Entrevista | Orión vuelve casa y la humanidad regresa a la Luna para quedarse
Minuto60 habló con Ted Huetter,, miembro del Museo de Vuelo de Seattle, EE. UU. quien nos hizo un viaje por la Luna para conocer la expedición.

Si existe un punto de encuentro entre todos los seres humanos, sin importar la nacionalidad, la cultura o el idioma, es que todos miramos al cielo y contemplamos la misma luna. Esa que genuinamente ‘regalamos’ sin poseer, como una promesa que trasciende en el tiempo y espacio. Un punto de encuentro que, en cada misión de exploración logra que el mundo hable en unidad, como pocas veces en la historia sucede.
Hoy culmina la misión Artemis II, marcando un nuevo hito: por primera vez en más de medio siglo el ser humano entró a la órbita lunar, alcanzando el punto más alejado de la tierra al que no se había llegado nunca antes. Capturando imágenes inéditas del único satélite natural de la Tierra logradas con la nave Orión y su tripulación de tres estadounidenses y un canadiense, la primera mujer y el primer afroamericano.
Durante diez días, los ojos del mundo volvieron a mirar una vez más hacia el espacio con ilusión. Diez días en los que volvimos a soñar, a creer y a pensar en el futuro que hay allá afuera.
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Orion vuelve a la Tierra y el mundo vuelve a mirar al espacio
Hoy la misión Artemis II entró en su fase final, la más crítica y más importante: el regreso a la Tierra de la cápsula Orión con su tripulación. El amerizaje está previsto hacia las 7:00 p. m. (hora Colombia), repitiendo la histórica maniobra del programa Apolo, con descenso en paracaídas sobre el Océano Pacífico.
Tras recorrer más de 400 mil kilómetros y rodear la Luna, la cápsula espacial se prepara para la prueba de fuego, en términos reales. Un reingreso extremo a la Tierra, con una caída a más de 40.000 kilómetros por hora, lo que genera temperaturas de hasta 2.700 grados centígrados en su superficie.
La cápsula Orión atravesará la atmósfera envuelta en una bola de fuego, respectivamente. Para soportar estas condiciones el escudo térmico de la nave está construido con una estructura que combina una base de materiales resistentes como fibra de carbono y titanio, junto a un sistema tipo panal, compuesto por cientos de miles de celdas rellenas de material ablativo.
Este diseño permite que el interior de la nave mantenga condiciones seguras para la tripulación hasta llegar a su amerizaje frente a la costa de San Diego, California, donde la Armada de Estados Unidos y un equipo médico especializado de la NASA completarán la recuperación de la nave y atenderán el estado de salud de los cuatro tripulantes.
Mientras millones de personas aguardan expectantes su llegada, Minuto60 se trasladó hasta Seattle, al Museo del Vuelo (The Museum of Flight), el museo privado de aire y espacio más grande del mundo, con una colección de más de 175 aeronaves y naves espaciales. Allí se encuentra una galería con piezas originales de las misiones del Programa Apolo y una colección que relata la historia de los alunizajes exitosos, incluyendo la famosa Misión Apolo 11.
En diálogo con Ted Huetter, director de relaciones públicas y promociones del museo, conocimos detalles profundos de este regreso de la humanidad a la Luna.
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¿Cuál es el principal aprendizaje de esta nueva misión espacial?
Creo que lo que más aprendemos de una misión como Artemis II es que, por primera vez en varias generaciones, estamos llevando personas lejos de la Tierra. Las personas van a rodear la Luna, y lo veremos a través de sus ojos, sus emociones y su manera de observar, algo que nuestras naves robóticas no pueden hacer.
Ese toque humano es lo que creo que marcará la diferencia para muchas personas. También significa el comienzo de lo que podría ser nuestro próximo gran paso lejos del planeta Tierra como humanidad.
¿Cómo refleja la misión Artemis II un modelo de cooperación internacional más amplio en comparación al Programa Apolo liderado únicamente por la NASA?
Esa es probablemente una gran diferencia si quisieras comparar la actualidad con el programa Apolo. En el programa Apolo, todo lo que se usaba para ir y volver era prácticamente 100% fabricado en Estados Unidos, con tripulaciones estadounidenses, además de ser todos hombres.
La misión Artemis II es muy diferente en ese sentido. Tienes una tripulación internacional: tres estadounidenses y un astronauta canadiense a bordo. También está la primera mujer que viajará alrededor de la Luna. Además, hay un hombre afroamericano, el primero en volar alrededor de la Luna.
Parte de la nave Artemis, el módulo de servicio, está fabricado por la European Space Agency, es decir, es un componente europeo fundamental para la misión. Así que es un esfuerzo verdaderamente internacional, a diferencia del programa Apolo, que era principalmente un esfuerzo nacional.
Durante el reintegro de Orión a la atmósfera terrestre, ¿cómo se regula la nave de las altas temperaturas alcanzadas por los gases?
Si hablamos de las temperaturas extremas que enfrenta la nave al regresar de la Luna, esta viaja a más de veinte mil millas por hora (una velocidad extremadamente alta). Al entrar en la atmósfera, se calienta muchísimo, alcanzando en algunas partes temperaturas tan altas como las del Sol, estamos hablando de unos cinco mil grados.
Y a solo unos centímetros de esa superficie, hay cuatro personas dentro de una cápsula como esta.
Entonces, ¿cómo se maneja ese calor? La parte inferior de la cápsula tiene un material especial que absorbe el calor mientras se va quemando. Es la misma tecnología que se usaba en las cápsulas del programa Apolo. A medida que absorbe el calor, lo disipa, permitiendo que dentro de la cápsula se mantenga una temperatura normal, como si no estuvieran pasando por ese entorno extremo.
La cápsula Orión utiliza una tecnología similar a la misión Apolo 11, pero más moderna y mejorada. Sin embargo, la idea es la misma: absorber el calor y disipar sin que se transfiera al interior.
¿Cuál es el mensaje que recibe el mundo con la misión Artemis II?
En el programa Apolo fuimos, hicimos algunas cosas y… no hemos regresado en más de cincuenta años. Esta misión representa el inicio de volver y quedarnos allí.
Es algo completamente diferente. La gente hoy puede verlo y pensar: “Tal vez ahí es donde estaré cuando crezca”, o donde estarán sus hijos o nietos. Recordarán esto como el inicio de cuando fuimos a Marte, quizás. Está conectando el futuro de una manera que otros programas espaciales no han logrado en generaciones.
Esto es el comienzo de lo que podría ser una presencia más o menos permanente de humanos fuera de la Tierra. Vamos a regresar, establecer una base, y otros países también lo harán. Esto es solo el principio.
Eventualmente iremos de la Luna a Marte. Y quién sabe qué pasará cuando lleguemos allí. Pero creo que uno de los mayores recordatorios, cada vez que las personas se alejan tanto de la Tierra, es que miran hacia atrás y se dan cuenta de que vivimos en un paraíso.
Porque cuando sales de este planeta, todo lo que te rodea es hostil. No puedes respirar allá afuera. No hay vida que nos ayude. Estamos solos en un lugar muy difícil incluso para sobrevivir.
Así que mirar la Tierra desde lejos nos da una perspectiva de lo importante y lo valiosa que es. Necesitamos cuidar nuestro planeta y aprender a convivir mejor en él, porque es todo lo que tenemos.
Y parece que cada vez que lo dejamos, ese mensaje se vuelve aún más importante para quienes tienen esa vista.
La nave Orión regresa este viernes a casa, trayendo consigo algo más que a sus cuatro tripulantes, trae la esperanza de millones, el esfuerzo de cientos de mentes y un triunfo para la humanidad entera. El cambio ya se está dando, el hombre llevó luz a donde no había, encendió la llama de ir a conocer lo desconocido y vivir más allá de la tierra.
