La odisea de las modelos en Colombiamoda: ¿es un sueño o una pesadilla?
Una modelo narró el complejo proceso que muchos desconocen para lograr pisar una pasarela en Colombiamoda, evento que se realiza en Medellín.

Muchos ven el glamour, las luces y los aplausos, pero pocos imaginan lo que hay que sufrir detrás de las cortinas. Ser modelo en Colombiamoda no es solo desfilar con elegancia; es una prueba de resistencia física, mental y emocional que empieza mucho antes de pisar la pasarela.
La modelo Sofía Ossa narró en su cuenta de Instagram como es vivir este sueño, pasando primero por una ‘pesadilla’. Todo arranca con el primer gran filtro: lograr que la agencia preseleccione a la modelo y ahí, pueda viajar a Medellín.
¿Todo el proceso le asegura un cupo en los desfiles de Colombiamoda?
Al llegar, la paciencia se convierte en la mejor aliada y, a la vez, en el mayor desafío. Se presenta con su composite (perfil) y se prepara para lo inevitable: hacer filas interminables de hasta dos horas sobre unos tacones altos y demoledores.
La tensión en el aire se siente. Las preguntas de si valdrá la pena todo ese proceso, a sabiendas perfectamente que la respuesta puede ser un rotundo ‘no’, es una posibilidad, Aun así, toca mantener la postura y seguir intentándolo hasta el último día, muchas veces, sobre el frío suelo mientras espera un incierto llamado.
El esfuerzo de toda una jornada puede esfumarse en segundos, y el rechazo, aunque duele, es superado por la pasión de lograrlo.
¿Y si es seleccionada, qué viene después?
Y si tiene la inmensa fortuna de quedar seleccionada, la verdadera carrera contra el reloj apenas comienza. Viene el fitting, donde cada prenda debe ajustar a la perfección. Una vez aprobado el vestuario, llega la foto oficial y de una a los ensayos.
Ahí, las coreografías se repiten una y otra vez, milímetro a milímetro, hasta que la perfección sea una exigencia cumplida.
La noche previa al gran día apenas se duerme. Los nervios y la adrenalina no dan oportunidad a un descanso adecuado. Hay que madrugar muchísimo para entrar en la vorágine del maquillaje y el peinado.
Cuando los estilistas dan el visto bueno, el backstage se vuelve un torbellino organizado donde debe estar más alineado que un desfile militar y en solo 20 minutos, prendas, fotos y últimos retoques son el pasaporte a la ‘fama’.
Un último respiro se convierte en el mejor ejercicio para dejar atrás lo que se creía imposible. Cortinas abiertas y es ahí, justo en ese momento, cuando todo cobra sentido.
