'Lactar' y 'Susana y Elvira', cine colombiano que enciende la taquilla en las salas
Dos películas colombianas exploran la vida adulta con humor y drama, mientras ganan público en salas y festivales internacionales.

El cine colombiano vive un momento de expansión en el que dos historias muy distintas, pero conectadas por el mismo impulso de llegar a nuevas audiencias, están marcando conversación dentro y fuera del país. Por un lado, una película que explora los límites del deseo y la libertad en la madurez; por el otro, una comedia romántica que nació en internet y hoy da el salto definitivo a la pantalla grande.
(Le puede interesar: Cine al aire libre y gratis: así vuelve Cinemateca al Parque a Bogotá)
Ambas producciones reflejan cómo el cine nacional se mueve entre lo íntimo y lo popular, entre lo autoral y lo comercial, pero siempre con una misma apuesta: contar historias que conecten con el público desde lo emocional.
¿Qué está pasando con una mujer que decide desafiar todas las normas?
En la nueva película de Harold Trompetero, Lactar, la historia sigue creciendo en taquilla mientras empieza a proyectarse en escenarios internacionales.
Protagonizada por María Helena Döering, junto a Diego Trujillo y Julián Díaz, la película narra la vida de Victoria, una mujer de 62 años que desafía las expectativas sociales al enfrentar un embarazo tardío y, al mismo tiempo, redescubrir su deseo, su libertad y el sentido de su propia existencia.
La cinta ha logrado más de 20 mil espectadores en pocos días en salas colombianas, impulsada principalmente por el voz a voz y la conversación en redes sociales. Más allá de la cifra, lo que ha llamado la atención es la forma en que la historia abre debates sobre el cuerpo, la autonomía femenina, las tensiones familiares y el privilegio en la adultez.
Pero su recorrido no se queda en Colombia. La película inicia una gira internacional que incluye espacios culturales como el cine independiente 8ymedio en Quito, además de su participación en el Eurasia Kinofest en Sochi, Rusia, donde compartirá programación con producciones de distintos países y será presentada ante audiencias globales. En este recorrido, Döering también llevará la película a Turquía y otros escenarios europeos, consolidando una etapa de reconocimiento internacional para la producción.
¿Cómo una historia nacida en internet terminó en el cine?
En paralelo, otra producción colombiana también está viviendo su propio salto de formato. Se trata de Susana y Elvira: Sin plan b, dirigida por María Gamboa y producida por Púlsar Studios y Jaguar Byte, que llega a salas de cine como la evolución de un universo narrativo que comenzó en 2008 como un blog anónimo creado por María Fernanda Moreno y Marcela Peláez.
La película reúne nuevamente a Manuela González y Mabel Moreno, quienes interpretan a Susana y Elvira, dos mejores amigas que ahora, en la adultez, deben enfrentarse no solo a retos profesionales, sino también a la prueba más compleja de todas: mantener su amistad intacta.
La historia se desarrolla alrededor de un evento de alto nivel: Susana, wedding planner, debe organizar la boda de los cantantes del momento, mientras Elvira, mánager de la novia, intenta que todo salga perfecto. Entre decisiones logísticas, tensiones románticas y personajes que complican el camino, ambas descubren que el verdadero conflicto no está en el trabajo, sino en lo que han cambiado, o no, entre ellas con el paso del tiempo.
¿Qué dicen estas películas sobre el momento del cine colombiano?
Aunque muy distintas en género y tono, Lactar y Susana y Elvira: Sin plan b comparten un punto en común: ambas ponen el foco en personajes femeninos complejos, alejados de estereotipos simples, y construyen relatos donde la vida adulta no es un punto de llegada, sino un territorio en constante transformación.
Mientras una apuesta por el drama íntimo y la reflexión sobre el cuerpo y el deseo, la otra recurre al humor y la comedia romántica para hablar de la amistad, el amor y las expectativas sociales. Juntas, reflejan la diversidad del cine colombiano actual y su capacidad para dialogar tanto con festivales internacionales como con audiencias masivas.
En ese cruce entre lo emocional, lo cotidiano y lo universal, estas dos películas muestran que el cine nacional no solo está contando historias: también está ampliando la forma en que esas historias pueden ser vividas, compartidas y discutidas.
