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Bogotá 488 años | Los negocios históricos que siguen abiertos y conservan la memoria de la ciudad

Han sobrevivido al Bogotazo, a la pandemia y cambios urbanos. Estos negocios siguen siendo parte de la historia de Bogotá.

Negocios históricos de Bogotá que siguen en pie. - Crédito: Colprensa y archivo particular.
Alexander Gómez Naranjo
Alexander Gómez NaranjoPeriodista
06 AGO 2026 - 23:46Actualizado: 07 AGO 2026 - 00:34

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Bogotá celebra este 6 de agosto sus 488 años de historia. A lo largo de casi cinco siglos, la capital ha cambiado de nombre, ha crecido hasta convertirse en la ciudad más poblada del país y ha sido escenario de algunos de los episodios más importantes de Colombia.  En medio de todas esas transformaciones, varios negocios tradicionales han logrado mantenerse abiertos, convirtiéndose en auténticos guardianes de la memoria bogotana.

Mucho antes de que aparecieran los centros comerciales, las grandes cadenas internacionales o las plataformas digitales de domicilios, estos negocios ya atendían a los habitantes de la capital. Algunos sobrevivieron al Bogotazo, otros resistieron las crisis económicas del siglo XX y varios han pasado de generación en generación sin perder la esencia que los hizo famosos.

Hoy no solo son lugares para comer, tomar un café o comprar un libro. También representan parte del patrimonio cultural de Bogotá y permiten entender cómo era la vida cotidiana de la ciudad en otras épocas.

La Puerta Falsa, el negocio más antiguo de Bogotá

Hablar de historia comercial en Bogotá es hablar de La Puerta Falsa. Ubicado a pocos metros de la Plaza de Bolívar, este tradicional restaurante abrió sus puertas el 16 de julio de 1816, apenas tres años antes de la Independencia de Colombia.

El Archivo de Bogotá lo reconoce como el negocio más antiguo de la capital, un establecimiento que comenzó como una aguapanelería y que, más de dos siglos después, continúa funcionando en el mismo lugar.

Su nombre proviene de la antigua "puerta falsa" de la Catedral Primada, ubicada justo al frente del establecimiento. Durante más de 200 años ha servido preparaciones tradicionales como el chocolate santafereño, la changua, los tamales y las famosas almojábanas, convirtiéndose en una parada obligada para turistas y bogotanos.

El tradicional restaurante fue cerrado temporalmente por 3 días en octubre de 2025 debido a problemas con la facturación electrónica y falta de actualización de datos de contacto ante la DIAN.

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La Puerta Falsa tuvo un breve cierre debido a la pandemia del coronavirus, pero sobrevivió y hoy sigue en pie. Crédito: tomada de redes sociales.

La Florida, un café que sobrevivió al Bogotazo

Si existe un café que resume buena parte de la historia del centro de Bogotá, ese es la Pastelería y Café La Florida.

Fundada en 1936 por José Granés, un pastelero español y republicano que, ante la fuerza creciente del franquismo, decidió migrar a Colombia. Estuvo en Cali un tiempo y luego se instaló en Bogotá donde decidió continuar su oficio como pastelero.

Ubicada en la carrera Séptima con calle 21, en pleno centro de Bogotá, La Florida se convirtió rápidamente en punto de encuentro de periodistas, artistas, escritores, políticos y estudiantes.

El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC) destaca que este establecimiento logró sobrevivir al saqueo ocurrido durante el Bogotazo, consolidándose posteriormente como uno de los lugares de reunión más importantes de la ciudad.

Hoy sigue conservando buena parte de su ambiente tradicional y hace parte de los recorridos patrimoniales organizados por el Distrito para rescatar la historia de los cafés bogotanos.

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La Pastelería Florida es otro negocio que sigue existiendo en el centro de Bogotá. Crédito: tomada de redes sociales.

Café Pasaje, un testigo del siglo XX

Otro de los establecimientos emblemáticos del centro histórico es el Café Pasaje, también inaugurado en 1936.

Fundado por el señor Elías Toro, su nombre se debe a un antiguo pasaje peatonal que existió, y que iba desde la avenida Jiménez hasta la calle 14, sobre la carrera 6, que hacía las veces de separador entre dos edificaciones que conformaba el antiguo edificio Santafé. Dichas edificaciones fueron demolidas en 1970 para darle paso a la construcción de la actual plazoleta del Rosario.

Según el IDPC, este café hace parte de los pocos establecimientos tradicionales que lograron mantenerse abiertos después del Bogotazo y continúa siendo uno de los referentes de la memoria urbana de Bogotá.

Durante décadas fue escenario de tertulias políticas, encuentros de intelectuales y conversaciones de ciudadanos que encontraban allí un espacio para debatir sobre la actualidad del país. Por allí pasaron expresidentes de Colombia como Alfonso López, Misael Pastrana, Julio Cesar Turbay Ayala, Eduardo Santos, y Belisario Betancur.

San Moritz, un viaje a la Bogotá de los años cuarenta

Fundado en 1937, en la calle 16 número 7-91, los historiadores de la época cuentan que el Café San Moritz fue abierto por Guillermo Wills con una máquina de café espresso Faema, un radio RCA Victor y una registradora National que dejó de utilizarse porque solo sumaba hasta $999.

El emblemático sitio fue usado varias veces para retratar la Bogotá de antaño en varias producciones como la serie Revivamos Nuestra Historia.

El lugar ha sobrevivido a varios intentos de cierre. El 9 de abril de 1948 quedó en medio de la revuelta conocida como el Bogotazo. Mucho tiempo después, en 2017 tuvo que enfrentarse a un cierre que duró dos años, y aunque en 2019 se anunció que el histórico café sería reabierto en una nueva sede en calle 17 número 4-80, estuvo a punto de desaparecer definitivamente debido a las restricciones derivadas de la pandemia del covid-19.

Sin embargo, el lugar ha sobrevivido y en la actualidad, el IDPC lo describe como uno de los pocos establecimientos que aún mantiene la esencia de los tradicionales cafés bogotanos de los años cuarenta, con una arquitectura y una atmósfera que evocan otra época de la ciudad.

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El Café San Moritz hoy se mantiene y está convertido en un hotel museo. Crédito: tomada de redes sociales.

Librerías que también cuentan la historia de Bogotá

Las librerías tradicionales del centro, como Librería Central, fundada en 1946, también han acompañado durante décadas la vida intelectual de Bogotá. Entre sus estanterías han pasado generaciones de estudiantes, investigadores, escritores y lectores que encontraron allí un espacio para descubrir la literatura y el pensamiento colombiano.

El IDPC señala que las librerías hacen parte de esas "tiendas con memoria", comercios tradicionales que conservan prácticas, saberes y oficios transmitidos durante décadas y que siguen siendo referentes de identidad para la capital.

Más allá de su valor comercial, estos establecimientos demuestran que el patrimonio de una ciudad no solo está en sus monumentos o edificios históricos. También vive en los lugares donde varias generaciones han compartido un chocolate, una conversación, un libro o una receta que ha pasado de padres a hijos.

En medio de una Bogotá que continúa transformándose, estos negocios recuerdan que la historia también se conserva detrás de un mostrador y que, mientras la ciudad celebra sus 488 años, ellos siguen siendo parte de su memoria viva.

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