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La militancia de izquierda: ¡qué decepción!

Mi postura humana e ideológica me permite hacer la siguiente reflexión.

Waldir Ochoa
Waldir OchoaComunicador. Especialista en Estudios Políticos. Premio Simón Bolívar de Periodismo y Rey de España de Periodismo.
18 JUN 2026 - 10:18Actualizado: 18 JUN 2026 - 15:19

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Tengo un dolor. Y en esta campaña presidencial, hay que admitirlo, se me ha convertido en un resentimiento. Ideológicamente soy de centro izquierda. He participado en gobiernos de esa línea: defensa de la vida, respeto de los DD.HH., de las minorías, trabajo por la equidad y la dignidad humana y participación ciudadana. También he trabajado con amigos de izquierda. Con uno de ellos sacamos adelante una estrategia denominada Antioquia Solidaria en plena pandemia del COVID-19. Así que mi postura humana e ideológica me permite hacer la siguiente reflexión.

Siempre pensé que Gustavo Petro era un hombre inconveniente para la izquierda. Y por eso nunca voté por él. Era la peor opción por dos razones: nadie que se pare desde la postura psicológica de víctima (triángulo dramático de Karpman) puede liderar ni dirigir nada, porque el que actúa en ese rol nunca se hace responsable de sus actos y culpa a los demás de su incapacidad. No puedes entregarle a una persona con esa patología una tarea de tal envergadura como dirigir un país, ni siquiera puedes entregarle un puesto de confites porque lo quebrará y te culpará.  Y dos, había sido un pésimo alcalde de Bogotá. Petro confirmó todos mis prejuicios.

Pero la que sí ha sido mi más grande y profunda decepción es la militancia de izquierda en estos cuatro años del primer gobierno progresista en el siglo XXI. Esos militantes que, durante años, desde sectores académicos, sociales, culturales, políticos luchaban en este país contra la violencia armada, denunciaban las alianzas entre los grupos políticos y criminales, estaban en contra de las más profundas desigualdades sociales y en contra de la corrupción y de los abusos del gobierno. Creí que sus luchas eran genuinas. Hasta ahora.

Pero la que sí ha sido mi más grande y profunda decepción es la militancia de izquierda en estos cuatro años del primer gobierno progresista en el siglo XXI.

Hoy, con pocas excepciones, esa militancia que consideraba seria y coherente ha callado y tolerado los ya incontables desafueros de Petro, sus abusos de poder, su corrupción, sus alianzas con políticos cercanos a la criminalidad y los miles de muertos que viene dejando su política fallida de “paz total” y su destrucción alevosa del sistema de salud.

La militancia ya no dice “Nos están matando!” justo cuando las masacres han crecido en Colombia (400 van ya entre 2022 y lo que va de 2026 según Indepaz); cuando hemos visto subir de nuevo la tasa de homicidios (de 25,3 casos por cada 100.000 habitantes en 2024 a 25,8 en 2025); cuando el desplazamiento forzado aumentó 85 % en 2025, según la ONU y cuando los grupos criminales se han vigorizado y producen más muertes, como hace un par de semanas en uno de los enfrentamientos entre hombres de “Mordisco” y “Calarcá”, con un saldo de 48 personas muertas, 11 de ellas niños. Solo ha habido un conveniente silencio. De hecho, hoy miran hacia otro lado. Hace poco increpé en la red social X a un defensor de DD.HH. de la Universidad de Antioquia, a quien admiraba mucho, porque hoy de manera selectiva solo habla de los muertos en Gaza y de Donald Trump (también inadmisibles), pero sobre los miles de desplazados en Catatumbo, Chocó, Cauca, las masacres y la laxitud de Petro con la delincuencia organizada representada en el “Tarimazo de la Alpujarra” en Medellín poco o nada dice ya. Su respuesta fue llamarme, al mejor estilo de un bodeguero, “fascista”, como si yo tuviera que estar de acuerdo con los abusos del petrismo. En eso se han convertido muchos de estos militantes de izquierda que deberían seguir defendiendo la vida, la democracia, la transparencia con vehemencia, sin importar la ideología política.

Pero, además, esa militancia se ha mostrado complaciente con Petro ante su misoginia, su desprecio por las minorías, sus ataques a la prensa y su vergonzosa participación en política. Y estos militantes, que se dicen inteligentes, afirman que votarán por Cepeda, porque el adversario no respeta la institucionalidad, cuando el propio Cepeda tardó ocho días en reconocer los resultados electorales, se lucra de un gobierno corrupto que usa los recursos públicos y hace campaña abiertamente en favor de él, los grupos criminales están obligando a votar por él y ha promovido una Constituyente que, aunque lo niegue, sigue ahí en la gaveta ideológica.

(...) esa militancia se ha mostrado complaciente con Petro ante su misoginia, su desprecio por las minorías, sus ataques a la prensa y su vergonzosa participación en política.

Y llegué entonces a una conclusión terrible: a esa militancia lo que menos le interesaba era luchar contra la violencia, la desigualdad, los abusos de poder y la corrupción. Su interés real era usar todos esos males para imponer su narrativa. Porque todos esos males existen en cuanto sea obra de sus enemigos (la derecha, los “fascistas”, los “nazis” y demás epítetos) pero si es el resultado de un gobierno de ellos no existe ni se nombra. Esa superioridad moral que mostraron durante tantos años, que tenía sentido porque nunca había gobernado uno de los suyos, es hoy un espejo roto en mil pedazos. Y todo es excusable en los suyos mientras el “fascismo” (su palabra favorita) no llegue al poder ni se los quite, como los estamos viendo en esta segunda vuelta presidencial.

No comprendo tal nivel de incoherencia humana e intelectual. Y no he podido con esta militancia de izquierda y su hemiplejía. Me ha sobrepasado, tengo que admitirlo. Por eso lo que decía un mensaje de una cuenta de humor en X @mitiatere me representa hoy ante esta elección presidencial y de manera seria: “No me jodan con que “tengo que estar del lado correcto de la historia” ni con que la “neutralidad es complicidad” Mañosos manipuladores. Asuman su caos”. Y aunque es impredecible el resultado electoral del domingo, yo agregaría: empiecen por recobrar el criterio, la coherencia y la capacidad de autocrítica con este gobierno de izquierda, si quieren que la izquierda vuelva a ser una opción confiable de poder, porque hoy no lo es, también por su silencio y su irresponsabilidad. No culpen al Centro si pierden. Si pierden es por ustedes que toleraron todos los abusos de Petro. Y en cuanto al resultado del domingo, la verdad es que, con ambos candidatos, ya perdimos todos.

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