Asesinó a su mamá, se vistió como ella y usó IA para despistar a la policía: el caso que conmociona a Ecuador
Como si se tratara de una retorcida serie de Netflix, una mujer que ya habría intentado matar a un amigo, acabó con su propia madre.

Hay lugares que, a fuerza de ser tranquilos, terminan por gritar su horror. Sauces 9, en Guayaquil, Ecuador, es uno de esos. Es un barrio de casas repetidas, calles de rutina, donde no suele ocurrir nada extraordinario.
Sin embargo, el horror estalló de repente en la intimidad de un hogar, y ese horror tenía nombre: Andreína Lamota, de 32 años. Aunque aún no hay sentencia judicial sobre ella, de su propia boca salió una confesión que dejó aturdidos a los policías que la escucharon. “Yo lo hice”. Y lo hizo, según el coronel Galo Muñoz, jefe de la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida (Dinased), porque no le prestó 6.000 dólares.
La víctima, Martha Cecilia Solís Cruz, 60 años, abogada respetada, madre, cimiento de una familia, terminó su vida a manos de su propia hija. Es un dato brutal, seco, que debe exponerse sin adornos. El hecho es un matricidio, pero no basta con esa etiqueta.
El caso no es solo un cadáver desmembrado y embutido en una lavadora -como si eso fuera poco-, sino una compleja geografía de la maldad: un itinerario de violencia que la hija venía recorriendo mucho antes de la noche fatal del 16 de octubre de 2025, cuando fue hallado el cuerpo sin vida de su madre justo en el momento en que estaba en una estación de policía denunciando su desaparición.

Ella era Martha Cecilia Solís, la abogada que fue víctima de homicidio en su propia casa en Guayaquil, Ecuador. Archivo particular
¿Otro intento de asesinato?
Mirar hacia atrás permite encontrar los puntos ciegos de esta historia. En el pasado reciente de Andreína Lamota aparece un dato escalofriante. El crimen contra su madre no fue un debut, sino una repetición con mejor puntería. Fuentes judiciales señalan un episodio anterior, un intento de asesinato contra un compañero de trabajo.
Se trataba de un amigo de oficina. No era un enemigo jurado ni un rival íntimo, sino alguien con quien compartía la rutina diaria y laboral. Ese detalle retrata un alma dañada. En ese intento frustrado le sirvió un jugo de naranja con algún tipo de droga, él lo tomó y pronto perdió los sentidos, pero no su vida gracias a que pocos minutos después, y por coincidencia, su novia llegó al lugar y se lo llevó.
La denuncia del joven sobreviviente recorre los medios de comunicación de Ecuador que ven en su testimonio el rastro de una mujer que, para el psicólogo Gabriel Ordóñez, exdirector nacional de Salud Mental de Ecuador, sufre de un Transtorno de Personalidad Antisocial con componentes narcisistas y psicopáticos.
La violencia de Lamota deja de ser un drama familiar y se convierte en un problema social: el retrato de una persona capaz de elegir la violencia como quien elige un plato en un menú, sin mayor remordimiento que el de la posible captura.

La casa del barrio Sauces 9 donde apareció sin vida la abogada Martha Solís. Archivo particular
El rastro digital
Tras el asesinato, la fugitiva buscó la invisibilidad. Pero en el siglo XXI, el anonimato es un lujo que solo se permite a los muertos o a los santos. Andreína Lamota intentó desaparecer, mezclarse en la inmensidad de Guayaquil, pero su rastro no estaba en las calles, sino en los servidores. La clave de su captura fue un alquiler a través de la plataforma Airbnb.
Una ironía moderna, el mecanismo diseñado para la comodidad turística se convirtió en el eslabón de su condena. Una geolocalización, una transacción bancaria, la huella digital de un check-in desesperado. La justicia no necesitó un confidente ni un delator: bastó la trazabilidad de una aplicación. La tecnología desenmascaró la farsa de la fuga.
Así fue. Lamota alquiló un Airbnb un día después de la desaparición de su madre y se puso su ropa. Caminó por las calles aledañas y las cámaras de seguridad la grabaron; ella creía que de esa forma los investigadores pensarían que Martha seguía con vida.
“Cuando verificamos que había alquilado una habitación de una casa por un solo día, sabiendo que tenía su propia casa, supimos que algo no encajaba. A esa casa llegó vestida como su madre y salió con su propia ropa. Lo hizo para despistar”, confesó al diario local EXTRA el coronel Muñoz.
Pero disfrazarse de su víctima no fue el único intento de Andreína de burlar la justicia. Mintió a los agentes diciendo que su madre tuvo recientemente problemas con unos extorsionistas y, usando inteligencia artificial, recreo la voz de Martha y fingió un video. Todo esto retrasó las pericias, pero solo algunos días.

Ella es Andreína Lamota, sospechosa de asesinar y desmembrar a su mamá en Guayaquil, Ecuador. Archivo particular
Su mejor amiga desaparecida
A medida que el caso se esclarece, surgen capas propias de la más retorcida serie de Netflix que van más allá del homicidio. La vida de Andreína Lamota no solo estaba marcada por un intento de asesinato y un matricidio, sino también por una oscura trama de robos y secuestros. Según las investigaciones, operaba en el submundo de la delincuencia con fines de lucro, mientras aparentaba ser una mujer normal.
Pero quizá el enigma más punzante, el que da a esta historia un tinte de desasosiego profundo, es la desaparición de su mejor amiga. La mejor amiga: ese testigo íntimo, espejo de confidencias y cómplice de quien no se supo más desde el 8 de enero de 2022, cuando entró a la casa de Lamota para pasar la noche allí, como lo había hecho tantas veces.
“Señor fiscal, el día viernes 7 de enero de 2022, aproximadamente a las 19:30, fuimos a dejar a mi hija Jennifer a la casa de una amiga, Andreína Lamota, ubicada en el bloque 2 de Sauces 9, en el norte de Guayaquil. Al otro día, alrededor de las 12:00, Jennifer me escribió para decirme que iba a Salitre, porque la habían llamado del trabajo, y que se trasladaba con un amigo cuyos nombres desconozco", se lee en la denuncia que puso la mamá de la joven desaparecida en ese tiempo.
¿Dónde está Jennifer Juliana Banguera Cornejo? A poco de completar cuatro años sin saber nada, en la escena del crimen de Martha Cecilia Solís, los agentes encontraron dos pertenencias de la joven desaparecida.
“Nos llamó la atención que en la casa de Andreína se hallaron una tarjeta y una laptop con las características de las pertenencias de mi hija Jennifer. Esperamos que, con todo lo que ha pasado, las autoridades tomen cartas en el asunto. No sabemos qué ocurrió. Queremos que la justicia nos diga la verdad. Necesitamos saber de ella”, le rogó la madre a la policía este 23 de octubre cuando acudió a pedir que se investigue su caso.
#AHORA| #Guayas: #FiscalíaEc investiga la desaparición y #Asesinato de Martha S. C., tras el hallazgo de su cuerpo al interior de su departamento en el norte de #Guayaquil. Andreína L. S., hija de la víctima, fue detenida. Su situación jurídica se resolverá en las próximas horas. pic.twitter.com/oRJqpHl6Ov
— Fiscalía Ecuador (@FiscaliaEcuador) October 17, 2025
La desaparición de Jennifer proyecta una sombra más larga sobre el expediente, sugiriendo que la muerte de Martha Cecilia Solís Cruz fue solo la culminación visible de una cadena de tragedias invisibles. La familia Lamota Solís no solo perdió a una madre; la sociedad entera enfrenta el espejo de una brutalidad cotidiana, la que puede convivir en silencio al lado de un depredador.
El proceso judicial recién comienza. Y mientras los abogados preparan sus argumentos y los fiscales revisan las pruebas, Guayaquil se pregunta: ¿cuántas más ‘Andreínas’ caminan por las calles de la ciudad?
Por ahora, solo queda la certeza de que el mal, a veces, duerme en la habitación de al lado y se esconde detrás de un perfil de red social. La historia de Martha Cecilia Solís Cruz es la de una madre que no pudo sobrevivir a la verdad de su propia sangre.