado por el ELN desde el pasado domingo, una acción que ha paralizado vías, afectado el comercio y generado temor en departamentos como Norte de Santander, Chocó, Antioquia, Cesar, Cauca, Arauca y Santander. Atentados contra peajes, ataques a la fuerza pública y amenazas a la población civil dejaron en evidencia que la guerrilla estaba dispuesta a escalar la confrontación, incluso en medio de un proceso de diálogo.
Fue entonces cuando el presidente Petro endureció de manera drástica su discurso. Ordenó a la fuerza pública enfrentar la amenaza hecha por la guerrilla.
Lejos de los llamados fraternos del inicio de su mandato, el jefe de Estado afirmó que Colombia “no se dejará amedrentar por unos traquetos disfrazados de revolucionarios”. La frase marcó una ruptura simbólica y política: por primera vez, Petro equiparó al ELN con organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, despojándolo del aura política que había defendido durante años.

El Alto Comisionado de Paz, Otty Patiño. Colprensa
El cambio de tono no fue menor. En sus declaraciones, el mandatario dejó claro que el Estado no tolerará acciones que pongan en riesgo a la población civil y que las Fuerzas Militares tienen la orden de actuar con contundencia. El mensaje fue interpretado como una advertencia directa al ELN: la paz sigue siendo una opción, pero no bajo el chantaje de la violencia.
Mientras el paro armado continúa y las regiones afectadas exigen garantías de seguridad, el futuro del diálogo con el ELN permanece en suspenso. Lo cierto es que la narrativa presidencial ha cambiado: del optimismo inicial a la confrontación abierta, Petro parece haber llegado a la conclusión de que la paz no puede construirse a cualquier precio.
