El barrio de la rumba y el fútbol de Bogotá que está infestado por una plaga que causa horror
Comerciantes y residentes denuncian una proliferación incontrolable de ratas en las zonas peatonales, alimentada por las montañas de basuras.

Son días difíciles para los comerciantes, y, sobre todo, para los residentes de un sector muy conocido de Bogotá. Sus días y noches se volvieron un paisaje no muy grato, y hasta aterrador, debido a una plaga que a pesar de la atención de las autoridades no da tregua.
Varios sectores del barrio Galerías, hoy conocido por los goles del monumental de la 57, el estadio El Campín; así como por la rumba que desde hace años ya es una de sus principales referencias, está infestado de ratas, que se pasean por los andenes, parques, alcantarillas, canecas de basuras, entre otros, buscando alimentarse de los deshechos que habitualmente se encuentran en las calles.
Y es por eso, que Alejandro Zamora, edil por Teusaquillo, ha venido haciendo algunas denuncias desde sus redes sociales haciendo un llamado urgente a la Secretaría de Salud de Bogotá, que, si bien ha respondido, no ha sido suficiente para atacar un problema que parece no tener control.
¿Por qué el Distrito no ha declarado la emergencia sanitaria?
¿Emergencia sanitaria por roedores? Sería prudente con ese término porque esa es una determinación que le corresponde a la autoridad sanitaria. Pero si de poner la mirada en una posible crisis se trata, yo la pondría en las basuras. Porque algo hemos aprendido recorriendo los barrios de Bogotá: las ratas y los ratones siempre han existido. Lo que no puede normalizarse es que encuentren cada vez más alimento y condiciones para proliferar en el espacio público.
Por eso creo que la discusión está mal planteada cuando se centra únicamente en los roedores. La verdadera pregunta es qué está pasando con el manejo de los residuos en la ciudad. Lo que vemos en las calles son ciudadanos reportando residuos orgánicos expuestos, puntos críticos que se repiten, acumulación de residuos y una percepción creciente de que el sistema no está produciendo los resultados que esperan los bogotanos.
Y claro, aquí lo fácil es hablar de cultura ciudadana. Pero la idea de que si una ciudad está sucia es únicamente porque sus ciudadanos la ensucian, creo que merece una reflexión mucho más profunda. Hoy vemos residuos acumulados durante días, vemos residuos vegetales que permanecen largos periodos en el espacio público, vemos puntos que se convierten en focos recurrentes de quejas ciudadanas y vemos comunidades enteras preguntándose por qué la situación no mejora.
Por eso considero que el Distrito debe fortalecer la supervisión, el seguimiento y el control sobre todos los actores que intervienen en la gestión de residuos de la ciudad. Porque cuando los residuos permanecen en el espacio público, terminan generando las condiciones ideales para la proliferación de vectores. Y quiero insistir en algo: esto no es un tema estético. Es un tema de salud pública, salud ambiental, calidad de vida y convivencia ciudadana. Porque una cosa sí tengo clara después de recorrer algunos puntos de Bogotá: donde hay alimento disponible para los roedores, tarde o temprano aparecen los roedores.
¿Es Galerías una crisis de salud pública?
La declaratoria le corresponde a la autoridad sanitaria. Lo que sí puedo decir es que estamos hablando de apenas cinco cuadras donde los vecinos reportan permanentemente la presencia de roedores y sienten que el problema no está siendo atendido con la contundencia que merece. Y aquí hay algo que debemos decir con claridad. La explicación no puede ser siempre la misma: culpar a la ciudadanía.
Porque si algo nos muestran las calles de Bogotá es que existe un problema mucho más profundo relacionado con el manejo de los residuos. Vemos residuos acumulados, podas que permanecen durante semanas en el espacio público, puntos críticos que se repiten una y otra vez y una ciudad que, en muchos sectores, no refleja el nivel de servicio que los ciudadanos están pagando.
Y entonces la pregunta es inevitable: si esto ocurre en un sector tan visible como Galerías, ¿Qué estará ocurriendo en el resto de Bogotá?
Por eso creo que el Distrito debe ejercer una supervisión mucho más rigurosa sobre los operadores y revisar con seriedad un modelo de aseo que hoy muestra señales evidentes de agotamiento. Porque mientras seguimos discutiendo quién tiene la culpa, los ciudadanos siguen conviviendo con los efectos del problema. Y lo más preocupante es que las ratas no son la causa. Son la consecuencia. La consecuencia de una ciudad donde los residuos permanecen demasiado tiempo en el espacio público y terminan generando las condiciones ideales para la proliferación de vectores.
¿Se ha sabido algo del estadio El Campín, el CC Galerías y la zona de rumba?
Las ratas no golpean la puerta para pedir permiso. Los roedores van donde encuentran alimento, refugio y condiciones para permanecer. No quiero ser sensacionalista ni decir que mañana vamos a ver ratas corriendo en medio de un partido de fútbol. Pero tampoco podemos ignorar que estamos hablando de un problema que hoy afecta distintos puntos de Galerías y que tiene una relación directa con el manejo de los residuos.
Lo que hemos visto es que los roedores cada vez se acostumbran más a convivir con el ruido, con la actividad humana y con entornos altamente urbanizados. Por eso la discusión no debe ser si van a llegar o no a determinado lugar. La discusión debe ser qué estamos haciendo para eliminar las condiciones que favorecen su presencia. Y vuelvo al mismo punto: si controlamos las basuras, controlamos gran parte del problema. Si no controlamos las basuras, los roedores seguirán encontrando dónde alimentarse y reproducirse.
¿Por qué los impuestos de un sector comercial y residencial de alta valorización como Galerías no se reflejan en calles libres de roedores?
Porque el problema no es cuánto pagan los ciudadanos. El problema es si los servicios que reciben son proporcionales a lo que aportan. Y en Galerías hay algo particularmente injusto. Estamos hablando de un barrio que no solamente paga impuestos, sino que además soporta una enorme carga sobre su espacio público. Aquí llegan miles de personas por la actividad comercial, gastronómica y por los grandes eventos que se realizan en el sector. Es un barrio donde el interés general ha prevalecido durante años sobre el interés particular de quienes viven allí.
Por eso resulta difícil entender que sus residentes sigan conviviendo con andenes deteriorados, espacio público en mal estado, residuos acumulados y presencia recurrente de roedores. No hace falta ir muy lejos. Basta recorrer el sector para encontrar puntos donde los andenes están deteriorados, donde existen boquillas y huecos que terminan convirtiéndose en refugio para los roedores y donde los vecinos sienten que el abandono institucional es evidente.
Y aquí quiero insistir en algo: la ciudadanía no está pidiendo una ciudad perfecta. Está pidiendo que los servicios que paga se reflejen en las calles. Porque cuando un barrio estratégico para Bogotá presenta este nivel de deterioro en algunos de sus puntos críticos, la pregunta no es por qué hay ratas. La pregunta es por qué seguimos permitiendo las condiciones que facilitan su presencia.
¿Cuáles son las fechas exactas de las intervenciones de control de plagas programadas para los días siguientes?
Este es uno de los puntos que más me gusta resaltar porque demuestra que nosotros no nos quedamos en el video ni en la denuncia. Actuamos. Como consta en el radicado No. 2026-015660-1 de la Subred Integrada de Servicios de Salud Norte E.S.E., se realizó una visita técnica al sector de Galerías el 9 de abril de 2026, donde se identificaron condiciones sanitarias inadecuadas, residuos sólidos, madrigueras activas y sendas de roedores en el sector de la Calle 53B.
Posteriormente se adelantaron acciones de limpieza y articulación interinstitucional, y entre el 20 y el 30 de mayo se realizaron dos jornadas de desratización en el sector, las cuales hemos acompañado en territorio. Según la información que hemos conocido durante los recorridos y mesas de trabajo, la intención es avanzar en aproximadamente cinco intervenciones, evaluando después de cada una de ellas el comportamiento de la población de roedores y la efectividad de las medidas implementadas.
Pero aquí hay una reflexión importante: una desratización por sí sola no resuelve el problema. Si no existe una intervención integral que incluya limpieza, manejo adecuado de residuos, mantenimiento del espacio público y cumplimiento de las obligaciones por parte de los operadores, el problema termina reapareciendo. Por eso seguiremos acompañando cada una de las intervenciones y exigiendo que el trabajo institucional vaya más allá del control de los roedores y se concentre también en las causas que están permitiendo su proliferación.
¿Existen otros puntos críticos en Bogotá?
Por supuesto que sí. Y no lo dice Alejandro Zamora; lo dicen las comunidades. A través de nuestras redes sociales y de los recorridos que realizamos permanentemente en territorio, hemos recibido reportes de puntos críticos en las 20 localidades de Bogotá. Y aquí quiero hacer una precisión importante. Una cosa es ver ocasionalmente un ratón o una rata. Otra cosa muy distinta es convivir con una proliferación de roedores que termina afectando la calidad de vida de una comunidad.
Además, entendemos que las personas pueden ver este tema desde perspectivas distintas. Hay quienes sienten afecto por estos animales, hay quienes les tienen temor y hay quienes lo analizan desde la óptica de la salud pública. Todas esas posiciones son respetables. Nuestro trabajo no consiste en juzgar a nadie. Nuestro trabajo consiste en escuchar a las comunidades y atender las solicitudes que nos hacen llegar.
