Colombia es conocido como "el país de los páramos" porque alberga aproximadamente el 50% de los páramos del mundo, ecosistemas de alta montaña que son esenciales para el ciclo hidrológico y la biodiversidad.En lo más alto de Boyacá, entre seis municipios; Viracachá, Ciénega, Ramiriquí, Tibaná, Chinavita y Garagoa, se esconde un tesoro natural que no goza de gran reconocimiento: el páramo Bijagual.Frailejones en el páramo de Bijagual, un ecosistema vital que resguarda el agua. Foto: CorpoboyacáEste destino es ideal para quienes buscan respirar aire puro, desconectarse del ruido de las grandes ciudades y reencontrarse con la naturaleza, ofrece paisajes únicos adornados con cascadas, frailejones y senderos que invitan al turismo consciente.Aún lejos del turismo masivo, es perfecto para caminatas tranquilas y experiencias de conexión con el entorno en su estado más puro.(Vea también: Así nació el primer Parque Nacional Natural de Colombia)De acuerdo con la cartilla ‘Boyacá diversa. Un recorrido de la alta montaña a las tierras bajas’, en el páramo de Bijagual se reconocen 166 especies entre ellas cinco de anfibios, 41 de aves, 11 de insectos, 17 de mamíferos, una de peces, 86 de plantas y cinco de reptiles.De las plantas se destaca al frailejón y el gaque, su importancia radica en su capacidad para limpiar el aire; y de la fauna el ave pichona, el lagarto verde y el sapo pintado.Cómo visitar el páramoEste ecosistema hace parte del complejo de páramos Tota-Bijagual-Mamapacha, una de las principales fuentes hídricas del departamento de Boyacá. Para conocerlo de forma segura y responsable, se recomienda contactar a operadores turísticos locales.También puede comunicarse directamente con la Corporación Autónoma Regional de Boyacá (Corpoboyacá), entidad que brinda orientación sobre las rutas disponibles, permisos necesarios para el ingreso y servicios turísticos autorizados.Uno de los senderos más recomendados es ‘El Jucual, la maravilla de Mamapacha’, ubicado en el municipio de Garagoa. Este recorrido, tiene una duración aproximada de tres horas en medio de la flora nativa y el aire puro, y permite a los visitantes conectarse con la riqueza natural del páramo.