¿Prohibir los celulares en los colegios de Bogotá es la solución? Esto dice un experto
La Secretaría de Educación prepara nuevas reglas para el uso de celulares y pantallas, pero un doctor en Educación cuestiona estas medidas.

La discusión sobre el uso de celulares en los colegios de Bogotá acaba de dar un nuevo paso. La Secretaría de Educación publicó el proyecto de acto administrativo con el que busca establecer reglas para el uso de teléfonos móviles y otros dispositivos con pantalla en instituciones educativas oficiales y privadas de la ciudad.
La propuesta hace parte de la estrategia “(Re)conectarnos para aprender” y plantea restricciones durante la jornada escolar, tanto en las clases como en los espacios de descanso. El proyecto todavía está en proceso de participación y contempla diferencias en el uso de pantallas dependiendo de la edad y el grado de los estudiantes.
Uno de los principales cambios propuestos es que, desde octavo grado, los celulares puedan utilizarse sin un límite específico de tiempo cuando tengan un propósito exclusivamente pedagógico y estén relacionados directamente con una actividad académica. Para los grados inferiores se establecen límites de exposición y condiciones específicas de uso.
La propuesta también contempla excepciones relacionadas con necesidades de inclusión, situaciones de salud y emergencias, mientras que cada colegio deberá establecer los mecanismos para aplicar las nuevas disposiciones dentro de sus manuales de convivencia o pactos de corresponsabilidad.
Un experto cuestiona que prohibir sea la solución
En medio de esta discusión, Fidel Mauricio Ramírez, docente de la Universidad Manuela Beltrán, doctor en Educación y con más de 20 años de experiencia en los diferentes niveles del sistema educativo, plantea una pregunta de fondo: ¿prohibir los celulares realmente constituye una estrategia pedagógica? Para Ramírez, la respuesta es no.
A su juicio, una prohibición puede generar nuevas dificultades dentro de las instituciones educativas, especialmente porque algunos estudiantes podrían buscar mecanismos para continuar utilizando sus dispositivos a escondidas. "De ninguna manera la prohibición se constituye en una estrategia pedagógica", sostuvo el experto.
Según su análisis, el problema no debería abordarse únicamente desde la restricción del dispositivo, sino desde la educación para el uso responsable de la tecnología.
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El celular también puede ser una herramienta para aprender
Ramírez reconoce que los teléfonos y otras tecnologías tienen efectos que deben ser discutidos, pero considera que tampoco se puede desconocer su utilidad.
El experto señala que estos dispositivos pueden facilitar diferentes actividades de la vida cotidiana y también convertirse en herramientas dentro de los procesos de enseñanza y aprendizaje cuando su utilización está orientada adecuadamente.
El problema, explica, aparece cuando el uso se vuelve indiscriminado y termina interfiriendo con la atención de los estudiantes.
Desde su perspectiva, investigaciones relacionadas con la neuroeducación y el aprendizaje han mostrado preocupación por los efectos que puede tener el uso continuo de pantallas sobre los niveles de atención.
Y allí aparece uno de los principales retos para las instituciones educativas: cómo aprovechar la tecnología sin permitir que termine desplazando la atención necesaria para aprender.

La restricción de celulares en escuelas y colegios de Bogotá genera controversia. Expertos aseguran que no sería la mejor alternativa. Crédito: archivo particular.
¿Quién debe controlar el uso del celular?
Para el doctor en Educación, otra de las discusiones importantes está relacionada con quién terminará asumiendo la responsabilidad de hacer cumplir las nuevas reglas.
Ramírez advierte que no debería recaer principalmente sobre los docentes.
Su preocupación es que los profesores terminen convertidos en los encargados de vigilar permanentemente si los estudiantes están utilizando o no sus teléfonos, sumando una nueva responsabilidad a las múltiples tareas que ya tienen dentro de las aulas.
"La respuesta no está en cargar la responsabilidad sobre los docentes", afirmó.
En su concepto, la responsabilidad debe ser compartida entre la escuela, las familias y la sociedad, pero también debe involucrar a quienes diseñan y desarrollan las tecnologías.
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El experto pide mirar a las aplicaciones
Uno de los planteamientos más llamativos de Ramírez es que el debate no debería concentrarse exclusivamente en las reglas que se aplicarán dentro de los colegios.
El académico considera necesario discutir también la responsabilidad de los desarrolladores de smartphones y aplicaciones, particularmente frente a los mecanismos utilizados para mantener la atención de los usuarios durante largos periodos.
Según su análisis, algunas tecnologías y plataformas están diseñadas utilizando conocimientos sobre el funcionamiento de la mente y el cerebro con el objetivo de mantener a las personas conectadas y consumiendo contenido de manera constante.
Por eso, plantea que la discusión debería avanzar hacia una posible regulación de las empresas que desarrollan estas tecnologías, especialmente cuando sus productos están dirigidos o son utilizados por niños, niñas y adolescentes.
"Más importante que reglamentar el uso de las tecnologías en los colegios para prohibirla, es fundamental que hagamos un debate sobre normatividad para los desarrolladores de estas tecnologías", señaló.

Para el experto, el uso de celulares en colegios debería ser regulado tanto por docentes, como por padres de familia. Crédito: archivo particular.
El debate también se discute en otros países
Ramírez sostiene que esta discusión ya se desarrolla en otros lugares del mundo y menciona los debates que se han dado en Estados Unidos sobre la responsabilidad de las empresas tecnológicas y el impacto de sus productos en los menores.
También señala que en Colombia diferentes organizaciones y redes de padres y madres han comenzado a plantear la necesidad de discutir este asunto.
Para el experto, poner el foco únicamente en los colegios puede dejar por fuera una parte fundamental del problema: el diseño de las tecnologías y las estrategias utilizadas para captar la atención de sus usuarios.
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¿Prohibir o enseñar a usar la tecnología?
La discusión que enfrenta Bogotá no necesariamente se reduce a escoger entre celulares sí o celulares no.
Por un lado, la Secretaría de Educación plantea nuevas restricciones ante la preocupación por el tiempo que los estudiantes pasan frente a las pantallas y por el uso de los dispositivos con fines diferentes al aprendizaje. El diagnóstico utilizado por el Distrito señala que los niños y niñas de Bogotá utilizan el teléfono aproximadamente nueve horas al día y que el 82 % de los docentes consultados ha observado a estudiantes usando el celular durante las clases para entretenimiento personal.
Por otro lado, voces como la de Ramírez consideran que el desafío está en construir una relación más responsable con la tecnología, sin convertir al profesor en el único encargado de controlar su uso.
El proyecto de la Secretaría de Educación continúa su trámite y está sujeto a los comentarios y aportes de la comunidad educativa antes de convertirse en una disposición definitiva.
Mientras avanza ese proceso, el debate queda abierto: ¿la mejor estrategia para proteger el aprendizaje es restringir el celular dentro del colegio o enseñar a los estudiantes a utilizarlo responsablemente?
Bogotá lleva meses discutiendo con miles de personas qué debe pasar con los dispositivos en la ciudad. Ya está publicado el proyecto de acto administrativo que establece las reglas sobre el uso de teléfonos móviles y dispositivos con pantallas en los colegios oficiales y privados…
— Secretaría de Educación de Bogotá (@Educacionbogota) September 2, 2026
