¿La educación está preparada para la era de la IA? Expertos piden fortalecer estas habilidades
Aunque el uso de inteligencia artificial ya es masivo entre estudiantes y docentes, la preparación para aprovecharla todavía presenta grandes brechas.

La inteligencia artificial ya hace parte de las aulas, pero su rápida expansión está planteando una pregunta que va más allá de aprender a utilizar una herramienta tecnológica: ¿están los sistemas educativos preparando a los estudiantes para pensar, decidir y actuar en un mundo en el que la IA será cada vez más cotidiana?
La analista y experta en educación María Ruth Hernández Martínez considera que el reto no consiste en prohibir estas tecnologías, sino en fortalecer las capacidades humanas que permiten utilizarlas de manera responsable: pensamiento crítico, autonomía, comunicación, capacidad de verificar información y manejo de las emociones.
“La pregunta de fondo no es cuánto saben nuestros estudiantes de matemáticas o ciencias, sino si los estamos preparando realmente para vivir, decidir, relacionarse y trabajar en el mundo que ya existe”, señaló Hernández Martínez.
¿Qué tan extendido está el uso de inteligencia artificial en la educación?
Un informe de Coursera publicado en 2026 muestra la velocidad con la que la IA está entrando en la educación superior. La investigación, realizada entre más de 4.200 estudiantes y docentes de Estados Unidos, Reino Unido, India, Arabia Saudita y México, encontró que más del 95 % de los encuestados utiliza herramientas de IA en contextos educativos.
Sin embargo, la preparación no avanza al mismo ritmo. Solo el 25 % de los docentes consultados considera que ellos y sus colegas cuentan con las habilidades necesarias para aprovechar la IA, mientras que el 52 % considera que el sistema de educación superior de su país no está preparado para manejarla.
El informe también encontró que apenas el 26 % de las instituciones encuestadas cuenta con una política formal para regular el uso de inteligencia artificial.
Estos datos no corresponden exclusivamente a Colombia, pero muestran una brecha internacional entre la velocidad de adopción de la tecnología y la capacidad institucional y docente para acompañarla.
¿Qué deberían aprender los estudiantes en la era de la IA?
Para Hernández Martínez, la respuesta no pasa por llenar los planes de estudio con nuevas materias, sino por cambiar el propósito del aprendizaje.
Su propuesta parte de tres acciones frente a la IA: pensar antes de preguntar, verificar las respuestas obtenidas y mantener la responsabilidad sobre aquello que se produce.
En otras palabras, utilizar una herramienta de inteligencia artificial no debería significar delegarle el proceso de razonamiento al estudiante.
El desafío estaría en conseguir que los alumnos sean capaces de utilizar la tecnología como apoyo, pero con criterio suficiente para identificar errores, cuestionar resultados, contrastar información y tomar decisiones.
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¿Por qué la educación debería prestar más atención a las finanzas?
Uno de los campos que la experta considera fundamentales es la educación financiera.
La propuesta apunta a que conceptos como ahorro, crédito, riesgo, intereses y toma de decisiones financieras se incorporen desde etapas tempranas, antes de que los jóvenes comiencen a adquirir obligaciones financieras.
La OCDE publicó en enero de 2026 una nueva edición de su OECD/INFE Toolkit for Measuring Financial Literacy, Inclusion and Well-Being, que incorpora dimensiones como conocimientos, comportamientos y actitudes financieras, además de alfabetización financiera digital.
La idea, en este contexto, es que los estudiantes no solo conozcan conceptos financieros, sino que puedan utilizarlos para tomar decisiones en situaciones reales.

María Ruth Hernández Martínez, experta en IA aplicada a la educación. Crédito: imagen suministrada.
¿Qué tiene que ver la salud mental con la educación?
Otro de los ejes planteados es el bienestar emocional de los estudiantes.
La OCDE publicó en abril de 2026 su informe Child, Adolescent and Youth Mental Health in the 21st Century, en el que advierte que la salud mental de niños, adolescentes y jóvenes se ha deteriorado durante la última década en la mayoría de los países analizados.
El organismo señala que este deterioro está relacionado con múltiples factores que se superponen, entre ellos la digitalización, las redes sociales, la presión académica, la inseguridad económica, el acoso y otras situaciones sociales.
Ante este panorama, la educación emocional no debería ser considerada un elemento secundario. La OCDE plantea fortalecer el aprendizaje social y emocional, la alfabetización en salud mental y las estrategias de prevención dentro de los entornos educativos.
Para la experta, habilidades como la autorregulación, la flexibilidad cognitiva y el manejo de la frustración son fundamentales para que los estudiantes puedan aprender y desenvolverse en escenarios cada vez más complejos.
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¿Por qué la comunicación será clave en la educación?
El tercer componente planteado por Hernández Martínez es la comunicación.
La experta considera que el conocimiento pierde buena parte de su valor cuando una persona no puede explicarlo, defender una idea, escuchar a quien piensa diferente o adaptar su mensaje a distintas situaciones.
Por eso, plantea que la educación debe preparar a los estudiantes no solamente para responder preguntas, sino también para resolver problemas, argumentar, negociar y comunicarse en escenarios de incertidumbre.
La llegada de la IA incluso aumenta la importancia de estas capacidades: cuando una herramienta puede generar rápidamente un texto, una respuesta o una propuesta, las habilidades humanas para evaluar, contextualizar y comunicar esos contenidos adquieren un peso mayor.
¿Está cambiando la forma de medir lo que aprende un estudiante?
La discusión de fondo, según Hernández Martínez, también obliga a revisar qué se entiende por aprendizaje.
“Durante décadas organizamos la educación alrededor de lo que una persona debía saber. Hoy también debemos preguntarnos qué debe ser capaz de hacer con aquello que sabe”, sostuvo.
El planteamiento propone pasar de una educación concentrada exclusivamente en la acumulación de conocimientos a otra que también valore la capacidad de aplicar esos conocimientos en situaciones reales.
En ese escenario, la inteligencia artificial no necesariamente aparece como el enemigo de las aulas, sino como una tecnología que obliga a replantear qué tareas deben seguir dependiendo del razonamiento humano y qué nuevas habilidades necesitan desarrollar estudiantes y docentes.
El desafío para las instituciones educativas será, entonces, aprovechar las herramientas tecnológicas sin perder de vista aquello que ninguna tecnología puede sustituir por sí sola: el criterio para decidir, la responsabilidad sobre las propias acciones, la capacidad de relacionarse con otros y la habilidad para enfrentar problemas reales.

