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Después de casi 30 años, la ALO Sur deja de ser una promesa: “Luz verde al tramo”

Tras años de debates, la CAR destrabó el proyecto que busca mejorar la movilidad y la conexión desde el suroccidente de Bogotá.

Después de casi 30 años, la ALO Sur deja de ser una promesa: “Luz verde al tramo”
Render de la Avenida Longitudinal de Occidente Sur. - Crédito: Alcaldía de Bogotá
Gustavo Márquez Hernández
Gustavo Márquez HernándezPeriodista
16 ENE 2026 - 10:21Actualizado: 22 FEB 2026 - 02:50

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Durante casi tres décadas, la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO) Sur fue una promesa aplazada. El corredor vial, concebido para mejorar la movilidad en el occidente y sur de Bogotá y articular a la capital con municipios vecinos, permaneció atrapado entre debates técnicos, disputas jurídicas y alertas ambientales.

Mientras la ciudad crecía hacia sus bordes y la congestión se volvía parte del paisaje cotidiano, la ALO Sur avanzaba solo en el papel, convertida en uno de los proyectos de infraestructura más discutidos y menos materializados del país.

ALO Sur.

ALO Sur. Crédito: ANI

En ese contexto, el anuncio reciente de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) marca un punto de inflexión. No se trata solo de un trámite administrativo más, sino de una decisión que destraba un proyecto estratégico para Bogotá y su área de influencia.

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El anuncio de la CAR que destrabó el proyecto

“La CAR Cundinamarca da luz verde al tramo sur de la ALO”. Con esa frase se sintetizó una decisión que llevaba años esperando una definición de fondo. De acuerdo con la información oficial, la corporación autorizó la modificación de la licencia ambiental para la construcción del tramo sur de la ALO, un proyecto que ya contaba con licencia desde 1999.

El paso clave se dio mediante una resolución del 11 de julio de 2025, en la que la autoridad ambiental ajustó los términos de esa licencia para permitir que el proyecto avanzara conforme a nuevas condiciones técnicas y ambientales. Según se explicó en el anuncio, la decisión se tomó “después de casi tres décadas de discusiones técnicas y jurídicas”, un reconocimiento explícito a la complejidad del proceso y a los múltiples actores involucrados.

Desde la CAR se enfatizó que la modificación de la licencia no implica un cheque en blanco, sino la actualización de los parámetros ambientales bajo los cuales deberá ejecutarse el tramo sur de la ALO. El mensaje institucional fue claro: el proyecto puede avanzar, pero bajo estrictas condiciones de manejo ambiental, acordes con la normatividad vigente y con las lecciones aprendidas durante años de debate.

Claramente, el ambiente siempre será la prioridad, pero también garantizar y facilitar el desarrollo de las ciudades y las soluciones a las problemáticas de la movilidad es parte de las responsabilidades de las instituciones estatales.

CAR

Además, para el Distrito y los promotores del proyecto significa el respaldo que faltaba para pasar del plano a la obra. Y para los municipios de la Sabana y los sectores productivos, una infraestructura largamente esperada para mejorar la conectividad regional y la movilidad en el suroccidente de la capital.

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Las trabas que mantuvieron a la ALO Sur en pausa

El camino hasta este punto no fue sencillo y se convirtió en un caso emblemático de cómo las obras de gran escala pueden quedar atrapadas entre visiones contrapuestas de desarrollo. Una de las principales trabas estuvo relacionada con las preocupaciones ambientales, especialmente por el impacto del trazado sobre humedales, cuerpos de agua y suelos de protección en el occidente de Bogotá y su área rural.

A esto se sumaron discusiones jurídicas sobre la vigencia de la licencia ambiental otorgada a finales del siglo XX, en un contexto normativo muy distinto al actual. Con el paso de los años, nuevas leyes, fallos judiciales y estándares ambientales hicieron necesario revisar si esa autorización seguía siendo válida o debía ser ajustada. La incertidumbre legal frenó decisiones de inversión y ejecución.

También hubo diferencias técnicas sobre el diseño del corredor, su capacidad, su integración con otras vías y su efecto real en la movilidad. Cada ajuste implicó nuevos estudios y conceptos, y, en muchos casos, nuevos recursos administrativos. El proyecto avanzaba, pero a un ritmo desesperantemente lento.

La decisión de la CAR busca cerrar el ciclo de indefiniciones. Al modificar la licencia ambiental, la autoridad reconoce los cambios en el contexto normativo y técnico, y un marco actualizado para la ejecución del proyecto. Con ello, la ALO Sur deja de ser un símbolo de la parálisis y se convierte, de nuevo, en una obra posible.

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